Las Sombras de Raven's Bay

Capítulo 30

El viento arrastraba un olor a lluvia vieja cuando Carter aparcó frente a la universidad de Raven’s Bay. El edificio de piedra, con sus ventanales góticos y pasillos silenciosos, parecía más un museo que un lugar de estudio. Hacía años que había perdido parte de su prestigio, pero sus muros seguían guardando secretos.

Llevaba consigo una nota arrugada donde había escrito el nombre que Eric le había dado: “el chico de los archivos”. Sin apellidos, sin descripción, solo eso. Pero era suficiente para empezar.

En la recepción, una mujer de cabello gris lo recibió con un gesto amable.

—¿Puedo ayudarle?

—Busco a alguien que trabajó aquí hace unos años, en el departamento de archivo. Era estudiante o becario, no lo sé con exactitud.

La mujer asintió pensativa. —Podría revisar los registros antiguos. A veces tenemos voluntarios para catalogar documentos.

Mientras ella consultaba una base de datos, Carter observó los pasillos vacíos. Los ecos de sus pasos parecían multiplicarse. Había algo inquietante en aquel silencio institucional, como si cada rincón ocultara conversaciones que nunca debieron oírse.

—Aquí está —dijo la mujer finalmente—. Un estudiante llamado Ethan Moore colaboró como asistente de archivo durante dos semestres.

Carter sintió una punzada en el pecho.

—¿Ethan Moore?

—Sí. Estudiante de historia contemporánea. Muy aplicado, según las notas del profesor Ellwood.

Marcus Ellwood. Otra vez su nombre.

—¿Podría ver el registro completo? —preguntó.

La mujer dudó. —No suelo permitirlo, pero si es por una investigación policial…

Le mostró la pantalla. Había varias entradas con fechas, horarios y firmas. Entre ellas, Carter notó una serie de préstamos de documentos relacionados con el hospital de Raven’s Bay y con la familia Ellwood.

Ethan había tenido acceso directo a los informes médicos.

Carter se inclinó hacia la pantalla. —¿De qué trataba ese proyecto?

—De casos médicos y su tratamiento ético —respondió—. El profesor Ellwood preparaba un seminario sobre la relación entre doctores y pacientes. Según los registros, Helena Morris fue una de las colaboradoras externas.

El detective frunció el ceño. —¿Una estudiante colaborando con su profesor en un tema médico?

—No era raro —dijo la mujer, bajando la voz—. Ellwood tenía reputación de ser… cercano a sus alumnas.

Carter pidió ver los documentos del proyecto. Ella vaciló, pero accedió a imprimirle algunas páginas escaneadas: listas de pacientes, notas de campo y transcripciones. Nada demasiado explícito, pero entre los nombres reconoció uno que lo heló por dentro: Margaret Ellwood.

—¿Por qué hay un caso de la esposa del profesor en estos archivos? —preguntó.

—No lo sé. Tal vez fue un error —respondió ella, incómoda—. O quizá la usó como ejemplo teórico, si tenía permiso.

Carter sabía que no lo tenía.

Carter la agradeció y salió al pasillo. No llegó a dar diez pasos cuando el sonido metálico de un archivador cayendo lo hizo volverse. El pasillo estaba vacío, pero una puerta al fondo se movía lentamente, como si alguien acabara de entrar...

Sacó su linterna y avanzó. La puerta daba a una sala de registros. Dentro, los estantes se alzaban como muros, llenos de carpetas etiquetadas con números y fechas.

En una de ellas, garabateado con bolígrafo azul, se leía:

“Paciente estable. Dosis ajustada sin registrar. Revisar antes de archivar.”

Eran las mismas palabras que Marjorie había mencionado en su conversación.

Carter las fotografió con su móvil y se enderezó. Al hacerlo, percibió una sombra cruzar el extremo del corredor.

—¿Hola? —llamó.

No obtuvo respuesta.

Solo alcanzó a ver una figura alta saliendo por la puerta lateral hacia el patio.

Carter corrió hacia allí, pero cuando salió al patio, la lluvia caía con fuerza y no había rastro de nadie.

Cuando se disponía a irse, el teléfono vibró. Era Eric.

—John, tienes que venir. Estoy en el muelle. Encontré algo que puede ayudarte.

—¿Qué es?

—Una carta. Alguien la dejó en mi buzón. Habla de Samantha… y de Helena.

—Voy enseguida —respondió Carter.

Guardó los papeles y salió bajo la lluvia. Pero al llegar al coche, sintió una punzada en la nuca, esa sensación conocida que no lo había abandonado desde hacía días. Giró lentamente y miró hacia la entrada de la universidad.

Una figura lo observaba desde el pórtico, bajo un paraguas negro. No se movía, no intentaba esconderse. Solo lo miraba.

Carter entrecerró los ojos, pero antes de que pudiera acercarse, el desconocido —o desconocida— se dio media vuelta y desapareció entre la niebla.

Arrancó el coche con el corazón acelerado. El limpiaparabrisas golpeaba con furia, y las luces de la carretera parecían fantasmas que lo seguían.

Cuando llegó al muelle, Eric lo esperaba empapado, sosteniendo un sobre.

—Lo encontré esta mañana —dijo—. No había remitente.

Carter lo abrió con cuidado. Dentro había una hoja mecanografiada, igual que las anteriores.

“Samantha sabía demasiado. Ella también vio el informe.”

Carter frunció el ceño. —¿El informe de Margaret?

Eric se encogió de hombros. —No lo sé. Pero si se refería al de Margaret…

El detective guardó silencio. En ese momento, un coche pasó lentamente junto al muelle. Gris. Luces traseras rotas.

Eric se giró. —¿Viste eso?

Carter asintió. —Sí. Lo sigo viendo en todas partes.

—¿Crees que nos están vigilando? —preguntó el joven.

Carter lo miró fijamente. —No, Eric. No nos están vigilando. Nos están guiando.

Eric lo observó confundido.

—¿Guiando? ¿Hacia qué?

Carter exhaló, mirando la hoja empapada en sus manos.

—Hacia la verdad… o hacia una trampa.

De regreso al hostal, dejó la copia del registro sobre la cama. Las firmas, los nombres, las fechas… todo coincidía. Ethan Moore había trabajado en los archivos. Había tenido acceso a los informes de Margaret y de Helena. Y, lo más importante, había estado con Samantha antes de su muerte.



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En el texto hay: #suspense, #asesinato, #crimen

Editado: 17.01.2026

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