Emily
El libro claramente no tenía nada bueno en su interior; lo poco que habían ojeado en la biblioteca no se comparaba con las atrocidades que verían avanzando las páginas. Emily estaba sentada cerca de la ventana, disfrutando de los rayos de sol que pasaban por el vidrio; mientras tanto, Oliver, en el sillón, tarareaba una melodía. «¿Por qué no se calla?», pensó Emily, esperando que los demás llegaran a la habitación. Así fue como los primeros en aparecer fueron Parker, Edrick junto con Iris y Kate; seguidos por Max, que venía acompañado de Luka. «Debí pedirle que no trajera a su perro», se dijo a sí misma. Esta sabía que tanto Max como Oliver son amigos de Luka, pero se le había pasado por alto avisarle que ese chico no era de confianza ni bienvenido en aquella reunión. Emily optó por no hacer escándalo; así que se levantó para cerrar la puerta con llave. Les pidió que se pusieran cómodos porque lo que estaba a punto de mostrarles era una prueba más de los monstruos.
—¿Qué tan grave es para que nos hayas reunido a todos un martes después de clase? —preguntó Max mientras se dejaba caer en el sillón.
—Grave —respondió ella, y le pasó el libro—. Tienen que ver esto —dijo Emily para que todos la escucharan.
Emily les fue enseñando el libro uno a uno. En este se podían ver las criaturas; estaban en modo de registro, escritas a mano en grafito por alguien desconocido. Solo se podían entender algunas partes, pero sí se alcanzaban a ver las ilustraciones. En estas, las criaturas tenían forma de insectos llenos de plantas mohosas, raíces podridas y tierra escurriéndose por sus extremidades, con dientes y garras afiladas; algo extraño para un ser que se ve como una cucaracha gigante u otros insectos. Cada página que pasaban era más horrenda que la anterior. Emily notó que, cuando fue el turno de su hermano, este se quedó paralizado viendo una de las hojas.
—¿Qué sucede? —inquirió Emily acercándose a Edrick.
El chico le enseñó la página. En esta se veía un ser distinto. «No, no, no», pensó Emily. «Hay más de ellos, mierda».
Emily lo recuerda como si fuera ayer. Era un sábado y le tocaba estar más horas en el bar; su abuela le había pedido que pasara por sus pastillas a la única farmacia de su zona en Umbra, una de las pocas que abría todo el día. Iker, su novio, y Edrick fueron a recogerla al local; en realidad, ellos querían tomarse unos tragos antes de irse a sus casas.
Se demoraron más de lo previsto; entre risas y charlas se les hizo muy de noche, pero aún quedaban clientes de los que Emily debía encargarse. Justo cuando estaba a punto de echarlos, empezaron a escucharse gritos que provenían de afuera. De un momento a otro, el bar se llenó de gente aterrorizada. Entre jadeos, llantos y gritos, los chicos no entendían qué estaba sucediendo; nadie podía explicarlo hasta que lo vieron: un imponente lobo, o eso parecía.
La criatura traspasó la puerta poniéndose en dos patas. Una vez en el interior, observó a su alrededor por un microsegundo, como asimilando qué presa era la correcta mientras olfateaba el aire cálido. El olor a sudor y alcohol se mezclaba con la tensión de la situación. Todo se detuvo cuando su mirada se posó en Emily; ella sintió esos enormes ojos negros y vacíos fijos sobre ella. El ser comenzó a matar a todo aquel que se interpusiera en su camino, los cuerpos caían inertes en los charcos de sangre que dejaba a su alrededor tal monstruosa criatura; ya tenía fijado su objetivo.
Iker empujó a los gemelos hacia la parte trasera del bar. Intentaban llegar a la salida de emergencia, pero esa cosa era más rápida. Iker se detuvo en seco, los miró con una sonrisa y tomó un cuchillo de la mesa donde cortaban los ingredientes para las pocas comidas que ofrecía el bar. Se dio la vuelta para hacerle frente a la criatura. Emily gritaba y corrió hacia él, pero fue en vano: el lobo, de un arañazo, lo dejó tendido en el suelo.
Emily quedó en shock. Iker yacía inmóvil. Edrick la agarró del brazo y la jaló con fuerza para que siguiera corriendo. Llegaron a la puerta y desde allí no pararon hasta llegar a su casa. La criatura no los siguió; se quedó devorando el cadáver de Iker. Los gemelos se enteraron de los detalles al día siguiente, ya que fue de lo único que se habló durante semanas. Emily no salió de casa hasta que cesaron los murmullos.
Emily leyó en voz alta para que los demás escucharan:
—Único no mutante.
—Quiere decir que los demás sí eran insectos normales —comentó Parker.
—Qué horror... ahora tiene sentido que en los relatos de la gente siempre haya algo diferente —añadió Kate.
—Esto es una pesadilla —balbuceó Mar.
—Es imposible —la voz de Oliver sonaba más frustrada que incrédula mientras movía la cabeza en negación—. En serio, es imposible. Con la cantidad de cámaras que hay hoy en día, en los celulares , en las calles... ¿Cómo no hay un solo puto video? —Miró a los demás buscando respuestas—. Y lo que es peor, ¿Cómo yo no sé nada de esto? ¿Por qué a mí me criaron en una puta burbuja?
Nadie supo qué decirle porque todos, en el fondo, se hacían la misma pregunta. Solo Luka, que estaba junto a Oliver, le lanzó una mirada de reojo.
—¿Ya terminaron con su dramatismo? Bien, escuchen esto —dijo Iris, que ahora examinaba el libro—. "Hábitos nocturnos. Frecuencia alimenticia" —leyó en voz alta—. "Se estima que salen a cazar cada seis meses".
—Si mis cálculos de fechas están bien —dijo Parker—, faltarían dos meses y tres semanas para que vuelvan a comer. ¿Qué hacemos?
—Nada —dijo Emily secamente. Todos se voltearon a verla—. Hay que seguir fingiendo que no sabemos nada hasta tener pruebas más sólidas. Este libro lo pudo haber escrito cualquiera de esta habitación, así que es lo mejor, ¿oyeron?
Los demás tardaron un rato, pero terminaron asintiendo.
—Bien, esto no fue más que una reunión de amigos —concluyó ella.
—Entonces cambiemos de tema —respondió Oliver—. En tres semanas es el baile de vuelta a clases. Se supone que es un evento elegante, pero siempre hay alguien que termina vomitando en la fuente, fuera del auditorio.
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Editado: 03.03.2026