Las raices: umbra

Capitulo 11

Edrick

Edrick Osorio nunca ha sido del tipo de persona a la que le entusiasma estudiar, pero esto era diferente: debía esforzarse o perdería su lugar en la academia. Llegó el primer día de clases oficial y este se encontraba desayunando café con galletas junto a Parker, su compañero de cuarto.

—¿En serio Max ya se fue? —inquiere Edrick mientras toma un sorbo de su taza.

—Al parecer sale a correr temprano —contesta Parker, robándole una galleta de chocolate—, y luego ya se queda en la academia, al parecer. Tal vez se ve con su novia, si es que tiene una.

—¿Quién lo aguantaría? Es un aburrido. —Edrick rueda los ojos en blanco y le da otro sorbo a su café, Parker solo se ríe.

El grupo estuvo dividido en diferentes clases durante toda la mañana, pero se reencontraron en el comedor para la hora de almuerzo.

Edrick, como todo amante de lo dulce, esperaba con ansias que el postre fuera algo de chocolate. A lo lejos vio a Max viendo la parte de ensaladas del comedor. «Claro, es obvio, ¿dónde más estaría?», pensó Edrick. Este observa cómo conversa con otro chico. «Deben ser amigos», se dice a sí mismo. Mientras se acerca a ellos, alguien pasa cerca de él, empujándolo con tanta fuerza que lo hace trastabillar, dejando casi caer la bandeja en la que lleva su plato.

—¡Imbécil! —le grita el chico a Edrick.

—Pero si fuiste tú el que me empujó —gruñe Edrick.

El otro chico lo toma del cuello de su camiseta. «Mierda, me va a matar». Edrick cerró los ojos esperando el golpe que no llegó.

—Suéltalo —escucha Edrick. Un ruido seco. «Es Max», piensa este. «Mierda, no te pelees, no lo hagas».

Abre los ojos y está Max dándole golpes al otro chico en el suelo.

—¡Ya para! —grita este agarrando a Max de los hombros—. Cálmate —añade una vez logra separarlos—. Hey, qué te pasa —Edrick le coloca una mano en el pecho para inmovilizarlo.

—Este idiota iba a golpearte.

—¿En serio estás defendiendo a este don nadie salido del basural? —Apenas puede terminar de decirlo, Max le da otro golpe directo a la nariz—. Hijo de perra, creo que me la rompiste.

Uno de sus amigos lo toma del brazo para alejarlo del lugar.

—Ya déjalo así —dice este—. Es el hijo del Capitán Mael.

—Agradécele a tu apellido de que no te devuelva el golpe.

Se alejan saliendo del comedor.

—¿Qué mierda fue todo eso? —dice Parker, que se acerca a ellos con su bandeja y platos.

—Nada —afirmó Max—. Vamos.

Tomó a Edrick del brazo para que lo siguiera al área de comidas, donde esperaba su amigo, que no era otro que Luka, quien solo se limitó a observar la escena sin hacer nada.

—¿Qué? —preguntó Max.

—Nada —le contestó Luka.

Los chicos se sirven su almuerzo y toman direcciones diferentes. Por un lado, Edrick y Parker encuentran a las chicas en una de las mesas lejanas del área y se dirigen allí; Luka y Max se sientan en una más cercana, aparentemente con un grupo de chicos de Forja. Edrick piensa si debería unírseles, pero luego de lo que acaba de pasar, prefiere ir con su hermana y las chicas; por lo tanto, se van al fondo, cerca de una de las salidas al patio del edificio.

Una vez en la mesa, están conversando sobre cómo les fue el primer día. Kate está entusiasmada con sus clases de enfermería. Edrick está muy distraído. «¿Por qué me habrá defendido así? ¿No pensé que fuera capaz? Seguramente se lo pidió Emily en su casa, se volvieron cercanos».

—¿Edrick? —la voz de Emily lo saca de sus pensamientos—. ¿Te pasa algo? Estás muy callado.

Este mira a Parker en un claro intento de que no diga nada, pero no sirve.

—Un tipo casi lo golpea —suelta este sin más—. Si no fuera porque Max se metió, ahora estaría lleno de moretones en toda su carita de niño lindo. —Parker suelta una carcajada.

—¿Quién fue? —inquiere Emily.

—Y yo qué sé —responde Edrick—. Además, qué importa. —Su hermana lo mira con el ceño fruncido y ya no insiste en el asunto.

Esa misma tarde empezaban los entrenamientos oficiales de Forja al aire libre. Edrick esperaba en una banca a que apareciera Max, ya que no lo había vuelto a ver desde el almuerzo. Este se hace presente con un grupo de chicos que van llegando. Edrick busca su mirada de modo que se pone de pie para ver si logra captar su atención; ve cómo Mael lo señala y allí cruzan miradas que Max sostiene solo un segundo antes de desviarla otra vez a su padre.

«¿Estarán hablando de mí?», se pregunta. Ve cómo Max se va acercando. «Sí, hablaban de mí».

—Hey, quedándote allí, solo no te vas a integrar.

—Ya intenté integrarme y salió mal.

—Eso ni siquiera cuenta, vamos.

—¿Por qué no solo somos un grupo de dos? —añade Edrick con una sonrisa forzada, agarrando a Max del brazo para que no se aleje.

—Eso no se puede —dice este viéndolo directamente a la cara unos segundos, antes de desviarla, evidentemente nervioso—. Hay días que piden grupos de tres o de cinco —añade este retrocediendo y apartándole el brazo a Edrick. «Creo que no le caigo muy bien». —Vamos, no son tan malos, solo quédate cerca de Mar, de... —se interrumpió—, o conmigo. —Le devolvió la mirada—. Ven, vamos.

Edrick no tuvo otra alternativa que seguirlo.

—Él es Edrick Osorio —lo presenta Mael al resto de chicos.

Edrick empieza a ponerse muy nervioso, de modo que sus manos empiezan a temblar; esto va en aumento. «¿Por qué nadie dice nada? Dejen de mirarme, tengo ganas de llorar». Por ende, empieza a sudar. A Edrick nunca se le dio bien ser extrovertido del todo; siempre ha usado esa máscara para no quedar como la sombra de Emily, su gemela. Si fuera por él, sería alguien serio que disfruta de estar solo reparando máquinas o coches; a él realmente no le gusta ser el centro de atención para nada. Para su suerte, Max se da cuenta de la situación y decide hablar.

—Él viene de Umbra —comenta Max—. Si alguno tiene algún problema con él, debe dirigirse a Mar Arias o a mí. Eso también va para ti, Edrick.




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