Las Reglas que Rompí

Cap. 9. Las campañas

Ambas bajamos del auto, una vez que termine de evaluar la estatua y ella, paciente, espero junto a mí. En ese momento pensé ¿Cómo era esto posible? ¿Cómo era posible ser tan discretos y tan astutos para esconder algo de semejante magnitud? «bueno, yo lo he hecho por mucho…» Una vez dentro las decoraciones finas, cuadros pintados a mano, sillas de roble y alfombrado en las primeras escaleras, su olor peculiar que transmitía seguridad y lo que parecía un segundo hogar, pasó a segundo plano. Porque, aunque, lo notaba, en realidad eran malditos detalles que justo ahora eran lo de menos. Necesitaba saber más, lo que en verdad pasó y por qué.

Mientras caminábamos a una pequeña sala, los dedos en mi bolsillo no paraban de tamborilear de lo nerviosa que me sentía, un sentimiento que, supuse, estaría más presente que nunca.

Curo mi herida sin decir una palabra, inyectó algo para el dolor y me llevó a la segunda planta y habían cerca de cinco o seis cuartos, lo que más llamó mi atención fue una estatua de un ángel, pero su rostro se me hacía conocido por algún motivo lo familiarice con…

—Puedes usar esta habitación —interrumpió mis pensamientos y entramos—. Hay toallas, sábanas extras y ropa limpia… Solo que alguna será de chico, tú sabrás, por obvias razones —los chicos, ambos “amigos” míos. Continúo—, puedes darte un baño y en eso llegan ellos para hablar y... Prepararé la cena.

—Gracias. —Mi voz era un hilo de algodón. Pero no quería que sonara así, supuse que era el efecto del humo inhalado.

—No te preocupes tanto por ellos… estarán bien. Y no pienses de más las cosas, un paso a la vez. ¿Sí? —gire la cabeza y su sonrisa cálida, me hizo asentir con seguridad «esa seguridad te la quitare yo…»

Quería revisar mi cuello así que fui directo al baño, con suerte podía quitarse la marca. Las marcas y heridas en mi cuerpo eran solo superficies dañadas que pronto volvería a recuperarse, pero había otras marcas que me preocupaban. “Nunca pudo llorar” ¿A qué diablos se refería? Si en verdad hablaba en serio, entonces no solo había lastimado a mi padre, sino que… habló de él en pasado… «No, no, no. Solo habló de él en pasado… además es imposible»

A veces, aceptar que algo está sucediendo o sucedió es difícil, pero una parte de mí ya lo sabía y eso era aún peor. Era un poco desmoralizado, porque se trata de mi padre, a quien hace un tiempo ya había considerado un hombre muerto. Pero esto casi lo corroboraba, eso significaba que había un eslabón suelto.

Sacudí mi cabeza, tratando de borrar los pensamientos y regrese a la realidad, dónde la herida de mi pierna ya no tenía una bala, pero aún dolía y sabía que me dejaría una cicatriz y tal vez secuelas por la posición donde me habían disparado. Anne fue muy linda para ayudarme y temo decir que su tono dulce me recordaba a mamá, lo peor de todo era que no tenía un solo problema, sino muchos y lo que más me importaba era regresar a Con Comgre porque de alguna forma ahí estaban muchos de mis problemas «cargamos con mucha culpa y responsabilidad».

La ducha fue larga y pesada, estaba casi en shock de todo lo que había pasado y de todo lo que había pensado, lo más impactante fue el rostro retador y la voz manipuladora del Dictador, quién diría que ese hombre se pondría tan al descubierto en una Sanación, quién diría que su trabajo en Moscú lo había llevado hasta el bosque de Con Comgre y la forma en cómo había esperado Crien para sacarme de ahí, su padre estaba enterado «Lo ves, era parte de un plan» o simplemente solo fue un plan B.

Me coloqué lo primero que vi, una sudadera negra y un jean azul, a decir verdad, no necesitaba preocuparme por mi ropa en ese momento porque necesitaba preocuparme por la charla. Sabía perfectamente que también estaría Joe porque así eran ellos, unidos siempre y no le daban la espalda a su familia, siempre fueron mis vecinos y aun así casi nunca compartía con ellos o al menos, después de los diez años, no por falta de invitación o mala educación sino por falta de confianza, desde que mi padre había desaparecido en el tren me dediqué a saber la verdad de su paradero y también había sido motivo de pelea con mi madre porque siempre recibimos una carta mensualmente de él, pero luego de un tiempo, nada. Así que tal vez estaba protegiéndome de algo que me pudo haber hecho un bien, tal vez.

Mi intuición me decía algo y no quería escuchar hasta el día de hoy, sabía que mi única oportunidad de saber la verdad, o al menos la verdad de la Sanación, era hoy. Nada más. Porque con mi madre no había respuesta y de parte del sistema, menos, así que mi esperanza o lo poco que quedaba de ella, está en los Sentury.

—No has tocado la comida. —Me había perdido en mis pensamientos y caí en la cuenta de que, estaba en la mesa con todo y la señora Sentury.

—No tengo mucha hambre seño…

—Por favor, dime Anne, si me dices señora me sentiré muy vieja —una pequeña risa de mi parte me hizo regresar de forma más directa al presente—. Además, no es que jamás hubiéramos hablado.

—¿Dónde están ellos?

—Ya volverán, también fueron a recoger a Joe, él... Bueno, estaba en otro asunto.

—Conocían a mi padre, ¿De dónde? ¿Cómo si nunca entablaron relación más que las Campañas Normativas? Junto con mi hermana éramos las únicas que entrábamos a su casa.

—¿Recuerdas que en esas campañas había rebeldes? Bueno, tu padre ayudaba a Joshua a dirigir a esos rebeldes. De hecho, eran amigos desde antes, desde que el actual Dictador fue nombrado, es por eso que lo conocemos. Tenían un objetivo en común y siempre se ayudaron desde que eran adolescentes, Joshua dice que tu padre siempre era el primero en ayudarlo cuando las cosas con los rebeldes se salían de control, así que ahora hará lo mismo por su familia. Todos le tenemos aprecio a tu padre, y por supuesto que a ustedes tres también.




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