Las Reglas que Rompí

Cap. 11. La espera

La sensación de intranquilidad estaba por todo mi cuerpo, la necesidad de saberlo todo había arruinado más mi estancia y sin mencionar que ahora debía esperar dos días para ver a mi familia. Al subir con mucha dificultad entramos a la habitación donde me había “instalado” pase mi mano por mí cabeza y Crien aún me sostenía con fuerza... Su contacto me producía una sensación de electricidad que necesitaba, pero no le diría eso. Necesitaba concentrarme en otra cosa que no fueran los Activos, las Reglas o el Dictador…

Detallando más su rostro y aparte de notar ese lunar en su hoyuelo, también había una pequeña cicatriz cerca de su barbilla al lado derecho, pero no tenía cabeza para preguntarle por eso, su cabello no era tan lacio como creía, era algo esponjado y un poco alborotado por la persecución en la que estamos. Su mirada era lo más bonito que tenía hasta el momento, de algún modo sus ojos se veían tan profundos cuando estábamos tan cerca, no sabía cuánto tiempo había pasado ni cómo, pero en algún momento ambos solo nos mirábamos sin decir una palabra y sin parpadear, contemplándonos y averiguando «Si en verdad» si nos necesitábamos. Sin darnos cuenta de cuando había iniciado esa miradita al final cuando caímos en la realidad casi al mismo tiempo yo volteé la mirada y él tosió un poco con la garganta para salir de ahí, sabíamos que era peligroso, en parte.

Ya no me iba a cambiar porque estaba cómoda y la verdad seguía sin ganas de nada o de tratar de entender lo que había escuchado, nunca en mi vida había sentido esta sensación tan extraña, por algún motivo me dio demasiado frío y necesitaba dormir.

—Te ayudaré con los zapatos. —Antes de reprochar y de decir que era un exagerado ya me estaba sacando los zapatos

—Gracias —Hice una pausa—. Ellas están solas y…

—Tranquila —sus ojos se encontraron con los míos—, no te prometo que todo salga bien. Pero sí que ellas están protegidas.

—¿Cómo? —fruncí el ceño.

—Yo me encargue de eso antes de venir. —Sin darme cuenta ya estaba recostada en la cama... Me hice al rincón por el frío y susurré:

—Tengo frío —pensé que no había escuchado, que la conversación ya había terminado—. ¿Qué haces?

—Te doy calor. Seguro estás mejor sola, pero yo no pienso dejarte sola…

De pronto me abrazó por la espalda, él no llevaba las sábanas encima a diferencia mía, su calor era agradable, nada incómodo y tampoco sentía esa sensación rara como con Joe, Crien me hacía sentir mejor cada que estaba mal y aunque algunas veces parecía un idiota era bueno, su respiración casi rozaba mi cuello, pero supo mantener una distancia, estaban pasando tantas cosas en mi cabeza que decidí empeñarme en dormir, solía pasar las noches con los ojos abiertos, pero hoy no, tenía que fingir estar dormida para de verdad descansar, no supe en qué momento ni como, pero al fin me dormí.

***

La sensación de calor aún estaba pegada a mí y un aroma masculino agradable me despertó pero no de golpe, más bien con una pequeña sonrisa, de esas que te dicen que será un mejor día, estaba abrazada por unos brazos grandes en comparación a los míos y de un momento a otro abrí los ojos, nuestras respiraciones chocaban, estábamos abrazados y no me importó porque estaba tranquila de esa forma, luego sus ojos verde hermoso abrieron y me vieron, sonrió de manera cómoda, yo por otro lado me aleje un poco, por bueno, el “espacio personal”.

Además, no me permitiría verme tan cariñosa de la noche a la mañana, no después de lo de ayer, necesitaba reponerme sí, pero no de esta forma, él y yo solo hacíamos esto en forma de juego como algo divertido y como que no involucra nada «Que lindo que creas eso». Me aparté aún más y me senté en la cama recostada en la pared y con voz algo seria.

—Tengo que cambiarme.

—Podría ayudarte si te sientes muy mal. —me guiño un ojo.

—No, ya empiezas a ser un idiota, aún puedo sola. —dio un suspiro exagerado y se alejó.

—Está bien, estaré afuera cuando ya no puedas sola.

Terminé por casi el mismo atuendo solo que ahora era un jean negro. Baje las escaleras con cuidado en busca de comida porque necesitaba reponer fuerzas, hurgue un poco en la refrigeradora, pero no había algo apetecible y casi por arte de magia una caja de cereal y leche no eran mala idea.

Una mano se posó en mi cintura haciéndome saltar, me tranquilicé al saber que era Crien, sostenía una rosa roja y una pequeña caja, se acercó y me acorraló con la isla, justo cuando lo iba a empujar, me susurro: —Feliz cumpleaños, ermitaña. Te compensare por no haberte dado lo suficiente. —Se alejó y en la caja había un collar con un dije gota verde. Era hermoso, mi cumpleaños, lo había olvidado, pero sus palabras me hicieron sentir en casa. Tal vez esperar no sería tan malo después de todo.

¿Quién dijo que se necesitaba besos y abrazos en un cumpleaños? Las palabras son la demostración más honesta cuando las acompaña una mirada significativa.

Al rato Morthy entró gritando: —¡FELICIDADES! —, pero no me sorprendió de ese chico tan loco como yo, se me acercó y hasta entonces me fijé que iba vestido como si fuese a la guerra con unas botas altas, un pantalón con muchos bolsillos, una chaqueta y una gorra militar, no entendía hasta que me invitó a salir al patio, bueno al bosque cuando nos encontramos con los hermanos Sentury que tenían un arco, unas armas y municiones. Alto, pensaban ponerme a practicar o algo así. Para ser mi cumpleaños era un regalo muy extraño y si pensaban que no podía defenderme, estaban muy equivocados.




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