Las reglas del olvido

Capítulo 5

En la enfermería del majestuoso Castillo de Lumus, el silencio era interrumpido únicamente por las voces de Izuku y Shoto. A pesar de las vendas y el agotamiento, ambos compartían una charla animada, tratando de procesar lo ocurrido en la arena con una entereza admirable.
​Sin embargo, la atmósfera cambió cuando la pesada puerta de madera se abrió con un chirrido suave. Para sorpresa de ambos, el visitante no era un médico ni un guardia, sino el propio Castiel. El mitad ángel entró con paso dubitativo, con una expresión cargada de una solemnidad casi triste. No venía a regodearse de su victoria, sino a cumplir con un deber que su conciencia no le permitía ignorar: pedir perdón por la crueldad con la que Shigaraki había manipulado el combate.

Izuku, al percibir la sinceridad en los ojos del ángel, aceptó sus disculpas con una sonrisa tenue. Shoto, sin embargo, permanecía en silencio, analizando la situación con desconfianza; para él, no tenía sentido que Castiel cargara con culpas ajenas, pero aun así asintió en señal de tregua.
​Aprovechando la cercanía, Izuku bajó el tono de voz, volviéndose cuidadoso.
​-Castiel... ¿puedo preguntarte algo más?
​-Claro -respondió el ángel con calma-. Pregunta lo que desees.
​-Durante la ceremonia inicial... ¿notaste aquel resplandor violeta oscuro que emitió el cáliz? -preguntó Izuku, observando fijamente la reacción de su interlocutor.
​Castiel frunció el ceño, visiblemente confundido.
​-¿Un resplandor violeta? -repitió, negando con la cabeza-. No vi nada parecido, Izuku. El cáliz solo debería brillar con la luz pura de la alianza. Lamento no serte de ayuda, pero no tengo idea de qué pudo ser eso.

En cuanto la puerta se cerró tras Castiel, Shoto rompió el silencio con una voz baja y tensa.
​-Así que tú también te habías dado cuenta de ese resplandor... -comentó, mirando hacia la ventana-. No creo que hayamos sido los únicos. Duró lo suficiente como para que el resto de los herederos y los Reyes lo notaran también. Pero por alguna razón, se desvaneció justo antes de que Castiel mirara... Es muy extraño.
​-Sí, es inquietante -respondió Izuku, pensativo-. Además, esos colores no pertenecen a ninguno de los ocho reinos. Creo haber visto algo similar en uno de mis libros más antiguos de astrología, pero la información era borrosa, como si alguien hubiera intentado tacharla. Me pregunto qué habrá sido realmente y qué significa para el futuro de la alianza.

Las horas pasaron y la hora de la cena llegó. A pesar de la tensión inicial, el ambiente cambió gracias a Denki, quien con su energía habitual logró romper el hielo. Pronto, la mesa se llenó de conversaciones inesperadas: Shoto e Inuyasha compartían anécdotas de sus tierras, Denki reía con Eijiro, y sorprendentemente, Katsuki mantenía una charla tensa pero constante con Izuku. Castiel no tardó en unirse al grupo de Shoto, buscando aprender más sobre sus costumbres. Solo Shigaraki permanecía como una sombra silenciosa, ignorado por el resto.
​Al finalizar la cena, cada heredero se retiró a sus habitaciones temporales. Sin embargo, el descanso no estaba en los planes de todos. Mientras el castillo se sumía en un silencio profundo, Izuku se deslizó fuera de sus aposentos. Caminando entre las sombras y evitando a los guardias, se dirigió hacia la Gran Biblioteca de Lumus. Necesitaba respuestas sobre aquel resplandor violeta y lo que ese color prohibido significaba para los ocho reinos.




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