Las reglas del olvido

Capítulo 2

​La tensión se podía cortar con un cuchillo mientras los herederos fijaban la vista en el examen. Las reacciones no tardaron en aparecer: Denki miraba el papel con una confusión evidente, mientras que Izuku, por el contrario, parecía casi emocionado por el reto. En el otro extremo, Katsuki e Inuyasha compartían un gesto de fastidio, como si estar sentados frente a una hoja fuera un insulto a sus instintos.Shoto mantenía su característica serenidad, inexpresivo como el hielo de su tierra. Todo lo contrario ocurría con el gladiador de cabello rojo, Eijiro, quien apretaba la pluma con tanta fuerza que su densidad ósea amenazaba con quebrarla; el heredero de Rockwell se veía frustrado, fuera de lugar en aquel entorno burocrático. Sin embargo, lo más llamativo era el duelo silencioso entre los extremos: mientras Castiel irradiaba un entusiasmo relajado, Shigaraki, el príncipe de los demonios, tamborileaba los dedos sobre la mesa, consumido por una impaciencia oscura.

Pregunta I: Ante una crisis de hambruna en un reino colindante, donde el envío de suministros requiere el cruce inmediato de tropas de carga, violando así el Artículo I sobre la Soberanía Territorial: ¿Priorizaría usted la rigidez de la ley internacional para mantener la paz global, o arriesgaría la estabilidad del Tratado en favor de la asistencia humanitaria? Justifique su respuesta.

​El estruendo de un golpe seco contra la madera hizo que varios herederos saltaran en sus asientos.
​—¡¿Qué clase de pregunta estúpida es esta?! —rugió Katsuki, golpeando la mesa con el puño cerrado—. ¡Si tienen hambre, que Lumus mueva un dedo y lo solucione!
​No había terminado de hablar cuando Inuyasha imitó el gesto, haciendo vibrar los tinteros de la sala.
​—¡Exacto! ¡Que cacen su propia comida como de debe y que dejen de quejarse! —añadió el heredero de Troyal con los ojos entornados.
​En medio del estallido de testosterona, Izuku respiró hondo y sacudió la cabeza, frotándose las sienes; por su parte, Castiel simplemente bajó la mirada y soltó un suspiro cargado de decepción. La diplomacia estaba muriendo antes de que la primera página fuera entregada.

Evon mantuvo la compostura. Con una paciencia infinita y esa calma que parecía emanar de sus alas, tomó la palabra. Su voz no se elevó, pero cortó el aire con precisión.
​—Herederos de Dragonia y Troyal —dijo con suavidad—, les recuerdo que el silencio es obligatorio durante la evaluación.
​Tras la advertencia, Katsuki e Inuyasha se desplomaron en sus asientos. Sus rostros eran un poema de furia contenida, pero, aunque soltaron algún gruñido entre dientes, decidieron obedecer. El resto de los presentes, tras el breve estallido, volvió a sumergirse en el examen, dejando que solo el sonido de las plumas recorriendo el papel llenara el salón.

Mientras el alboroto distraía al resto, Shigaraki ni siquiera se inmutó. Su pluma se deslizaba con una elegancia gélida sobre el papel, ajeno a los gritos. En su hoja, la respuesta era clara: enviaría las provisiones de inmediato para ganarse la gratitud del pueblo, y solo entonces, con la ventaja moral de su lado, convocaría a los reyes vecinos para redactar un nuevo acuerdo "justo"para ambas partes. Tras la tinta, se escondía una sonrisa que nadie vio: la caridad era solo el primer paso del control.

​Evon habló, manteniendo su semblante sereno y tranquilo:
—El tiempo se ha terminado, jóvenes. Suelten sus plumas. Es hora de pasar a la siguiente fase: el enfrentamiento en equipo.

El silencio regresó, pero esta vez no era de concentración, sino de una inminente declaración de guerra.




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