Las raices: umbra

Capitulo 10

Emily
Emily y el grupo, ya sin Mael, quien se había retirado para organizar sus propias clases, seguían a Mar de cerca mientras recorrían uno de los jardines principales que conducían al edificio central, donde se encuentran los diversos salones de la academia. El grupo llamaba bastante la atención, pues contrastaba con los demás estudiantes: los de Umbra vestían prendas sencillas y aún no portaban el uniforme formal, ya que habían salido a recorrer los alrededores sin cambiarse.

Los observaban tanto los alumnos que vestían el uniforme, camisa de manga corta, corbata verde y pantalones o faldas de un verde oscuro representativo de la institución, como aquellos que vestían de forma casual, con blusas nuevas, zapatos relucientes, y pantalones o vestidos bonitos que Emily amaba y siempre había soñado con tener en su armario.

Los cuchicheos no se hicieron esperar. Emily alcanzó a oír comentarios tanto ofensivos como de asombro, y algunos bastante desagradables por parte de ciertos hombres dirigidos hacia Kate y ella; incluso uno que otro iba para Iris. Esto puso en alerta a Parker, quien se movió del grupo de chicos para colocarse al final y así cuidar mejor de su prima.

Al llegar a la entrada principal, se toparon con una estructura de mármol blanco tan imponente y reluciente que cualquiera podía verse reflejado en sus paredes. Al entrar, los recibió un suelo de mosaico con el escudo de la academia: una raíz cubriendo la letra "A" en mayúscula.

—Esto es gigante —le susurró Edrick a su hermana al oído—. No me vayas a dejar solo.

—Eso nunca —le contestó ella—. Pero eso dependerá de lo que elijas estudiar —añadió, acelerando el paso, ya que se estaban quedando atrás.

—Aquí está el mapa de la academia —dijo Mar, señalando un cuadro en la pared—. Hay uno en cada piso. Los salones se indican con las letras A, B y C, mientras que los específicos tienen su propio nombre, como el área de botánica; si toman el camino de las rosas, llegarán directo. Como ven, marca cada lugar del campus, así que, si se sienten perdidos, pueden entrar a este edificio para ubicarse.

Emily prestaba mucha atención, al igual que los demás, pero se encontraba a un lado del pasillo por donde pasaban los estudiantes, en un sitio vulnerable. De pronto, alguien pasó y la empujó con el hombro.

—Perdón... —dijo la voz de una mujer que la miraba con desprecio y asco—. ¿Qué haces aquí? —ladeó la cabeza.

«Mierda», pensó Emily, «ella otra vez».

—¿Pasa algo, señoritas? —intervino Oliver, acercándose con su sonrisa característica.

«Ahora este, mierda», volvió a pensar Emily.

—Sí pasa. ¿Qué hace gente así —dijo la chica, señalando a todo el grupo— en nuestra prestigiosa academia?

Oliver cambió su expresión a una mucho más seria.

—¿Cómo te llamas?

—Lira Nufio, su alteza.

—Lira, esta gente a la que te refieres es igual a ti. Diría que también a mí, pero eso sería mentir, ya que yo no poseo ningún don excepcional como ellos. Así que trátalos con respeto; son parte de un proyecto de beca que, si sale bien, permitirá que el próximo año tengamos más alumnos como ellos —replicó Oliver, tajante.

La cara de Lira era un poema, tanto que Emily estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no reírse. Nadie más comentó nada; permanecieron en silencio lo que parecieron minutos.

—¿Entendiste?

—Sí, alteza —respondió Lira con una leve inclinación de cabeza.

—No me gusta tanto protocolo aquí —le dijo él, haciéndole un gesto con la mano—. Solo retírate, que aún faltan lugares por enseñarles a los chicos.

Lira se alejó de ellos a paso rápido.

—Qué tipa más pesada —soltó Oliver, logrando que nadie pudiera aguantar la risa—. No le hagan caso, es de Géminis, es súper cambiante.

—¿La estás juzgando por su signo? ¿En serio? —exclamó Emily, intercambiando una mirada cómplice con Edrick. Sin embargo, él, en vez de devolverle su típica sonrisa, mantuvo una expresión neutral.

—¿Qué tiene de malo? Me gusta la astrología —le mencionó Oliver a Emily, quien negó con la cabeza mientras se daba la vuelta para seguir al grupo.

Al continuar el recorrido por el campus, el grupo hizo una pequeña parada en la biblioteca, donde les explicaron que el recinto contaba con su propio mapa interno. Siguieron su camino hasta llegar al campo de entrenamiento del grupo Forja: el escuadrón de soldados sin dones de la academia La Raíz.

—Tengo entendido que, aparte de Mar y Max, hay uno más que se unirá a este grupo —comentó Oliver, volteándose hacia Parker—. Seguramente eres tú.

Parker negó con la cabeza y señaló a Edrick.

—Es el pálido de allí —dijo Parker.

—Oh, está bien. Aquí te vas a broncear —comentó Oliver entusiasmado.

«Se parece a Mar», pensó Emily, «tienen la misma vibra positiva».

—También hay que engordarlo un poco —añadió Emily en tono burlón. Edrick le dio un empujoncito con el hombro a modo de regaño, mientras Oliver los observaba con una pequeña sonrisa.

Siguieron caminando hasta encontrarse con el sendero que los llevaba a la zona del grupo Éter, donde se encuentran los soldados con dones.

—Aún no tienen un lugar para reunirse todo el grupo —explicó Mar con su sonrisa de siempre—, pero en unos días se los voy a conseguir. La idea principal es que se adapten a la academia en general.

—Hasta aquí llega el tour guiado, pero no duden en acercarse a cualquiera de nosotros para lo que necesiten. Las clases oficiales empiezan el lunes, así que deben organizarse y ver en qué especializarse aparte del entrenamiento —explicó Oliver, señalándose a sí mismo y luego a Luka, quien los había acompañado todo el tiempo en silencio.

—Tienen una semana. Nos vemos en las clases conjuntas —se despidió este último.

Ese mismo día, ya por la tarde, Emily decidió visitar la biblioteca a solas. Durante el recorrido no pudo detenerse a verla por completo, y leer se había vuelto una costumbre muy fuerte tras pasar tantos días con Max, quien tenía infinidad de libros en su cuarto.




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