Las Sombras de Raven's Bay

Capítulo 29

La cinta de Helena Morris seguía resonando en la mente de Carter mientras conducía de regreso al pueblo. La había escuchado varias veces, memorizando cada inflexión, cada pausa. La voz era joven, quebrada, pero llena de verdad.

Si era auténtica —y no tenía duda de que lo era—, era la prueba definitiva de que Marcus Ellwood había estado detrás de la muerte de su esposa. Pero también demostraba que alguien más había estado ayudándolo a borrar todo rastro.

Carter dejó la grabación en una caja fuerte del hostal y salió a caminar por el puerto. Necesitaba despejar la cabeza. La neblina se alzaba desde el mar, envolviendo los barcos como espectros inmóviles.

Su teléfono vibró.

—¿Carter? Soy Ethan Moore. —La voz del joven sonaba nerviosa, casi temblorosa—. Necesito hablar contigo. Recordé algo… algo sobre Samantha.

Carter se detuvo. —¿Qué es exactamente lo que recordaste?

—No por teléfono. Prefiero decírtelo en persona. En la biblioteca vieja. A las seis. Y por favor… ven solo.

El detective suspiró. Demasiadas invitaciones a lugares solitarios últimamente.

—Está bien —dijo finalmente—. Te veré allí.

Colgó y se quedó mirando el horizonte. A lo lejos, creyó ver una figura junto a uno de los almacenes del puerto, quieta, observándolo. Cuando dio un paso en su dirección, desapareció entre la bruma.

Esa sensación volvía una y otra vez: la certeza de que alguien vigilaba cada uno de sus movimientos.

La biblioteca vieja de Raven’s Bay era un edificio de piedra, abandonado hacía años. El aire dentro olía a moho y papel húmedo. Carter encendió su linterna mientras las sombras de las estanterías se alargaban a su alrededor.

—Ethan —llamó—. Soy Carter.

Un ruido sordo respondió desde el piso superior. Subió las escaleras con cautela y lo encontró en la galería, sentado sobre una mesa polvorienta. Tenía el rostro pálido y los ojos rojos.

—Gracias por venir —dijo Ethan, sin mirarlo directamente—. He estado pensando mucho en esa noche.

—La noche en que Samantha murió.

El joven asintió. —Sí. Y… no todo fue como dijimos.

Carter lo observó en silencio. Ethan tragó saliva antes de continuar.

—Esa noche, ella me pidió que la acompañara al faro. Dijo que alguien la había estado siguiendo. Un hombre. Pensé que era paranoia, pero insistió. Cuando llegamos, ella se asustó. Dijo que había visto el coche gris otra vez. Yo salí a revisar… y cuando volví, ella ya no estaba.

—¿La buscaste?

—Sí, pero solo encontré su bufanda, tirada junto a las rocas. Me asusté. No sabía qué hacer. Por eso no lo conté.

—¿Y por qué ahora?

Ethan bajó la voz. —Porque anoche alguien me dejó un sobre. Dentro había una foto de Samantha, tomada desde el muelle, el mismo día en que desapareció. Detrás, una frase: “Ella no debería haber hablado.”

Carter sintió un escalofrío. —¿Tienes la foto?

—Sí. —Ethan se la entregó, con las manos temblando.

La imagen estaba borrosa, pero lo suficiente para distinguir la figura de Samantha.

—¿Recuerdas haber visto quién echó la foto? —preguntó Carter.

Ethan negó con la cabeza.

Antes de que Carter pudiera responder, un ruido los sobresaltó. Un vidrio estalló en la planta baja.

Carter apagó la linterna. —Quédate aquí —ordenó.

Bajó con el arma en la mano, moviéndose entre los pasillos oscuros. Una ráfaga de viento abrió una puerta lateral. Afuera, la niebla se movía como un ser vivo.

Salió al porche, y lo vio: una silueta observándolo desde el otro lado de la calle. Quieto. Inmóvil.

Carter avanzó unos pasos. —¡Eh, tú!

La figura giró lentamente… y desapareció tras el edificio.

Corrió hacia allí, pero no encontró a nadie. Solo una colilla encendida sobre la baranda. La misma marca que había visto en la casa de Lane.

Cuando volvió adentro, Ethan ya no estaba. Solo quedaba la linterna encendida sobre la mesa y la foto tirada en el suelo.

Horas después, Carter se reunió con Eric en la cafetería del puerto. El joven tenía el rostro cansado, pero sus ojos reflejaban una determinación nueva.

—No confío en nadie más, Carter —dijo, apoyando los codos sobre la mesa—. Solo quiero saber quién mató a Samantha. Si tienes que usarme para eso, hazlo.

—No voy a usarte, Eric. Pero sí necesito que me digas todo lo que recuerdes de esos días.

Eric asintió lentamente. —Había alguien. Un tipo que Samantha conocía, creo. La ayudaba con su investigación sobre Helena. Ella lo llamaba “el chico de los archivos”.

Carter lo miró fijamente. —¿Recuerdas su nombre?

—No… pero estudiaba en la universidad. Dijo que estaba haciendo prácticas.

El detective tomó nota. —Si ese hombre tenía acceso a los registros de Helena, también pudo tener acceso a los de Margaret. Y quizá a los informes médicos.

Eric frunció el ceño. —¿Crees que él la mató?

Carter no respondió. Afuera, el cielo se oscurecía de nuevo. Desde la ventana, creyó distinguir una figura de pie frente al puerto, bajo la lluvia. Miraba hacia la cafetería.

Cuando parpadeó, ya no estaba.

—No lo sé todavía —murmuró—. Pero alguien está asegurándose de que no lo descubramos.

Esa noche, mientras regresaba al hostal, Carter se detuvo antes de subir las escaleras. Sobre el felpudo había un sobre empapado. Dentro, un papel mecanografiado:

“El chico de los archivos también tiene secretos. Cuidado a quién escuchas.”

Carter levantó la vista hacia la calle desierta. Las luces del puerto titilaban en la distancia.

Sabía que alguien lo estaba siguiendo, jugando con sus pasos como si fueran piezas de un tablero.

Y lo peor de todo era que, cada vez más, parecía ir perdiendo la partida.



#305 en Detective
#300 en Thriller
#102 en Suspenso

En el texto hay: #suspense, #asesinato, #crimen

Editado: 17.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.