Los herederos entraron en el gran salón de duelos, donde el aire vibraba con una energía distinta. Eris los esperaba allí. Con una voz suave, dulce y de una claridad angelical, explicó el procedimiento de la prueba:
-Bienvenidos a la segunda fase. Para asegurar la imparcialidad, cada uno de ustedes deberá depositar su nombre en este cáliz antiguo -dijo señalando el objeto sagrado que brillaba con luz propia-. Él será quien dicte el destino de sus alianzas. Una vez formados los grupos, los equipos se enfrentarán entre sí por rondas hasta que solo uno prevalezca.
Katsuki, rebosante de confianza, fue el primero en acercarse. Arrojó su nombre al cáliz con una brusquedad que hizo eco en la sala. Tras él fue Inuyasha, quien se veía más concentrado pero depositó su papel con una duda visible, como si desconfiara del destino que el objeto elegiría para él. Por el contrario, Eijiro se mostraba transformado; a diferencia de la prueba anterior, el gladiador de Rockwell lucía cómodo, seguro y casi emocionado al entregar su nombre, ansioso por demostrar su valía en el campo.
Tras ellos, el resto de los herederos cumplió con el ritual. Finalmente, fue el turno de Castiel. Con la elegancia propia de su estirpe, depositó su nombre y le dio la espalda al altar, el cáliz sufrió una metamorfosis cromática: la luz blanca se tiñó de un violeta profundo, el color prohibido de la astrología y del Olvido, antes de suavizarse en un lila y volver a la normalidad.
Castiel no lo notó, pero en la fila de herederos, los ojos de Izuku se abrieron de par en par. Como experto en magia ancestral, reconoció ese matiz al instante. No era el color del Abismo; era el rastro de algo que no debería existir en ese salón.
Un estallido de luz cegadora emanó del cáliz, dictando la primera sentencia. Eris, con su voz melódica, anunció el primer dúo:
-Castiel y Shigaraki.
Un murmullo de asombro recorrió la sala; la luz y la sombra debían caminar juntas. Sin dar tiempo a reacciones, el cáliz volvió a brillar con fuerza, uniendo a Katsuki e Inuyasha en una alianza que prometía chispas. Los siguientes fueron Eijiro y Denki, quienes intercambiaron una mirada de determinación. Finalmente, el destino selló el último par: Shoto e Izuku, uniendo el poder elemental con la sabiduría ancestral.
Eris alzó su mano y la sala se transformó en un campo de batalla. El primer encuentro estaba decidido: el equipo de la resistencia, Eijiro y Denki, frente a la tormenta indomable de Katsuki e Inuyasha.
Bakugo chasqueó el cuello con una sonrisa arrogante, mientras Inuyasha desenvainaba sus instintos, ansioso por la libertad del combate. Al otro lado, Kirishima endureció su cuerpo, su piel adquiriendo el brillo opaco de la roca maciza, mientras Denki generaba pequeñas chispas entre sus dedos.
-¡No se interpongan en mi camino, par de piedras! -rugió Katsuki, ignorando por completo que tenía un compañero a su lado.
-¡Eso debería decirlo yo, rubio ruidoso! -le gritó Inuyasha de vuelta.
Denki abrió el encuentro con un rayo directo hacia Inuyasha, pero el heredero de Troyal reaccionó en un parpadeo; sus sentidos lupinos captaron la vibración del aire mucho antes de que la chispa lo alcanzara. Con una agilidad sobrenatural, esquivó el ataque y se lanzó en un contraataque feroz y sin frenos.
Mientras tanto, la arena vibraba con el duelo de Rockwell y Dragonia. Katsuki comandaba a sus dragones, envolviendo a Eijiro en ráfagas de fuego abrasador. El gladiador de cabello rojo se mantenía firme, protegiéndose con sus brazos de piedra, aunque el asedio le impedía pasar a la ofensiva.
Para sorpresa de los Reyes y de los demás herederos, la verdadera revelación no fue la sincronía de Denki y Eijiro, sino la inesperada armonía entre Katsuki e Inuyasha. A pesar de sus choques de ego, sus instintos de combate se habían entrelazado: donde uno dejaba un hueco, el otro lo cubría con una garra o una llamarada.
En medio de aquel intercambio despiadado, el aire en la arena cambió. Como si una conexión invisible se hubiera forjado entre ellos, Katsuki e Inuyasha cruzaron una mirada y decidieron que el juego había terminado. Era el momento de reclamar la victoria.
En un movimiento coordinado que dejó a todos sin aliento, Inuyasha saltó con una agilidad prodigiosa, aterrizando sobre el lomo de uno de los dragones de fuego de Katsuki. Mientras la bestia ascendía a gran velocidad, el heredero de Troyal se impulsó desde los cielos, convirtiéndose en un proyectil viviente. Su ataque descendente fue fulminante: una caída de puro instinto y poder que impactó contra el suelo de la arena, levantando una nube de polvo y dejando a Eijiro y Denki sin posibilidad de defensa. El estruendo confirmó lo inevitable: la fuerza de Dragonia y Troyal era imparable.
Cuando la neblina de polvo se disipó, la voz de Evon resonó con autoridad declarando el fin del encuentro y la victoria de Katsuki e Inuyasha.
Mientras el siguiente equipo se preparaba, vencedores y vencidos subieron al balcón real. Lo que podría haber sido un reencuentro amargo resultó ser todo lo contrario: en vez de mostrar tristeza, Eijiro irradiaba un orgullo genuino; sabía que pocos en los ocho reinos habrían soportado tal impacto y seguido en pie. A su lado, Denki lucía una sonrisa radiante por haber dado una pelea digna, aunque caminaba con pasos erráticos, todavía un poco atontado por la magnitud del golpe final.
En cuanto Evon anunció el inicio, la arena se transformó. En vez de esperar a que el enemigo se moviera, Izuku y Shoto lanzaron una ofensiva coordinada que dejó claro que ellos no venían a improvisar. Shoto desató una ráfaga de hielo que Izuku potenció con una corriente de energía, creando una barrera de proyectiles directos.
El equipo contrario logró esquivar el impacto inicial, pero la falta de sincronía fue evidente: mientras Castiel extendía sus alas para crear un escudo de luz, Shigaraki se desvanecía hacia un lateral, ignorando la posición de su compañero. Se salvaron por sus reflejos individuales, pero la grieta en su alianza quedó expuesta ante los ojos de todos.
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fantasía épica y política, herederos y poderes únicos, misterio del noveno reino
Editado: 20.05.2026