Las Ruinas de Cassandrea

Cap. 47 Chicos y chicas

 

Para el día de San Valentín  y siendo que había caído un viernes y no un sábado, la directora les había anunciado que no tendrían clases en la tarde y habría un banquete en la noche, pero que en atención a la fecha, podrían sentarse en las mesas que quisiesen o invitar a la suya a las personas de su preferencia, así como habían recibido el permiso para suprimir las túnicas del uniforme escolar y vestir como mejor les pareciese, de manera que se respiraba un aire de expectante emoción en toda la escuela, aunque no para todos parecía que sería un buen día.

 

Lorena y Loriana eran tan coquetas como su progenitora, razón por la cual media escuela iba tras ellas casi desde que llegaron y constituían dos de los mayores dolores de cabeza para los varones de la familia, de modo que los chicos solían pelearse un día sí y otro también tanto con los insistentes pretendientes como con las criaturas en cuestión. Sin embargo, Steffano era quien lo pasaba peor, porque si bien había sido oficialmente aceptado por los miembros de la familia, aunque todos sabían que había perdido la cabeza por Loriana, ella solo le prestaba atención para sacudirlo, porque el resto del tiempo solía ignorarlo olímpicamente.

Vittoria y Federica, las dos hermanas de Sttefano, eran un positivo desastre y no lo ayudaban en nada. Federica formaba parte del peligroso grupo liderado por J.B. mientras que Vittoria se llevaba maravillosamente bien con las tres hermanas Potter y era su cómplice habitual para todo incluido el hecho de hacerle la vida miserable al pobre Steffano, de manera que ese día, él estaba cercano a sufrir un colapso y planteándose ni siquiera salir de su habitación.

 

Después de la memorable primera conversación que había sostenido Altair con Anette y donde había quedado establecido que jamás se llevarían bien, efectivamente habían pasado los siguientes cinco años en un solo y continuado pleito. Sin embargo, si bien en los tres primeros años Anette solía hacer insidiosos comentarios acerca de la larga lista de descerebradas que iban tras Altair, en los dos últimos parecía haber seguido el consejo de Becky olvidándose de la existencia del cretino y se había dedicado  a prestar atención a otros individuos que hacían los mayores esfuerzos por atraerse la suya, pero mientras que los pleitos sostenidos a  través de años anteriores no habían ni siquiera incomodado al mencionado cretino, esta nueva situación parecía sentarle como una patada en el hígado y había enviado a más de un payaso a la enfermería.

 

A Cassander no le iba mucho mejor, porque desde el primer año de escuela de las gemelas Black, él se había enfrascado en un pleito cerrado con Arkania, y cuando no estaba él persiguiéndola a ella, era ella quien iba por él, pero la señorita Black tenía un inusitado éxito entre la población masculina y esto había hecho que el carácter ya de por sí difícil de Cassander que se lo había heredado a su padre de principio a fin, se hubiese tornado horroroso en opinión de todos los miembros de la familia.

 

Vittoria Arvelino era una beldad mediterránea que también había causado estragos entre sus compañeros, pero aquella condenada muchachita parecía haberse dado a la tarea de amargarle la existencia de todas las formas posibles a Aydan que por algún motivo desconocido  – únicamente para él – se había constituido en su ángel guardián, de modo que se peleaban un día sí y otro también para regocijo de Sandy que había sido la primera en notar que el interés de su hermano menor estaba muy alejado de la simple obligación de velar por la seguridad de las féminas de la familia, al menos con relación a Vittoria.

 

Sue Ellen Malfoy que era una bonita rubia de ojos grises, inicialmente había pasado inadvertida porque era menuda y poco habladora, pero, aunque seguía siendo escasita de tamaño, había adquirido práctica y confianza con sus amigas y había aprendido a defenderse de los ataques sistemáticos de los miembros de la casa de Slytherin que se habían dedicado a hacerle la vida miserable. El único y gran problema de Sue Ellen tenía nombre y apellido, Rigel Black. La niña había perdido su rubia cabeza por el guapísimo Rigel, pero si bien sus amigas le habían aconsejado mirar a otro lado, porque Rigel en verdad ni siquiera la soportaba, ella llevaba casi cinco años insistiendo en que ese era y sería el único chico en el que se fijaría en toda su vida, de modo que llevaba casi la misma cantidad de tiempo sufriendo al ver a aquel condenado individuo con una y con otra, ya que ese era un Black de la misma clase que Altair, solo que sin la simpatía del segundo.

 

Pauline que era tan tranquila como se podía ser y por lo general nadie notaba su presencia hasta que decidía decir algo, si bien sus amigos podían no enterarse que estaba, ciertamente no era el caso del resto del alumnado, razón por la cual más de uno había terminado con la cara o cualquier otra parte de su humanidad en estado lamentable. Las chicas sabían que Pauline suspiraba por los huesos de Arthur, pero él parecía no haberlo notado, algo no muy extraño estando tan ocupado como estaba y ninguna de ellas apostaba mucho por aquello, ya que veían muy difícil que el popular buscador se fijase en una criatura tan silenciosa y que era exactamente lo opuesto a él. Sin embargo, aunque Anette insistía en que se olvidase de Arthur, de momento Pauline parecía ser feliz solo viéndolo y mantenía la estúpida posición en opinión de su prima, de princesa de cuento esperando por su príncipe azul, mientras que Sandy mucho más práctica y directa, le había dicho que tuviese presente que no era una princesa, que no había príncipes azules y que, si lo quería, entonces tendría que actuar como la bruja que era.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.