Tras el torbellino de emociones y la intensidad del entrenamiento, el grupo acordó que, con las sombras del atardecer alargándose sobre el patio, lo mejor era dar por terminada la jornada. Los entrenamientos en equipo quedarían pendientes para la tarde siguiente. Exhaustos pero satisfechos, todos regresaron al interior del castillo, dispersándose poco a poco hacia sus respectivas estancias.
Sin embargo, Eijiro y Denki se retrasaron en la armería, rodeados por el olor a metal y cuero, mientras devolvían sus equipos a los soportes.
Eijiro: (Mente: Denki estuvo realmente impresionante durante nuestro combate. Es tan ágil... Pero no puedo dejar de darle vueltas a lo mismo: ¿qué tengo que hacer para que deje de verme solo como un amigo?)
—Denki, de verdad te esmeraste hoy —dijo Eijiro en voz alta, tratando de sonar casual mientras colgaba su protector—. Casi no pude alcanzarte. Y ese último golpe... ¡vaya! Por poco y no la cuento.
Denki se detuvo, con una pieza de armadura en las manos, y le dedicó una sonrisa que hizo que el corazón de Eijiro diera un vuelco.
Denki: (Mente: Vaya, Eijiro es tan genial... Me hace tan feliz saber que le gustó nuestro combate. Pero qué lástima que solo me vea como un amigo y un compañero de entrenamiento).
—¡Jaja! Sí, pero tú también, amigo —respondió Denki con una risa nerviosa, ocultando su anhelo—. Eres un hueso duro de roer. Realmente parecías un muro de roca inamovible.
Se quedaron un momento en silencio, compartiendo el espacio cerrado de la armería, ambos deseando decir algo más, pero temiendo romper esa frágil barrera de la amistad que los unía.
Mientras tanto, Izuku caminaba por el pasillo lateral de la biblioteca, sumido en sus propios pensamientos, cuando de repente una mano firme lo sujetó del hombro y lo arrastró hacia la penumbra del salón. Antes de que pudiera reaccionar, se encontró acorralado contra una de las estanterías de madera maciza. Al levantar la vista, se encontró con los ojos ardientes de Katsuki.
Izuku: (Mente: ¿Pero qué está pasando? ¿Por qué hace esto? Primero la extraña conversación de la otra noche, luego esa conexión casi mística durante el combate... Realmente ya no entiendo a Katsuki en lo más mínimo).
—Katsuki... ¿qué estás haciendo? —logró articular Izuku con la voz entrecortada—. ¿Por qué actúas de forma tan extraña?
Katsuki apretó los dientes, manteniendo a Izuku atrapado entre sus brazos y la estantería.
Katsuki: (Mente: ¡Maldición, nerd! Estoy intentando que dejes de estar ciego. No sales de mi puta cabeza, me estás volviendo loco y tú ni cuenta te das, ¡mierda!).
—A ver, estúpido nerd —soltó Katsuki con un tono ronco y autoritario—. Creo que no me he dado a entender de la manera correcta, así que voy a hacer que ahora sí me entiendas. Y como no prestes atención a lo que voy a decir, juro que te daré un puñetazo en la cara, ¿entiendes?
—S-sí... entiendo, Katsuki... —respondió Izuku, incapaz de apartar la mirada.
—Bien. Cuando hablamos la otra noche... no me preocupaba perder mi corona. Me preocupaba que esa niñata te traicionara. No quería que sufrieras al darte cuenta de que no era quien tú creías al activar su magia. Ya me demostró que es de confianza, pero mi miedo era otro... —Katsuki hizo una pausa, su respiración rozando el rostro de Izuku—. No quería que nadie... lastimarán al chico que me gusta.
El mundo pareció detenerse para Izuku. De pronto, un recuerdo lo golpeó con la fuerza de un rayo: la cena en el castillo de Lumus, tras los exámenes reales. Recordó a Katsuki diciendo ante todos: "No tengo pareja... pero estoy interesado en alguien. Y sí, tengo la intención de casarme".
Izuku: (Mente: En ese momento sentí un vuelco extraño en el pecho... Me preguntaba quién sería esa persona capaz de captar el interés de alguien tan exigente como él... ¡Espera! ¿Katsuki está enamorado de mí? ¿Yo era esa persona desde aquel entonces?).
Al darse cuenta, el rostro de Izuku se puso más rojo que un tomate y su corazón empezó a latir con una violencia que amenazaba con escapársele del pecho.
—...... ¡¿Qué?! —exclamó Izuku, con la voz quebrada por la sorpresa.
Al escuchar aquellas palabras, el cerebro de Izuku entró en un cortocircuito total. El nerviosismo se apoderó de su lengua y empezó a balbucear, moviendo las manos de forma errática.
—Emm... K-katsuki... esto... tú eres realmente genial y... y esto no me lo esperaba, de verdad. P-p-pero creo que t-tú también me gustas... aunque no creo ser tan genial como tú, p-p-pero... —Izuku bajó la mirada, incapaz de procesar que su mayor rival sentía lo mismo que él.
Katsuki suspiró con pesadez, sintiendo cómo la paciencia se le agotaba al escuchar al nerd menospreciarse a sí mismo incluso en un momento como este. Se hartó de los balbuceos, de las dudas y de la distancia que aún los separaba.
Sin dejar que terminara la frase, Katsuki acortó el espacio, sujetó el rostro de Izuku con firmeza y lo calló con un beso cargado de toda la frustración y el deseo que había guardado durante años.
Izuku se tensó por un microsegundo, pero en cuanto sintió el calor y la intensidad de Katsuki, todo el ruido en su cabeza se detuvo. Sus párpados cayeron suavemente y, soltando un suspiro contra los labios del otro, se dejó llevar por primera vez, aceptando que ese era el lugar donde siempre había querido estar.
En la penumbra de la biblioteca, entre el olor a papel viejo y la magia residual del día, la rivalidad finalmente se transformó en algo mucho más poderoso.
Mientras el sol terminaba de hundirse en el horizonte de Salemey, Shoto e Inuyasha se encontraban en uno de los balcones más alejados del castillo. El aire nocturno era frío, pero la tensión entre ambos era suficiente para calentar el ambiente. Se habían reunido allí con una sola intención: poner las cartas sobre la mesa respecto a lo que sentían por Selene.
—Me he dado cuenta de que, cuando peleamos, estabas intentando impresionarla —soltó Inuyasha sin rodeos, con los brazos cruzados y la mirada clavada en el paisaje—. Y no es la primera vez que muestras interés en ella. ¿Cuáles son tus estúpidas intenciones?
Shoto mantuvo su postura impecable, observando el reino de Izuku con una calma que ocultaba su propia irritación.
—Debo decir lo mismo de ti. He notado lo pendiente que estás de ella a cada segundo. Yo también quiero saber cuáles son tus intenciones con Selene.
—Yo pregunté primero, estúpido heterocromático —gruñó el híbrido.
—Cierto. Para tu información, estoy interesado románticamente en Selene —respondió Shoto con una honestidad gélida—. Mi intención es conocerla y acercarme a ella paso a paso. Creo que es justo que ahora tú respondas, lobo.
Inuyasha soltó un gruñido profundo que vibró en su pecho.
—Si crees tener lo necesario para estar con ella, estás terriblemente equivocado. No estás a su altura ni que lo soñaras.
—Creo que eso es más que suficiente para responder a mi pregunta —replicó Shoto, girándose por fin para encararlo—. Entonces piensas que yo no soy digno, ¿pero tú sí?
—Claramente —afirmó Inuyasha, dando un paso al frente—. Yo puedo cuidarla, protegerla y quererla mucho más que tú o cualquier otro.
Shoto entornó los ojos, soltando una pequeña risa seca y despectiva.
—¿Y por qué estás tan seguro de que ella escogería a un lobo callejero antes que a alguien civilizado como yo?
Inuyasha mostró los colmillos, pero sus palabras fueron más afiladas que cualquier ataque físico:
—Porque a diferencia de ti, tus sentimientos por ella se disiparán con el tiempo como si fueran humo. Mientras que los míos... los míos jamás se irán.
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fantasía épica y política, herederos y poderes únicos, misterio del noveno reino
Editado: 07.06.2026