Las Raíces de un Mundo Desconocido

capitulo 5

capitulo 5

Me levanté y seguí a Chil hasta el tercer piso.

Antes de llegar a la plataforma con los círculos y triángulos que todavía conseguía asustarme un poco, noté que en aquel piso había cuatro puertas.

Chil se dirigió hacia la primera.

La seguí y, cuando entramos, me quedé sorprendida.

Había varias estanterías, numerosas repisas y algo que parecía un escritorio. El cuarto era bastante grande y tenía el aspecto de una oficina.

Seguí observando.

Había documentos… muchos documentos. Sin embargo, todos estaban perfectamente organizados. Una ventana permitía que entrara una suave corriente de aire y las cortinas se movían lentamente.

El ambiente era tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Mientras miraba a mi alrededor, Chil se dirigió hacia uno de los estantes.

—¿Qué encontraste?

Me acerqué y abrí uno de los cajones.

Dentro había varios portafolios.

Chil señaló uno en particular.

Me quedé inmóvil al leer el nombre escrito en la portada:

Rubhy Charlote Mizarrept.

Sentí un escalofrío.

Ese era mi nombre completo.

Pero yo nunca se lo había dicho a nadie.

Miré a Chil y luego al portafolio.

¿Cómo saben mi nombre?

Lo abrí lentamente.

Dentro estaban mis datos.

La habitación en la que me encontraba, mi labor y otros datos personales. Todo estaba escrito de manera breve y resumida.

Era como si alguien hubiera preparado un expediente completo sobre mí.

¿Cuándo hicieron esto?

Sentí una extraña sensación.

Como si hubiera encontrado algo que no debía ver.

Cerré rápidamente el portafolio y lo guardé exactamente en el lugar donde estaba. Después cerré el cajón.

Me quedé unos segundos observándolo.

Será mejor no tocar nada más.

Continué mirando los demás documentos. Allí también había información sobre otros huéspedes, clientes y las actividades a las que se dedicaban.

Finalmente llegué a una conclusión.

Este cuarto debe ser una oficina donde registran a todos los huéspedes y clientes.

Era lógico. En un lugar tan grande, seguramente necesitaban llevar un registro de todas las personas que entraban y salían.

Dejé todo exactamente como lo había encontrado y salí junto a Chil.

Seguimos hacia la siguiente puerta.

La abrí.

Y me quedé con la boca abierta.

Había pantallas.

Muchas pantallas.

Demasiadas.

Al igual que los demás cuartos, aquel lugar era inmenso. Las pantallas mostraban prácticamente cada rincón de la cabaña: el tercer piso, las oficinas, el segundo y primer piso, e incluso los alrededores y la parte trasera del lugar.

También había diferentes dispositivos que parecían servir como un sistema de comunicación. Algunos tenían una especie de megafonía para poder comunicarse con las demás partes de la cabaña.

Entonces vi unas cajas que tenían un sello parecido al de la alarma y al de la plataforma que parecía un ascensor.

Solo había dos.

Una tenía un botón rojo.

La otra, uno azul.

Intenté abrirlas, pero no pude.

—¿Y esto para qué servirá?

Chil simplemente flotó a mi lado.

No parecía tener intención de responderme.

Seguí observando durante unos minutos hasta que finalmente decidí salir.

Nos dirigimos a las dos últimas puertas.

La primera tenía algo escrito:

Coinner.

Intenté abrirla, pero no me dejaba entrar.

—Supongo que esta debe ser la habitación de Coinner.

Chil se movió ligeramente, como si estuviera de acuerdo.

Así que nos dirigimos hacia la última puerta.

La abrí.

Y entonces…

Me quedé completamente quieta.

La habitación era completamente blanca.

No había muebles.

No había objetos.

Nada.

Solo una ventana.

Me acerqué lentamente y miré a través de ella.

Al otro lado podía verse un lago de color esmeralda y azul. Su agua se movía suavemente y la arena que lo rodeaba también era completamente blanca.

Pero había algo extraño.

Todo parecía estar suspendido en un vacío.

Las paredes eran blancas.

El piso era blanco.

El techo era blanco.

La ventana era blanca.

Incluso la arena alrededor del lago parecía extenderse hacia un espacio infinito.

Sentí un escalofrío.

Era como si aquel lugar no perteneciera al mismo mundo.

Por un momento tuve la sensación de que, si cerraba la puerta, quizá nunca volvería a encontrarla.

—No… esto es demasiado extraño.

Retrocedí lentamente.

Salí de la habitación junto a Chil y cerré la puerta.

Necesitaba alejarme de allí.

Sentía como si estuviera empezando a perder la cabeza.

Además, no se escuchaba absolutamente nada.

Lo único que había podido oír era el suave sonido del lago agitando sus aguas.

Respiré profundamente y decidí dejar atrás lo que acababa de experimentar.

—Vamos, Chil.

Seguimos adelante.

Bajamos las escaleras hasta llegar al segundo piso.

Cuando llegamos, descubrí otro espacio gigantesco.

El lugar estaba dividido en diferentes sectores.

Había una piscina, un sauna, un río e incluso un espacio destinado para hacer ejercicio.

Todo parecía estar diseñado para que cualquiera pudiera relajarse.

Me acerqué a la piscina y pasé una mano por el agua.

Estaba fría.

Después fui hasta el río.

El sonido del agua era completamente diferente.

Era tranquilo y relajante.

Me quedé escuchándolo durante unos segundos.

—Como que todo está diseñado para relajarse, ¿no crees, Chil?

Chil comenzó a agitarse en el aire.

Lo interpreté como un sí.

—Jeje.

Después de observar un poco más, finalmente bajamos al primer piso.

Allí encontramos a Coinner.

Cuando me vio, sonrió.

—¿Qué tal? Es grande, ¿no? Ya es mediodía, así que podría decirse que te pasaste toda la mañana mirando todo con curiosidad.



#1745 en Fantasía
#2043 en Otros
#157 en Aventura

En el texto hay: magia, jacaranda, rubhy

Editado: 15.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.