Las reglas del olvido

Capítulo 8

Una vez que el último de los herederos recuperó la consciencia, la Reina Eris se adelantó. Su voz, serena y cargada de una calidez maternal pero digna, llenó cada rincón del salón.
​—Felicidades a todos —anunció con una sonrisa llena de orgullo genuino—. Enhorabuena, han superado esta y todas las pruebas anteriores con una excelencia admirable. Han demostrado ser dignos herederos de sus linajes y, con este acto, el examen ha concluido oficialmente. Muy pronto, cada uno de ustedes regresará para ser coronado en sus respectivos reinos.
​Un murmullo de alivio y júbilo recorrió al grupo. Eris hizo una pausa breve, dejando que la importancia del momento calara en los jóvenes.
​—Para celebrar este magnífico cierre, se llevará a cabo una cena de gala y despedida esta misma noche. Disfrútenla con todo su corazón, pues será la última vez que todos compartan un mismo techo. Al amanecer, volverán a sus hogares para asumir sus deberes y no volverán a reunirse en un mismo lugar hasta dentro de mucho tiempo.
​Para Izuku, la sinceridad en la voz de la Reina fue lo que más lo inquietó. Ella hablaba de coronas y deberes con una paz absoluta, mientras él sentía que el tiempo se le escapaba entre los dedos. Tenía una sola cena, una última oportunidad para acercarse a los demás antes de que las fronteras se cerraran y los secretos que acababa de descubrir quedaran aislados en su memoria.

Tras las palabras de la Reina, los herederos abandonaron el salón en un silencio reflexivo, dirigiéndose a sus habitaciones temporales para descansar antes de la gran gala. Izuku caminaba con la mente a mil por hora. Sabía que esta era su última oportunidad. Al llegar al pasillo de los dormitorios, comprendió que debía actuar de inmediato y que Shoto era la persona indicada; después de todo, ambos compartían el secreto de aquel resplandor violeta que los había inquietado desde el principio.
​Con el corazón acelerado y moviéndose con extrema cautela para no ser visto por los guardias de Lumus, Izuku llegó frente a la habitación del príncipe del fuego y el hielo. Tras un breve momento de duda, tocó la puerta suavemente.
​Shoto abrió casi al instante. Su mirada heterocromática analizó a Izuku, notando la urgencia en sus ojos verdes. Sin decir una palabra, se hizo a un lado y lo dejó pasar. En cuanto la puerta se cerró tras ellos, el silencio de la habitación se sintió como un refugio.
​Izuku no perdió tiempo. Con voz baja pero firme, le relató todo: el engaño en las crónicas de Lumus, la batalla ancestral que presenció en la ilusión, la familia real borrada de la historia y la sospecha de que el resplandor violeta era un llamado de una deuda antigua.
​—Shoto... —concluyó Izuku, mirándolo con determinación—. No podemos permitir que esta verdad siga enterrada. Necesito que seas mi aliado para descubrir qué pasó realmente y contar la historia que Lumus intentó purgar.

Shoto permaneció en silencio durante unos largos segundos después de que Izuku terminó de hablar. Su mirada heterocromática parecía buscar respuestas en algún punto invisible de la habitación, procesando cada detalle de la traición histórica y la visión de la guerra ancestral.
​Finalmente, exhaló un suspiro pausado y fijó sus ojos en el peliverde. Shoto conocía a Izuku; sabía que no era alguien dado a las fantasías ni a los engaños. La sinceridad y el peso de la angustia que emanaba de él eran pruebas más que suficientes.
​—Te creo, Izuku —dijo Shoto con una voz grave y decidida—. He analizado tus palabras y, conociéndote, sé que no inventarías algo de esta magnitud. Una mentira que ha enterrado a toda una familia real y ha borrado un reino entero no puede seguir oculta por más tiempo. Si Lumus ha construido nuestra paz sobre un engaño, entonces esa paz no es real.
​Shoto dio un paso adelante, cerrando el trato con una inclinación de cabeza.
​—Cuenta conmigo. Te ayudaré a desenterrar el pasado y a que la verdad salga a la luz, sin importar a quiénes de los que están allá afuera les moleste.

Tras sellar su pacto, Shoto e Izuku llegaron a una conclusión necesaria: lo más prudente era no buscar más aliados dentro de los muros de Lumus. Allí, bajo la mirada constante de los Reyes y sus guardias, cualquier movimiento en falso podría ser fatal.
​—Esperaremos a regresar a nuestros propios reinos —susurró Shoto—. Allí tenemos autoridad y privacidad. Aquí, las paredes tienen oídos.
​Izuku asintió, sintiéndose un poco más ligero al saber que no estaba solo. Se despidió con cautela y salió al pasillo, moviéndose en las sombras para regresar a su habitación. Pero justo cuando creía haber llegado a salvo, una mano firme lo sujetó del hombro. Antes de que pudiera reaccionar, fue empujado con fuerza hacia el interior de una alcoba cercana.
​La puerta se cerró de golpe tras él. Izuku se encontró frente a frente con la mirada ardiente de Katsuki, quien lo observaba con una mezcla de furia y sospecha.
​—¿Qué demonios hacías saliendo de la habitación del mitad-y-mitad a estas horas, Deku? —gruñó Katsuki, acorralándolo contra la madera de la puerta—. No creas que me olvidé de lo que pasó antes de la prueba. Vas a hablar ahora mismo. No saldrás de aquí hasta que termines la conversación que dejaste a medias y me digas qué rayos está pasando realmente.

Izuku sintió el aire pesado en la habitación. Al mirar fijamente a Katsuki, comprendió que cualquier intento de evasión sería inútil; Katsuki lo conocía mejor que nadie, y podía leer sus mentiras antes incluso de que fueran pronunciadas. Mentirle ahora no solo sería un error, sino que podría romper para siempre la frágil confianza entre ambos.
​Con el pulso acelerado, pero manteniendo la voz lo más firme posible dentro de su cautela, Izuku comenzó a hablar.
​—Está bien, Katsuki... te lo diré todo —susurró, asegurándose de que nadie escuchara desde el pasillo.
​Sin omitir un solo detalle, Izuku relató la existencia del Reino Olvidado, la verdadera naturaleza de las "ilusiones" que acababan de vivir y la traición que Lumus había perpetrado contra la historia. Le confesó su alianza con Shoto y la necesidad de buscar justicia para los reyes borrados de los libros. Al terminar, el silencio que quedó en la habitación era casi asfixiante.
​—Sé que suena a locura, pero lo vi con mis propios ojos —concluyó Izuku, mirando a Katsuki a la cara—. Te pido que seas mi aliado. Necesito tu fuerza y tu lealtad para esto. Pero si decides no creer me o no involucrarte... —Izuku hizo una pausa, con un rastro de súplica en su voz—, te ruego que guardes silencio. No le cuentes esto a nadie, Katsuki. Nuestras vidas, y quizás el futuro de todos los reinos, dependen de ello.




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