Las Reglas que Rompí

Cap. 7. Anne Rice Sentury

“Estaba lloviendo mucho y la tormenta se estaba intensificando, así que cuando Joshua llego, le pedí que buscara a Crien con el último recurso que nos quedaba. Cuando al fin lo encontró, observamos como, en la pantalla, el círculo rojo daba vueltas en la manzana…

—¿Crees que le haya pasado algo?

—Tal vez solo está ganando tiempo…

—¿De qué hablas, cariño?

—Recuerdas cuando me excusaba con mis papás para decirles que iba a las campañas cuando en realidad iba contigo… Tiempo para estar con alguien.

—Pero… con Fhanell no se hablan hace un tiempo ¿se habrán reconciliado? —sentí sus grandes manos en mis hombros moviéndose lentamente, era su manera de relajarme.

Amore mio, ella tuvo un problema hoy, en el instituto, y mando a alguien a la sala de emergencia, era por eso que yo tampoco llegue temprano, al parecer la capacitación de seguridad duro más por ella.

—¿Cómo estaba Katia?

—Ella estará bien. Nuestro amigo y la vida les han enseñado bien. Mejor ve a por Crien, que ya llegó. —analice por un momento y era cierto. Al fin había estacionado enfrente de la casa.

Tome un suéter de lana café y dos sombrillas. Mientras caminaba a su encuentro, él se quedó estático, viendo el vacío de la calle y la lluvia. Hoy llevaban el uniforme del instituto por el protocolo de inspección de cada mes. Se reclino para atrás y pude notar, que a su lado seguía ella, no había apagado el motor y movía su mano ansiosamente sobre el volante, estaba indeciso.

Mis pasos eran lentos y parecía que, con esa misma lentitud, la tormenta iba disminuyendo, pero no me importo en lo más mínimo. Cuando llegue a su lado, toque levemente la ventana. Él bajo la ventana y sonrió como si quisiera hacerse el fuerte, como si no le afectara verla dormir con lágrimas rodando sus mejillas.

—¿Qué estoy haciendo mamá? ¿Qué hago ahora? Se puso así porque dijo que le estaba fallando a su padre, porque no supo controlar su carácter.

—Déjame adivinar, el tipo se lo merecía, ¿no es así? —agacho la cabeza y sonrió levemente.

—Claro que se lo merecía, pero no estuve ahí a tiempo…

—No —lo pare de inmediato—, no puedes culparte de algo que no hiciste, ella hizo lo que creyó correcto. Así que, Crien —le sostuve el rostro con mi mano libre—, deja que llore contigo, no puedes pedir que no llore…

—Mamá, ella está mal y no sé qué hacer para ayudarla.

—Empieza por ver su dolor, porque desde ahí puedes ayudarla. Deja que llore, quédate en el auto con ella y cuando despierte ofrécele un paraguas, sonríe y muéstrale que no importa lo que haga, tú vas a estar ahí.

—Gracias mamá.

Giré sobre mis pies y volví a la casa. Sí, mi niño era muy inseguro, pero esa inseguridad la podía ver derrotada cuando estaba con ella y con eso me bastaba, porque si ella es capaz de tenerlo a salvo y sin tanto miedo, seré feliz. Porque una madre eso es lo único que quiere, que sus hijos sean felices, sin miedos o inseguridades que les impidan esa felicidad.”

Todos estábamos nerviosos y ansiosos al mismo tiempo, el plan ya estaba hecho, Morthy sabía que hoy era su Sanación y Crien conocía la hora. Todo estaba calculado y listo, no me habían querido incluir en su rescate, pero si iba Joshua, podía tener la seguridad que todo saldría bien. Mientras tanto, Joe y yo, pondríamos las trampas en el bosque para los Activos o, en el mejor de los casos, para el Dictador.

Caminábamos juntos por el bosque colocando las trampas y una pequeña, pero reconocible seña, para que ella se pudiera guiar al puente y al fin salir de este laberinto. Pero, mientras caminábamos, note a Joe cabizbajo, como si dentro de él hubiera una batalla que no podía ganar.

—¿Va todo bien?

—¿Por qué muchos de los rebeldes abandonaron las campañas?

—Porque los amenazaron y, a algunos, se los llevaron en el tren antes de que eso sucediera, las personas se mueven por el miedo, Joe.

—Pero ustedes no, ¿Por qué?

—Porque ella es la hija de nuestro amigo y le juramos cuidarla, cuidarlas a todas. Ellas no saben por qué él se tuvo que ir, nosotros sí.

No dijimos más, parecía que esa batalla había acabado, pero entendía su curiosidad, estábamos arriesgando mucho, pero bastante se había arriesgado él por nosotros, él hizo que el Dictador nos perdonara la vida, y ahora, se lo debíamos, a él y a su familia.




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