Las reliquias del Príncipe

Episodio 5: Confusión 

Ewan.

Tomé a Cawley en mis brazos y la llevé a mi cuarto, para seguir bebiendo de su cuerpo.

Uniendo nuestras almas en un vínculo imborrable.

Me embriagué de su alma, alargando cada minuto hasta hacerlos infinitos; en una entrega total y absoluta a nuestros deseos carnales.

Cawley cayó derrotada en mis brazos, agotada por mi insaciable deseo de poseerla.

Aparté su magnífico cabello de su cara y la contemplé honrado de ser el hombre que había elegido.

Nunca había conocido una mujer como Cawley, entregada, apasionada e interesante.

Estar con ella se sentía tan correcto, tan perfecto…, que era abrumador experimentar todas las sensaciones y sentimientos que Cawley desataba en mí.

Era como si ella fuera la pieza del rompecabezas que me faltaba para estar completo. Y ahora esa hermosa obra había quedado revelada ante mis ojos causando admiración.

Sin poder creer mi fortuna, me levanté de la cama y caminé a la ventana.

El amanecer se asomaba tímidamente en el horizonte, pintando el cielo con una paleta de tonos naranjas, rosados y dorados.

En ese momento el mundo y el tiempo parecían detenerse un instante.

El aire fresco de la mañana despeinaba mi cabello; trayendo consigo el aroma húmedo de la tierra y el leve murmullo de las hojas siendo agitadas por la brisa.

Cerré los ojos un momento, permitiendo que el calor suave del sol acariciara mi rostro. Cuando los volví a abrir observé que los rayos de luz iluminaban a las montañas en la distancia; bañando todo a su paso con su claridad renovada.

Era como si el día con su luz, me estuviera brindado una nueva esperanza, un nuevo comienzo.

De pronto, el sonido de mi teléfono interrumpió mis pensamientos.

Me apresuré a silenciar tal escándalo, ya que, deseaba que Cawley descansara un poco más.

Tomé mi móvil y leí el mensaje de mi asistente.

“¡Hey! Noté que te fuiste temprano de la fiesta. ¿Quiere decir que te gustó mi regalo?”.

Fruncí el ceño sin comprender lo que Nam me decía.

“¿De qué me hablas?”. Escribí viendo a la mujer en mi cama.

“Ewan llevas semanas tenso, la empresa, el título y los rumores te han mantenido estresado. Así que, pensé que una noche en los brazos de una mujer sería una buena forma de liberar toda esa tensión”.

“¿Dices que la mujer que duerme en mi cama es una prostituta?”, pregunté con la rabia empezando a hervir en mis venas.

“No, claro que no”. Respiré aliviado. “Es una amiga bastante discreta, ella es buena consumando fantasías”.

Estrellé el celular en el suelo, mientras negaba con la cabeza.

«¿Entonces, todo fue falso?»

Ahora entendía cómo era que teníamos tantas cosas en común, simplemente fingió todo.

Por un segundo creí que habíamos tenido una conexión real, pero todo fue mentira.

La ira se apoderó de todo mi ser. Estaba acostumbrado a que las personas se acercaran a mí por mi dinero e importancia en el reino, pero esto era demasiado.

Fingir de esa forma que en realidad se sentía atraída por mí de la forma tan intensa como yo lo estaba por ella, era descarado de su parte.

¿Acaso se llamaba Cawley? ¿Tocaba el piano? ¿Algo de lo que me contó anoche fue real o cada palabra que salió de su boca fue ensayada como parte de su farsa?

Imagino que todo comenzó como un trabajo más para ella, pero al ver que podía obtener más que una simple propina, se jugó todas sus cartas.

Me acerqué a la cama y tomé a la mujer que yacía en ella por el brazo y la sacudí con fuerza.

—Vamos, despierta, es hora de que te largues —vociferé molesto.

—¿Qué pasa? —La mujer en mi cama se sentó desorientada y tapó su desnudez con las sábanas.

Me observó como si realmente no entendiera lo que sucedía. Por un segundo me golpearon los recuerdos de nuestra apasionada noche y el deseo se transformó en ira.

—Ya lo sé todo, así que, no debes fingir más —gruñí con los dientes apretados—. Es hora de acabar con toda esta mentira.

—¿Saber qué? No entiendo nada —comentó la mentirosa—. ¿Puedes comunicarte con oraciones completas?

Cawley se levantó de la cama, enrolló la sábana en su cuerpo y apartó su cabello de la cara.

»¿Me puedes explicar qué demonios sucede?

La observé decepcionado, realmente había sentido una conexión real con ella, pero… ¿Esa conexión era suficiente para olvidarme de todo?

¿Debía probar hasta dónde llegaría su mentira?

Sacudí la cabeza y pasé las manos por mi cabello.

—Debes irte —pronuncié con odio. Antes de ceder ante mis deseos, tenía un deber con mi pueblo.

—¡Guao! —A Cawley se le endureció la mirada, pero no dejé que eso me perturbara—. Anoche me jurabas amor eterno y hoy solo me corres de tu vida.




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