Sandy estaba muy atenta al periódico mientras ayudaba a mamá, era de esas personas que solía hacer más de una cosa a la vez, sí, admirada por ello. Pronto terminaría sus cursos para finalmente integrarse a uno de los sistemas. El instituto que duraba 15 años repartido en bloques, se había acabado para ella apenas hace un año, pero no se detuvo ahí. Siempre estaba radiante y parecía que las mil cosas que hacía no la satisfacían al momento de volver a rehacerlas «¡contesta!».
—¿¡Oye!?
—Sí mamá.
—¡Ayuda a poner la mesa! —Genial, el estrés.
—Venga, vale.
—¿Estás emocionada por la Sanación?
—Sí, eso creo. —«sabes que no, piensa mejor lo que dices»— Será en un mes, tengo tiempo.
—¿Para qué? —Intervino mi hermana, ni yo tenía idea, genial no vuelvo a hablar porque sí.
—Para prepararme psicológicamente, ¿Tu no lo hiciste?
—Sí, bueno no sirvió, porque se olvida, es decir, creo que al final se olvida, bueno no es que... —La cara de Sandy enrojece y las palabras se secan, porque era tan delicado este tema. Nunca lo entendí.
—En tus tiempos ¿Cómo era mamá? —pregunté, curiosa.
—Antes era solo para los que faltaban a las Reglas, yo nunca tuve, luego lo implementaron para todos... Pero ayuda a los jóvenes a imponer disciplina.
—Totalmente. —Mi hermana dice eso más para ella misma y agacha la cabeza.
—Espera… ¿El sistema era selectivo? ¿No, todos por igual?
—Sí, las cosas cambiaron mucho hace unos 25 años.
Todo estaba borroso justo ahora, no solo por el cambio, relativamente, abrupto de poder, sino por la manera en cómo seleccionan a las personas para la Sanación. Supuse que lo mismo pasaba con el tren, este era un cambio un poco más fuerte, no se te permitía ni una falla o ibas directo a un tren que un 98% del tiempo no tenía retorno. La mayoría de las personas no regresaban y eso no me dejaba confiar en ellos. Con lo que dice mi madre es todavía más sospechoso, hace 25 años… ¿Qué habrá pasado?
Cuando terminamos el desayuno, me acerco a la entrada para recoger el correo. La mayoría va a la basura, pero me detengo en un sobre sellado con la flor de Lis y unas franjas negras, el nombre… ¿Por qué mi hermana? ¿Qué querían de ella? El papel incluso era diferente, más grueso y con detalles únicos en dorado. Sandy la sostuvo como si ardiera y algo en el interior estuviera a punto de hacerle pedazos la vida. Cuando la leyó, sonrió nerviosa y luego hizo un gesto a mamá como si aprobará el contenido, pero esa sonrisa la había visto antes: era la misma que pone cuando está mintiendo. Lo cual hace una vez cada mil años. «Esto pinta muy mal». Me resultó raro porque entre nosotras no había secretos, o al menos no cuando yo decidía contarle mis asuntos. Esta vez fue diferente su manera de actuar, todo era jodidamente malo, tenía miedo, demasiado para ser honesta, pero me comporté como si en realidad esa sonrisa fuera real, cuando solo intentaba ocultar algo.
Esa noche la seguí a su cuarto a hurtadillas, estaba llorando, pero no estaba sola. Esa voz que intentaba calmarla era de Dani, lo sabía. Siempre supe que él iba a estar con ella, pero en este preciso momento eso no me reconfortaba, porque Sandy, MI Sandy, estaba llorando a mares y estaba segura que era por el contenido de la carta.
A la mañana siguiente se presentó en el tren y no quería que se fuera, la mayor parte no regresaba y si lo hacías, entonces era de celebrarlo, así de estrictos eran con las personas que se iban en el tren. Dani estaba en la estación, pero no dijo nada, yo tampoco, pero mi actitud decía mucho, estaba molesta, dolida y muy acelerada para pensar en algo claro. «haz que pare, tienes que hacer que pare o lo haré a mi modo».
Corrí lejos, pero al instituto, en donde tenían uno de los frenos de emergencia. El pecho me latía fuerte y el tren avanzaba como un animal impotente capaz de derribarlo todo. Me asegure que nadie estuviera presente, que todos estuvieran viendo el tren, cuando jale de la palanca y se frenó tan de golpe que un sonido sordo detuvo mis movimientos y una punzada en el estómago me dio escalofríos. Salí de la sala y me acerque a la ventana, estaban sacando a las personas, Sandy fue de las primeras salir, así que me aleje del lugar y evite cualquier contacto con las personas, al menos hasta salir del instituto y volver de nuevo a mi casa.
No podrían viajar hasta el aeropuerto ¿Por qué no llevarlos en auto o bus? Había demasiadas personas y en el tren las reglas eran diferentes, la interacción estaba prohibida y no se permitía más que una maleta de mano. Aseguraban, las Reglas lo decían, que nadie en el tren tenía permitido hacer contacto visual ni de otro tipo. Básicamente era una cárcel con vías, luego en el aeropuerto, les tapaban los ojos y luego… nadie lo sabe.
Cuando estuve, de nuevo, con los pies en la tierra, una ráfaga de viento me anunciaba el final de mi camino, aunque eso parecía. Pero una figura en el porche de mi casa se encogía casi ocultando por completo su identidad, no sabía por qué estaba ahí o sí en realidad estaba ahí por una razón, pero tenía que afrontarlo. Supuse que solo había una opción.
—¿Crien? —Al voltear, no me he equivocado y la mirada de él dice mucho.
—Sí —seco y tajante—. El tren... Se lo han llevado.