Al llegar a la inmensa biblioteca de Lumus, Izuku se sintió pequeño ante las infinitas hileras de libros que alcanzaban el techo. Avanzó con cautela, guiado solo por la tenue luz que lograba conjurar, hasta llegar a la sección de registros históricos.
Sus dedos recorrieron los lomos de cuero viejo hasta que encontró lo que buscaba: los anales de la Gran Guerra de los Reinos. Con el corazón acelerado, decidió abrir el pesado tomo, esperando encontrar alguna mención a ese resplandor violeta que lo atormentaba. Sabía que si ese color había aparecido antes, los registros de los tiempos más sangrientos de la historia serían el único lugar donde no habrían podido borrar su rastro por completo.
Mientras los ojos de Izuku devoraban las líneas del registro, su respiración se detuvo. En un párrafo desgastado por los siglos, leyó una sentencia que le erizó la piel: 'Al estallar el conflicto, los soberanos juraron bajo sangre no profanar ni atacar el territorio de...'. Pero el nombre no estaba allí. Había sido tachado con tal saña que la pluma casi había atravesado el pergamino.
Desesperado por encontrar una coordenada, Izuku se dirigió a la mesa de cartografía. Extendió los mapas amarillentos que se usaron en la antigua guerra, pero al acercarse a uno de ellos, su sangre se heló. Justo en el centro del continente, donde las fronteras de los ocho reinos deberían converger, había un agujero negro y carbonizado. No era un accidente; el mapa había sido quemado de forma deliberada para extirpar de la geografía cualquier rastro de aquel sitio olvidado.
Izuku comprendió entonces la magnitud del engaño: la historia había sido purgada. Mientras los registros de los demás reinos ardieron en la guerra, Lumus conservó los suyos, convirtiéndose en el único narrador del pasado. Pero incluso sus crónicas tenían grietas.
Sus ojos se abrieron con asombro al leer un párrafo casi ilegible: cuando Lumus se tambaleaba al borde de una derrota definitiva, un aliado inesperado surgió de las sombras. Tropas de una fuerza devastadora y una magia jamás vista aparecieron para reclamar la victoria. 'Ese poder solo pudo provenir de...', dictaba el texto, pero el nombre había sido arrancado con violencia.
Un eco de pasos metálicos resonó en el pasillo exterior. El corazón de Izuku dio un vuelco. Cerró el libro con cuidado, memorizando cada palabra borrada, y se deslizó entre las estanterías como una exhalación. Logró escabullirse de la biblioteca justo antes de que la guardia real entrara, regresando a su habitación con la certeza de que el resplandor violeta del cáliz no era un error, sino un recordatorio de una deuda antigua y peligrosa.
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fantasía épica y política, herederos y poderes únicos, misterio del noveno reino
Editado: 20.05.2026