Cap. 1. La casa
El camino parecía más largo de lo normal y la carretera se veía tan basta que no era necesario hacer el mínimo esfuerzo en concentrarme porque el solo camino hacía su trabajo para saber que era largo y difícil de cruzar. A mi izquierda estaba el hombre que me pone los pelos de punta, pero no por algo bueno, sino por la colera y coraje, sí, coraje de verlo provocarme.
Estábamos a unas cuadras de mi casa cuando un mal presentimiento me causó escalofríos, odiaba está intuición tan asertiva, no había sonidos de algo, solo un gato paseándose por el porche, baje con un nudo en la garganta y ya sabía que no me encontraría con nada bueno y de hecho no me encontré con nada.
La casa estaba vacía, ni mamá ni Sandy ni una señal de que estuvieran allí. Lo peor era que allí dentro había un caos, solo abrí la puerta y papeles de correspondencia tirados en el suelo, la mesa partida en dos, floreros quebrados, los cuadros tirados.
Corrí hacia la cocina y parecía que dos personas se habían peleado a muerte, vidrios de la estantería rotos y sartenes en el suelo, mi mente llegó a la conclusión que mamá había peleado con alguien mientras cocinaba, porque incluso restos de harina había en la isla. Mi respiración se agitó demasiado y deseé que fuese un sueño, pero supe que no cuando llegue al cuarto de Sandy en la segunda planta.
Su cuarto que siempre está limpio y ordenado ahora estaba con el espejo roto, un pedazo de pared agrietada, lo que hizo que se me llenarán los ojos de lágrimas, pero no me detuve al ver que en su cama había rastros de sangre, aún no soltaba la mano del picaporte cuando note algo curioso, una manta negra cubría algo «Más bien alguien», con miedo me acerque para ver lo peor y tuve tanto miedo que mi mano empezó a temblar, pero aun así levanté la sábana y no era ella. Daniel Dropped. «¿Qué mierda? Esto no puede ponerse peor».
Tenía un golpe en la cabeza y una aguja a su lado indicaba que lo habían drogado o algo así, no pude reaccionar más hasta que me fijé que era asunto serio el que estuviera sangrando, fue el señor Sentury el primero en hablar.
—Tenemos que ayudarlo.
—Necesito tu botiquín. —Crien me guiaba a mi cuarto donde también estaban las cosas destrozadas.
—No es tan grave, pero no creo que recuerde nada.
—¿Por qué? —cuestioné.
—Le dieron una dosis de 21k —era otro tipo de droga— y te deja en un estado tan malo que borra casi las 24 horas antes de la aplicación.
—¿Cómo es posible? —mis ojos viajaron a Crien… así que deduje algo crucial—. Él era quien las vigilaba.
—Sí —su tono era suave—, pero no creo que se hayan ido ilesos.
Y con justa razón para tal desastre. Dani las ayudo, de eso no hay duda, pero no llego a tiempo para salvaras y yo tampoco. No era justo que después de todo, ellas no estuvieran a salvo cuando mi único propósito durante todo este tiempo había sido ese.
—Las hallaremos, niña, por ahora recoge tus cosas y te vienes con nosotros.
—¿Qué pasará con el instituto? Y con Morthy… —nadie dijo nada más.
Lo cierto es que no tenía mucho, solo un sueño frustrado de convertirme en científica, un mejor amigo que estaba arriesgando su propia familia y mi familia, no tenía nada más… «nada más, relativamente bueno»
Ellos empezaron a curar a Daniel, pero yo no podía ni imaginar la forma en la que torturaban a mi familia, en un momento me quedé pérdida mirando el cielo despejado, el sol no era fuerte, pero con casi nada de nubes parecía que era verano, pero no había calor. En estos momentos mis pensamientos eran toda una contradicción. Mis manos estaban manchadas de sangre por haber tocado la sábana, era un desastre, solo esperaba que ni mamá ni Sandy estuvieran muertas porque jamás me lo perdonaría. Dani estaba drogado y había que bajarlo a la primera planta.
—No es necesario pensarlo mucho —Crien se acercó—, estarás mejor con compañía. —seguía enojada con él y no entendía de qué hablaba hasta que recordé la conversación de hace cinco minutos «¡anda, escupe lo que piensas!»
—Las atraparon por mi culpa… ¡rompí las reglas, en medio de la Sanación! Jamás debí detener el tren en primer lugar, seguro lo averiguaron… ¡Lo arruiné todo! ¡Solo tenía que obedecerle a él! —«vamos… oculta todo con la culpa»
—No, no fue tu culpa. Escucha tu padre…
—¡Deja de mencionarlo! —«¿Cuál es la verdadera razón?»—. ¡Ni siquiera sé si está vivo!
—Pero no hubiera querido… Las podemos encontrar —ahora, usamos el mismo tono, pero con diferentes expresiones—. No las hemos perdido…
—¡Las matarán!
—¡No! —me sujetó por las muñecas y me hizo verlo— ¡Deja de llorar y haz algo bueno por ellas! Ven con nosotros y averigua dónde carajos están…
—Hijo…
—¡Olvida lo que no pudiste hacer y haz algo! ¡Sabes que nosotros no te abandonaremos! Lo que tienes es suficiente… Las cartas de tu padre, tus muchos estudios, las horas de práctica, los mensajes ocultos y tus malditas noches de insomnio no serán en vano. ¡Así que deja de llorar y sé la misma loca ermitaña que puede con todo y todos! Mierda, ¡tú eres más fuerte que esto y que el Dictador! —No sabía si estaba enojado conmigo o consigo mismo al darse cuenta de lo rojo que tenía las muñecas por la presión, lo cual hacía una marca significativa de la que no me había percatado hasta que dejo de hablar.