CAPITULO 6
Almorcé y después regresé a mi habitación.
Me quedé un buen rato mirando el techo, pensando en todo lo que había ocurrido desde que llegué a aquel extraño lugar.
Finalmente me levanté, busqué una hoja y un lápiz y comencé a escribir un resumen de todo lo que había hecho hasta ese momento. Incluso anoté lo del árbol que me había tragado.
En pocas palabras:
Había conocido a Stayler y a Coinner.
Había experimentado escenas muy extrañas.
Ahora tenía un pequeño compañero llamado Chil.
Vivía en una habitación que parecía más una casa de dos pisos.
Y, además, iba a aprender magia.
Dejé el lápiz sobre la hoja y suspiré.
—Uff…
Miré hacia la ventana.
Quiero regresar a mi casa…
Quiero volver a mi huerta y a mi vida tranquila.
Pero, al mismo tiempo, había algo dentro de mí que no quería marcharse.
Aunque… siento que estoy bien aquí.
Es como si una parte de mí quisiera quedarse.
Me quedé mirando la hoja.
Tal vez esa vida no era la mej…
Tiiin, tiiiin.
El sonido de la alarma interrumpió mis pensamientos.
Miré la hora.
—Eh… ya son las 2:00. Voy a bajar. Vamos, Chil.
Chil comenzó a flotar rápidamente a mi lado.
Bajamos a toda prisa y, cuando llegamos al primer piso, Stayler ya estaba allí.
Estaba sentado, esperándome.
Me miró fijamente.
—Llegas tarde.
—¿Qué?
Señaló un reloj cercano.
—Son las 2:02. La puntualidad es lo primordial.
Su expresión era completamente seria.
—Perdón… no se volverá a repetir. Pero solo fueron dos minutos.
Stayler me miró sin cambiar su expresión.
—En dos minutos se puede hacer mucho.
Me quedé callada.
Entonces, después de unos segundos, su expresión seria desapareció y volvió a mostrar aquella sonrisa alegre y arrogante que ya comenzaba a conocer.
—Bueno, vamos a empezar.
Se acomodó y comenzó a explicarme.
—Primero, nos encontramos en Ebonia, un lugar grande construido sobre piedras negras, perfectas para hacer portales como el que atravesamos la vez pasada. También es una región importante para el comercio, el transporte y la exportación de mercancías.
—Ok.
Stayler continuó.
—Ahora, para que entiendas mejor este lugar, tienes que conocer los rangos del reino.
—¿Rangos? —pregunté, un poco confundida.
—Sí. Primero está el rey o la reina, que son quienes gobiernan todo el reino. Después está la familia real, como los príncipes y las princesas.
—Entonces ellos son los que tienen más poder.
—Exactamente. Debajo de ellos están los nobles. El rango más alto es el duque, seguido por el marqués, el conde, el vizconde y el barón. Mientras más alto sea el rango, normalmente más tierras, riquezas e influencia tiene.
—Vaya… son bastantes rangos.
—Y todavía falta otra parte. Están los caballeros, que son guerreros que sirven al rey o a los nobles. Se encargan de proteger los castillos, territorios y personas importantes.
—¿Y los que trabajan dentro de los castillos?
—Esos son los sirvientes y trabajadores. Cocineros, doncellas, criados, mozos de cuadra y muchos más. Cada uno tiene su propia función.
Me quedé pensando en todo lo que acababa de explicarme.
—Supongo que tendré que aprenderme todos esos rangos.
Stayler sonrió.
—No te preocupes. Con el tiempo te acostumbrarás. Solo recuerda quién está por encima de quién y, sobre todo, no ofendas a un noble de alto rango.
—Suena como los libros.
— Probablemente también deberías aprender sobre el sistema monetario de Ebonia. Aquí utilizamos monedas de cobre, plata y oro, y cada una tiene un valor diferente.
—¿“Probablemente”? Eso es lo primero que debo aprender.
—Sí, es verdad. Pero digo “probablemente” porque ni siquiera tienes plata.
Me miró con una expresión burlona.
—…
Lo miré en silencio.
Definitivamente disfruta demasiado recordándome que no tengo dinero
Editado: 15.09.2026