Las raices: umbra

capitulo 8

Mar

Emily sabía muy bien qué calles seguir para buscar a la persona que mencionó Kate. Mar, por otro lado, intentaba no entrar en pánico por los oscuros y sombríos callejones de aquel barrio; esta parecía estar totalmente abrumada por la situación en la que ella misma se había metido.

«Este lugar huele a humedad». «¿Eso es una rata muerta?». Mar observaba cada rincón de las calles, asqueada y fascinada por el estado de estas: cada grieta en las paredes, hoyos en el suelo, animales pequeños muertos en los recovecos y los olores del lugar, que estaban empezando a darle náuseas.

Al llegar a la herrería, nadie parecía conocer a Parker; preguntaron por él a más de cuatro personas en el pequeño taller.

—Creo que debimos preguntar su primer nombre —dice Mar, recostándose contra una pared que, al sentirla muy fría y húmeda, se incorpora sacudiéndose la espalda con una mano.

—Alguien aquí debería conocerlo por su apellido, no puede ser que no lo conozcan —Emily, que está cruzada de brazos junto a ella, la mira de reojo soltando una risita.

Ambas se deciden por seguir caminando por la zona, hasta que sienten que algo o alguien las observa.

—¿También sientes que nos miran? —pregunta Emily sin detenerse.

—Sí, creí que solo era mi imaginación —contesta Mar nerviosa; voltea la cabeza para ver sobre su hombro, pero no ve nada.

—Buscan a Parker —dice una chica bajita enfrente de Emily y Mar, apareciendo de la nada misma.

—¡¿Qué mierda?! —exclama Emily, dando un paso hacia atrás.

Mar se esconde detrás de la pelirroja del susto.

—Lo conozco —dice la niña—. Sé dónde vive. Me llamo Iris Parker, soy su prima.

Mar y Emily se miran confundidas, pero ambas asienten y se presentan; deciden confiar en Iris y la siguen hasta una casa cercana.

«Claramente ella también tiene un don», piensa Mar mientras esperan a que les abran la puerta. Nadie les abre, así que Iris le da una patada a una de las esquinas y luego empuja con su hombro.

—¡Ya llegué, tía! —grita esta metiéndose en la casa—. Y buscan a Parker.

Una chica joven, morena de cabello teñido de blanco muy corto, aparece en la sala de la casa.

—Ah, sí. Él no está, pero si quieren lo pueden esperar un rato a ver si se digna a aparecer —dice esta.

—Hola, señora. Soy Mar y ella es Emily, queremos proponerle una beca a su hijo —Mar se queda con la mano estirada en dirección a la chica, que la mira con expresión seria y una ceja enarcada.

—¡Qué les dijiste, mocosas de mierda! —espeta la mujer, haciendo que Mar retirara la mano avergonzada.

—Yo nada —se excusa Iris soltando una carcajada.

—No soy una señora, tengo veinticinco años, estoy en la flor de mi juventud o algo así —dice la chica morena—. Y me llamo Betsy, soy tía de esta y del otro idiota —apunta a Iris—. No me hablen de usted, no soy respetable. Y si me vuelven a decir señora, las echo a patadas.

—Sí, seño... —Casi dicen la palabra al mismo tiempo Mar y Emily—. Betsy.

—Muy bien, niñas —contesta Betsy.

Después de esta presentación un poco incómoda, Betsy les invitó una taza de té. «Es muy popular el té aquí», pensó Mar mientras conversaban con las chicas acerca del proyecto y también de la familia Parker. Los tres vivían en esa casa ya que no aguantaban más vivir con sus despectivos padres, así que decidieron mudarse con su tía, con quien era un poco más fácil llevar la convivencia. Mar notó que Iris también tiene un don, por lo que también le ofreció un lugar; estuvieron charlando por casi una hora para poder llegar a un acuerdo, ya que Iris tiene diecisiete años.

—Aclaro que ya terminé la escuela —informó Iris—, pero para lo legal aún soy menor de edad, así que debería llevarme conmigo a Betsy.

—Lo puedo resolver, no se preocupen. En mi casa hay muchas habitaciones y Betsy es más que bienvenida —mencionó Mar.

—¿De dónde conocen a Kate? —preguntó de repente Emily en un tono un poco pícaro—. Que yo sepa, las Jover no suelen meterse mucho en la vida privada de la gente que atienden, así que...

Emily se detiene al ver la cara de Betsy, en la que se está formando una sonrisa cómplice; suelta una risa fuerte.

—Se conocen de la escuela —comenta esta antes de seguir con el chisme.

La puerta se abre de un empujón fuerte; al parecer, la puerta ya estaba demasiado vieja y solo responde con violencia. El ruido sobresaltó a Mar, pero a esta se le olvidó el susto al ver quién había llegado.

Era Parker.

—¿Una fiesta de té? ¿Soy bienvenido o prefieren que me retire? —pregunta este con cautela. El muchacho que llegó a la vivienda no se veía para nada parecido a Iris, pero sí un poco a Betsy: un chico moreno de casi un metro ochenta y tantos, con cabello oscuro y un poco largo. Llamaría demasiado la atención en la academia, más en el grupo de forja, aunque él no va a pertenecer a ese grupo en el cual los que lo forman carecen de dones; su fuerte es el uso de armas y formarse como soldados que se puedan defender cuerpo a cuerpo.

—Claro, eres bienvenido —dice Betsy—. Estas señoritas te están buscando a ti, grandulón.

Mar saltó de su asiento para acercarse y presentarse.

—Solo faltabas tú —chilla esta de emoción dándole un apretón de manos.

Mar y Emily llegaron a la hora de la cena a la casa.

—Llegamos —vociferó Mar. Al ver la sala de estar vacía, caminaron a la cocina, encontrándose con una escena tierna de Eva cortando zanahorias en la cocina con Mabel.

—Qué linda —chilló Emily dándole un besito en la mejilla a su hermanita.

—¿Dónde están los chicos? —preguntó Mar.

—Les dije que se fueran a pelear en la sala donde está la televisión —masculló Mabel.

Vieron a Edrick y Max peleándose en la sala por el control remoto, y a Mael riéndose de estos dos.

—Quieren apostar algo, niñas —les dice Mael acercándose a ellas—. A que esos dos terminan casados —suelta una carcajada fuerte—. Ya lo parecen.




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