Las raices: umbra

capitulo 1

La leyenda dice que la gente con dones fue bendecida con la magia de la raíz

Mar

Cuando algo se pone de moda en la ciudad de Aurelis, los adolescentes no se dejan intimidar por lo que dicen en sus casas acerca de la hostilidad de la parte baja de la ciudad, conocida como Umbra. Este es el caso del grupo de amigos de Mar Arias, quienes ya llevan varias escapadas a las frías y oscuras calles de Umbra, incursiones en las que Mar se había negado a participar hasta ahora.

Sin embargo, algo cambió esa semana: su última semana en la escuela secundaria, a un paso de entrar en la Academia. Mar quiere empezar su proyecto, que consiste en formar un grupo de alumnos talentosos para la guardia del futuro rey, oliver Loria, a quien la familia de Mar le tiene mucho aprecio. Tanto su padre como su hermano mayor sirven a los reyes, y estos les han brindado grandes oportunidades, como la reciente adopción definitiva del hijo de Mael, su hermano mayor.

Max es un joven que vive con ellos desde que Mael, en un patrullaje por la parte baja de la ciudad, lo vio deambulando sin rumbo, demasiado desorientado para estar sobrio. Así fue como Mael lo llevó a casa, solo para darse cuenta de que el chico estaba muy borracho y que, seguramente, no pasaba de los trece años. Esa primera noche fue horrible para el niño; no dejaba que nadie se le acercara. Claramente, algo traumático le había sucedido, pues incluso en ese estado intentaba defenderse.

Al día siguiente no pronunció ni una sola palabra, ni siquiera se atrevía a preguntar dónde estaba. No obstante, al poco tiempo formó un vínculo fuerte con Mael, quien a los meses ya lo trataba como a un hijo. Ahora, con dieciocho años, él y Mar son como hermanos de la misma edad, siempre jugando junto a Luka Bonilla, su mejor amigo, quien ya se encuentra en la Academia siendo la mano derecha del futuro rey por ser un año mayor que ellos.

El hecho de que Max pudiera quedarse con la familia se debió a las conexiones de Mael con el príncipe, a quien cuida desde hace años (se podría decir que incluso más que sus propios padres). Por eso, cuando Mael presentó a los reyes el pedido de hacerse cargo del joven encontrado en "el basural" —como llama la gente rica al lado pobre de la ciudad—, estos se negaron al principio; pero oliver salió en su defensa, logrando convencerlos de que le otorgaran la custodia del niño.

Toda esta historia vivida de cerca es la razón por la que Mar quiere crear un programa de adaptación para personas del lado pobre del reino. Desea empezar con su proyecto ese mismo verano, antes de iniciar las clases en la prestigiosa Academia La Raíz. Su objetivo es demostrar que en Umbra existen futuros soldados fuertes, con un talento innato para servir en el ejército y proteger a su gente. Para ello, convenció a oliver, quien prometió hacerse cargo de cualquier problema que pudiera surgir; así fue como Mar obtuvo el permiso real.

Por esta razón, ahora está interesada en acompañar a sus amigos a la parte marginal de la ciudad, aunque con intenciones muy distintas a las de molestar a los locales. Ella es muy consciente de lo que van a hacer a ese lugar Lira y su séquito de admiradores. Lira es una chica cruel de palabras que se cree superior a los demás por poseer un "don".

Los dones son muy valiosos para la realeza, por lo que ella se envanece de poder usar la magia del agua para curar enfermos o para su defensa personal. Sin embargo, aunque no tiene tanta fuerza de ataque como otros con el mismo don, es arrogante y humilla a las jóvenes del "basural" por su vestimenta o su apariencia física >>una actitud que nace de su propia inseguridad<< pensó Mar.

Finalmente, Mar llega a la salida de la ciudad. Cruza una cerca vieja por donde el grupo se escabulle de la modernidad y comodidad de su hogar para adentrarse en los callejones estrechos y las casas amontonadas de los barrios más sucios que ha visto jamás. Es la primera vez que pisa este territorio hostil.

El aire en Umbra era pesado, cargado de un olor a metal oxidado y humedad que nada tenía que ver con las fragancias florales de la parte alta. Mientras el grupo avanzaba, las risas de Lira resonaban en las paredes de ladrillo descascarado, atrayendo miradas de resentimiento desde las sombras.

—Por esto te dije que trajeras tus peores prendas —le susurró Lira, pasando junto a ella para adelantarse en el callejón. Le dedicó una sonrisa maliciosa antes de girarse y seguir andando.

Mar sintió un nudo en el estómago.

Mar la conocía lo suficiente como para saber en qué estaba pensando, así que aceleró el paso hasta colocarse a su lado, hombro con hombro. El grupo se detuvo frente a una tienda de suministros donde la gente apenas llevaba un par de artículos en sus carritos. Mar sintió un nudo en el estómago al ver a una madre y a su hijo pagando únicamente un cartón de leche antes de marcharse. En la parte alta de Aurelis, esa sería una compra casual, pero allí quedaba claro que era lo único que esa madre podía permitirse.

Absorta en la angustia, Mar no se percató de que su grupo ya no estaba con ella. Decidió seguir caminando por el mercado, notando una escasez de productos básicos que la dejó helada: pocas latas, apenas refrescos y ni rastro de fruta. No había azúcar ni dulces. Para alguien que amaba las tartas de fresa y manzana, aquello era una pesadilla; no podía imaginar vivir allí ni un solo día.

De repente, sintió otra punzada, esta vez directo al corazón, al pensar en los habitantes del lugar: «¿Qué les dan a los niños?», se preguntó, «¿Qué hacen cuando tienen la regla y quieren un chocolate?». Al pasar por la farmacia, la situación era aún peor; apenas había suministros. Al ver el estante de cuidado personal, se horrorizó: «¿Dónde están las cremas hidratantes y los sérums?».

Mar decidió detener la tortura que ella misma se había impuesto al aceptar ir con el grupo de la escuela. Se puso en marcha para encontrarlos y avisarles de que se marchaba a casa. Siempre supo que la situación era difícil por los pocos relatos que Max le había compartido, pero, jamás pensó que la vida en este sitio fuera tan jodida; todo se veía sombrío y se respiraba una tristeza ambiental en cualquier dirección. En el momento en que creyó que era una causa perdida seguir vagando por los puestos del comercio, recordó la verdadera razón por la que había aceptado venir.




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