Mar
Emily y Mar se aventuran a recorrer las calles de Umbra en busca de más talentos para el proyecto. Estas van solas, pero no desprotegidas, ya que Emily sabe dónde buscar; aparte, también sabe defenderse.
Estas van en el auto de Mar conversando sobre cómo es la vida en Umbra. Emily le cuenta de sus días en la escuela, un lugar pequeño al que los alumnos iban más por el desayuno que les servían que a estudiar, ya que para muchos era la única comida que se podían permitir en el día. Estos relatos solo hacen que Mar se sienta un poco mal, hasta tener que recordarse a sí misma que ella está intentando un cambio. «Lo estoy intentando», se dice. «En este momento es un proyecto, pero pronto será una esperanza para esta gente». Emily nota que Mar no dice nada y que traga saliva, claramente angustiada.
-Tranquila, nada de lo que vivimos es tu culpa, Mar -la voz suave de Emily saca de sus pensamientos a Mar.
-Sí, lo sé -dice esta con la voz quebrada.
-Además, no todo era así de malo. Mi hermano, su mejor amigo y yo solíamos ir a jugar a un hermoso lago antes de que se prohibiera entrar al bosque por los monstruos.
-Pero son mitos, cuentos -comenta Mar sin dejar de prestarle atención al camino.
-Claro que no lo son, el... -Emily hace una pausa para pensar si puede confiarle lo que quiere contarle a Mar o debería guardárselo. Esta se lo guarda-. Olvídalo, seguramente aquí esas cosas ni siquiera llegan -esta no puede seguir hablando porque ya están en la entrada de Umbra y, sin un permiso firmado, no pueden pasar con el auto, así que deben seguir a pie.
Emily sabe bien por dónde empezar. Esta camina con pasos firmes por las calles de esta zona, tanto así que Mar piensa si debería agarrarla del brazo para no perderse como aquella vez. «Si sigue así, en la próxima vuelta que dé ya no sé si podré seguirle el paso», pensó esta jadeando del cansancio y del calor que empezaba a hacerse presente esos días.
Mar frena en seco, chocándose con la espalda de Emily y obligándola a dar un paso hacia atrás con los ojos cerrados. «Auch», suelta esta. Al abrirlos, nota que llegaron a una pequeña casa con paredes de ladrillo hueco y techo de lo que parece ser un material metálico.
-Llegamos -dice Emily, dándole golpecitos a la puerta-. ¿Hay alguien? -pregunta en un tono alto que no llega a ser un grito. La puerta se abre, dejando ver a una mujer mayor, tal vez de unos cuarenta y tantos.
-Emily, querida -dice la mujer a modo de saludo-. Pasa. Veo que trajiste contigo a una amiga. Soy la señora Jover -le regala una sonrisa sincera. «¿Será ella? Es un poco mayor, pero no importa», piensa Mar antes de darle la mano y presentarse. Ambas pasan al interior de la casa; Mar lo observa todo. Es la primera vez que entra a una casa de Umbra, tan pequeña y húmeda, pero limpia y con un olor a antisépticos que hizo que Mar no pudiera evitar sentirse un poco mareada. La señora Jover les indicó que se sentaran; esta les ofreció té.
-¿Qué malestar las trae por aquí? -pregunta con un tono suave, como suele tratar a sus pacientes.
-Tu hija -suelta Emily con toda tranquilidad. Mar no pudo evitar lanzarle una mirada sorprendida. La señora Jover solo alzó una de sus oscuras cejas en forma de pregunta silenciosa-. Espera, que me explico mejor. Ella es Mar Arias -hace un gesto con las manos hacia esta-. Quiere hacer un cambio en la rutina -continúa-. Verás, está dándoles becas a jóvenes para que puedan estudiar en la Academia La Raíz, en la Ciudad Alta. Allí Kate podría aprender muchas más formas de curar con su don.
La madre de Kate se tensó; Mar lo nota al ver cómo aprieta con fuerza su taza de té.
-Contestaré todas las dudas que tenga -Mar siente pesados los ojos con los que la mira la señora; nota su cansancio.
-Creo que la decisión no es mía...
La puerta se abre de golpe. Es Kate, con las bolsas del mandado. Su cabello oscuro contrasta con sus ojos azules, que siempre han delatado su don.
-Mamá, ya llegué -se frena en seco-. Tienes visitas. Hola, chicas, ¿necesitan mi ayuda?
-No, linda. Ven, siéntate. Las visitas te buscan a ti -dice con una media sonrisa que, más que alegría, se ve melancólica.
Kate se acomoda al lado de su madre; Mar le explica el proyecto.
Kate no acepta, pero la señora Jover no acepta su decisión.
-Es una oportunidad -en su voz se oye la dulzura de una madre queriendo lo mejor para su querida hija.
-No voy a dejarte sola.
-Nunca estoy sola. La comunidad de Umbra me necesita y siempre me lo pagan con su compañía.
-Mamá... -dice Kate, soltando un sollozo.
-Ve, mi niña. Aprende todo lo que puedas y, cuando vuelvas, todos aquí te estaremos esperando con los brazos abiertos -con sus manos acaricia las mejillas de su hija, limpiándole una lágrima. Mar se siente estúpida por estar triste ante la situación; ella nunca había tenido que sufrir nada como lo que sufría la gente en Umbra y, de igual forma, sus ojos estaban llorosos.
Kate tenía hasta terminar el verano para organizarse; debía dejarles medicamentos a los pacientes y visitarlos antes de marcharse a un lugar que, si bien no estaba lejos de su hogar, sabía que no podría ir y venir a su antojo.
Antes de que Emily y Mar siguieran su rumbo por las calles rotas, Kate les dio información que les serviría para no deambular horas.
-En la herrería del Barrio Gris podrán encontrar a Parker. Es un chico alto con el don de la tierra.
Así, ambas se fueron por el camino que le indicó Kate.
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Editado: 20.02.2026