Las raices: umbra

capitulo 13

Edrick

Esa misma tarde, Edrick le mandó un mensaje a su hermana para que lo acompañara a la cena.

Edrick: ¿Qué haces? ¿Me acompañas a cenar?

Emily: Ahora no puedo, estoy yendo a la biblioteca. ¿Nos vemos mañana para desayunar?

Edrick: Está bien.

Cuando bloquea la pantalla del celular, llega Max de quién sabe dónde.

-Hey.

-Hey.

-¿Me puedes acompañar? -le pide Edrick a Max con una sonrisa de oreja a oreja.

-Tengo que ayudarle a mi papá en algo -contesta viéndolo de reojo.

-Por favor... -Edrick intenta lo que le hubiera funcionado con Emily: un puchero, fingiendo que va a llorar. Involuntariamente piensa: «Qué mierda estoy haciendo... He estado pasando tanto tiempo con el que ya lo estoy tratando como a Emily».

Edrick se pone rojo de la vergüenza. Max lo observa con los ojos muy abiertos antes de soltar una carcajada.

-¿Qué fue eso? ¿Crees que soy tu hermana o qué? -dice entre risas.

Edrick nunca lo había visto reírse tanto, ni sonreír de aquella forma; tardó tanto en reaccionar que se acercó a Max con torpeza.

-¿Tú te ríes?

-Idiota -le espeta Max, que aún sonríe. «Tiene una linda sonrisa», piensa Edrick-. Claro que sí, ¿crees que soy de piedra? -Edrick asiente-. Qué idiota -repite Max, despeinándolo de forma juguetona-. Iré, pero vas a tener que ayudarme con Mael o no voy a poder terminar a tiempo. -Ahora fue Max el que tuvo una reacción que habitualmente tendría con Mar; fingió una tos para separarse del pelirrojo. -Cámbiate. Ponte algo que no te importe arruinar.

Poco después, Max le abre la puerta de su auto.

-¿Es muy lejos? -pregunta Edrick-. La cena es a las nueve y ya son las siete.

-No lo es. No creo que nos tome más de una hora; además, conozco dónde va a ser la reunión, también me invitaron. Sube.

Max conduce hasta adentrarse en el bosque. Edrick cree que están entrando casi en la zona prohibida.

-¿Eres un asesino suelto? -inquiere Edrick mientras Max mantiene la vista en el camino-. Si querías matarme, ¿para qué me hiciste cambiarme de ropa?

-Deja de decir eso. Sé que el camino se ve un poco aterrador, pero el lugar te va a gustar, estoy seguro.

Llegan a una vieja cabaña en la que ya se encuentra aparcado un auto. Edrick sabe que es el de Mael: esa bestia de un reluciente negro azabache que Edrick piensa que ni juntando cien años de su beca podría darse el lujo de tener.

-Bienvenido a la pequeña cabaña de la familia Arias. Está desocupada desde hace como seis meses -dice Max.

La puerta se abre dejando ver al corpulento Mael detrás.

-Trajiste ayuda, muy bien. Pero prefería a las niñas.

-No tengo ni idea de dónde estarán esas dos -contesta Max-. Además, solo hay que limpiar.

-Si eso piensas, pasa, hijito.

Al entrar, el interior de la cabaña se ve abandonado, con polvo por todas partes. El olor a madera los recibe de golpe. «¿En serio piensan que este lugar es pequeño?», se pregunta Edrick.

-Tenemos que volver a las ocho y media, al menos -le comenta Max.

-¿Y qué hacen ahí parados? Agarren un trapo o algo -espeta Mael. Toma uno y se lo lanza a Edrick-. ¡Atrápalo!

Se ponen a limpiar cada rincón. A Edrick el lugar le está encantando: habitaciones acogedoras, una cocina hermosa con una ventana que da a un lago, aroma a bosque, flores y árboles. «Me encanta», se dice a sí mismo, «viviría sin problemas aquí». Se queda ensimismado mirando el paisaje hasta que no se da cuenta de que Max ha entrado.

-Es bonito, ¿verdad? -dice Max-. Podríamos venir otro día a pescar. A Mael le encanta, así que tenemos varias cañas para eso.

-Está bien. Podríamos traer a Eva.

-Claro -Max piensa un poco lo que va a decir-. ¿Cómo te sientes? Digo, siempre has estado cerca de ellas y estas semanas se han separado un poco.

-Estoy bien.

-Noté que no eres tan extrovertido como te mostrabas.

-Solo soy así con gente de confianza, creo.-Edrick analiza lo que va a decir a continuación. -Extraño un poco ser solo nosotros cinco -musita casi en un susurro-. Digo, mi abuela Eva, Emily y... -Se interrumpe-. No me hagas caso.

-¿Y...? -pregunta Max-. Había alguien más, ¿verdad? ¿Qué le sucedió? Si quieres contarme...

-Él... -Edrick no sabe si contarle; se muerde el labio inferior para pensárselo bien-. Él murió... Mejor dicho, lo asesinaron las criaturas.

-¿Era familia?

-Algo así -el pelirrojo niega con la cabeza-. Era... el novio de Emily.

Se estira hacia atrás apoyado en la encimera de la cocina; deja escapar un suspiro profundo mientras exhala con cansancio.

-Está bien si ya no quieres seguir contándome. Lo siento mucho -dice Max.

-Emily cree que fue su culpa -responde Edrick, recuperando un semblante más sereno-. Se sacrificó por nosotros. Vimos de cerca a esas cosas; claramente nadie va a hacernos cambiar de opinión: existen.

Ninguno dice nada más; continúan con su tarea en un silencio melancólico.

Se pasan cuarenta minutos limpiando cada rincón de la casa, por lo que terminan agotados y se tiran en el sofá. Luego de soltar un suspiro largo, Max se levanta. Edrick lo ve irse hacia la cocina. «Espero que traiga agua», piensa. Al regresar, efectivamente trae una botella y, además, unas galletas que le pasa a Edrick.

-Las hizo Mabel, son de chispas de chocolate -dice Max, volviendo a acomodarse a su lado.

-Lo sé, conozco ese aroma; además, ella me enseñó a hacerlas. -Edrick toma una y le da un mordisco.

-Bien, ya pueden largarse si así lo desean -espeta Mael-. Mejor váyanse ya o no van a llegar.

Al volver a la habitación, solo les quedan unos treinta minutos para prepararse. Max le ofrece ropa a Edrick, ya que la que lleva puesta es demasiado casual. La ropa le queda grande, así que se conforma con usar sus zapatillas. «Calzamos lo mismo», se dice a sí mismo. «Esto es bueno, le podré pedir los zapatos que quiera».




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