Las reglas del olvido

Capítulo 14

El regreso al castillo fue pausado. Selene, aún recuperando sus fuerzas, avanzaba sobre Suppi mientras los herederos formaban una escolta silenciosa a su lado. No sabían que, tras los muros de piedra, la red de mentiras que sostenía su misión estaba a punto de ser puesta a prueba.
​En la biblioteca, Denki sentía que el corazón le iba a estallar. Entre pergaminos y sellos de cera, intentaba mantener la compostura frente a Castiel, el heredero de Lumus. Los reyes Midoriya, Inko y Toshinori, disimulaban su sorpresa por no haber leído la carta de aviso, pero la tensión era casi asfixiante.
​—Me disculpo por esta intromisión —dijo Castiel con elegancia—. Entiendo que mi carta no llegó a tiempo a sus manos, pero el Rey Evon me envió personalmente para ajustar los detalles de la coronación conjunta.
​En ese instante, las puertas se abrieron y el grupo entró. La sangre de Izuku y Denki se heló al ver a Castiel allí, de pie, observándolos con curiosidad.
​—¡Oh! Hola, chicos —saludó Castiel con una sonrisa amable—. Qué bueno que llegan. Estábamos discutiendo los pormenores de la ceremonia... Oh, me disculpo, no sabía que venían acompañados de una joven dama. Mi nombre es Castiel Evertri, un placer.
​Selene dio un paso al frente, manteniendo una calma sobrenatural a pesar de tener frente a ella a su medio hermano.
—El placer es mío. Me llamo Selene Astri, un gusto.
​Castiel arqueó una ceja, intrigado por el aura de la chica.
—Disculpa mi atrevimiento, pero como heredero y amigo de tus acompañantes, no he podido evitar notar tu cercanía. ¿Podría saber cuál es tu relación con ellos?
​Un silencio sepulcral cayó sobre la biblioteca. Antes de que Izuku o Shoto pudieran cometer un error, Selene tomó la mano de Inuyasha, entrelazando sus dedos con firmeza.
​—Oh, no es ningún problema —respondió ella con voz dulce—. Soy la novia de Inuyasha.
​Inuyasha se congeló por un milisegundo, sintiendo el calor de la mano de Selene. Su instinto rugió, pero su mente reaccionó rápido. Asintió, forzando una expresión de naturalidad.
—Es cierto —añadió Inuyasha, apretando suavemente su mano—. Siento no haberlo mencionado antes, es algo reciente. Selene, ¿podrías esperarme afuera un momento? Tenemos asuntos de Estado que tratar.
​—Claro, no hay problema. Te veo luego —Selene le dedicó una última mirada a Castiel—. Fue un placer conocerte.
​—Lo mismo digo, señorita Selene —respondió él, viéndola salir con una sombra de duda en los ojos que no lograba disipar.

​Mientras la conversación sobre los protocolos de la coronación continuaba, el aire en la biblioteca se volvía denso, no por las palabras de Castiel, sino por el torbellino de pensamientos que cruzaba la mente de cada heredero. Todos mantenían una fachada de serenidad absoluta, pero por dentro, el caos era total.
​Eijiro: (¡Wow, impresionante! Selene realmente sabe cómo improvisar bajo presión. Casi me creo que son pareja, actúan con una naturalidad increíble).
​Denki: (¡De la que nos acabamos de salvar! Gracias, Selene, por pensar tan rápido. Y pensándolo bien... esos dos se ven bastante bien juntos. Qué curioso).
​Katsuki: (Tsk... tengo que admitirlo, la niñata no se acobarda y piensa rápido. Se lo concederé. Al menos no eligió al nerd para esta farsa, eso habría sido insoportable).
​Izuku: (Es asombrosa... su capacidad de reacción es impecable. La coartada del noviazgo es el escudo perfecto para justificar su estancia en el castillo sin levantar sospechas políticas).
​Shoto: (Entiendo que la situación requería una mentira inmediata, pero... ¿por qué él? ¿Por qué Inuyasha y no yo? Tal vez fue solo porque estaba más cerca en ese momento. Sí, tiene que ser eso. Es lo único lógico... ¿verdad?)
​Inuyasha: (Selene... ella me eligió a mí. Aunque sea una mentira para el príncipe de Lumus, al menos por un segundo pude sentir el calor y la suavidad de su mano. Si tan solo... si tan solo fuera real...)
​Mientras los herederos asentían a las propuestas de Castiel sobre el desfile de la coronación, el hijo de Evon observaba a sus amigos con una atención minuciosa.
​Castiel: (Esa joven... "Selene Astri". Hay algo en ella que no me convence, una vibración en su aura que me resulta extrañamente familiar y perturbadora a la vez. No puedo quitarme esta sensación del pecho. Tal vez durante la coronación pueda acercarme y hablar con ella a solas para descubrir qué es lo que oculta).

​En cuanto Castiel cruzó el umbral del castillo, el aire pesado de la biblioteca pareció aligerarse. Selene entró de inmediato, con la mirada fija en el suelo antes de levantarla hacia Inuyasha.
​—Lo siento, Inuyasha —dijo con sinceridad—. Tuve que decir aquello porque fue lo más lógico que se me ocurrió en el momento, pero gracias por seguirme la corriente.
​Inuyasha se cruzó de brazos, intentando ocultar el rastro de la emoción que sus pensamientos habían dejado.
—Descuida —respondió con su tono habitual—. Entendí la situación a la perfección. Era necesario.
​Selene asintió y caminó hacia la mesa principal, extendiendo el mapa de los reinos. Su expresión se volvió fría y decidida.
—Bien, porque tengo un plan para el inicio de la guerra. Es arriesgado, pero si funciona, será letal. A la coronación conjunta asistirá gente de todos los reinos, ¿verdad?
​—Sí —respondió Izuku, con un brillo de preocupación en los ojos—. Pero no estarás pensando en revelar tu identidad allí mismo... ¿o sí?
​—Exactamente eso es lo que haré —afirmó Selene—. En mi diario hay un hechizo capaz de proyectar el pasado. Revelaremos la traición de Lumus ante los ojos de todo el mundo. Evon no tendrá más opción que entregarme el trono en su propia ceremonia. Una vez que recupere el poder y logre que el Reino Eterno regrese, le devolveré la corona de Lumus a Castiel. Él la merece, aunque ese reino ya no ostente el poder absoluto.
​Katsuki soltó una carcajada seca, apoyándose contra la pared.
—Ajá, muy noble, chica lista. ¿Y no has pensado qué harás si Lumus, a pesar de quedar en evidencia, se niega a soltar el mando? ¿Qué harás si decide pelear?
​Selene levantó la barbilla, y por un segundo, sus ojos parecieron brillar con ese matiz lila que mostró en el claro.
—Si no lo hace por voluntad propia... entonces mis tropas atacarán el reino. He dado órdenes estrictas de evitar bajas civiles; la sangre de los inocentes no manchará mi camino. Mientras el ejército pelea afuera, nosotros pelearemos dentro del palacio. No tendrá más remedio que aceptar la entrega de una de las coronas que me pertenecen por derecho.




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