Las Sombras de Raven's Bay

Capítulo 36

La lluvia golpeaba los ventanales del hospital con un ritmo constante cuando Carter regresó a la habitación de Ethan.

Dos policías vigilaban la puerta.

—Nadie entra sin autorización —dijo uno de ellos.

Carter asintió y entró.

Ethan seguía inconsciente, pero su respiración era más estable. El médico revisaba el monitor.

—Ha tenido suerte —dijo el doctor—. Si hubieran tardado unos minutos más en entrar, probablemente habría muerto.

Carter frunció el ceño.

—¿Está seguro de que alguien entró?

—La enfermera vio la puerta abierta cuando pasó por el pasillo. Y Ethan estaba intentando quitarse la máscara de oxígeno… como si alguien hubiera estado manipulándola.

Carter miró la habitación.

Demasiado ordenada. Demasiado limpia.

—¿Cámaras? —preguntó.

El médico señaló el pasillo.

—Solo fuera de las habitaciones.

Minutos después, Carter estaba en la pequeña sala de seguridad del hospital.

Un guardia avanzaba la grabación.

—Aquí, a las 2:17 de la madrugada.

En la pantalla apareció una figura caminando por el pasillo. Llevaba una sudadera con capucha y mascarilla.

—¿Se ve la cara?

—No.

La figura se detuvo frente a la habitación de Ethan.

Miró a ambos lados.

Y entró.

Carter sintió un escalofrío.

—¿Cuánto tiempo estuvo dentro?

El guardia revisó el reloj.

—Treinta segundos… quizá cuarenta.

—¿Y después?

La grabación continuó.

La persona salió con calma y desapareció por las escaleras de emergencia.

—¿Se sabe quién entró por esa puerta?

—No. Esa salida da al aparcamiento trasero.

Carter suspiró. Otra sombra. Otro fantasma.

Al salir del hospital, encontró a Steven esperándolo junto a su coche.

—¿Alguna novedad? —preguntó.

—Intentaron matarlo otra vez.

Steven abrió los ojos con sorpresa.

—¿En el hospital?

—Sí.

—Eso significa que Ethan sabe algo.

—Exactamente.

Steven guardó silencio unos segundos.

—Tal vez por eso lo atropellaron.

Carter lo observó.

—Tal vez.

Esa tarde Carter decidió volver a hablar con Emma.

La encontró en su casa, más nerviosa que nunca.

—¿Otra vez alguien te vigila? —preguntó Carter.

Emma dudó.

—No… pero sigo teniendo esa sensación.

—¿Qué sensación?

—Que alguien sabe todo lo que decimos.

Carter pensó en las cartas anónimas.

En las advertencias.

En el atropello.

—Emma —dijo finalmente—. Necesito que seas sincera conmigo.

—Lo soy.

—¿Seguro?

Ella lo miró, casi ofendida.

—Sí.

Carter respiró hondo.

—¿Dónde estabas exactamente el día que murió Samantha?

—Te lo dije. De viaje con mis primos.

—¿Puedes probarlo?

Emma fue hasta una cómoda y sacó un viejo sobre.

—Fotos. Billetes. Reservas del hotel.

Carter revisó las fechas.

Todo coincidía.

Emma no mentía.

O al menos, no en eso.

Cuando Carter salió de la casa, su teléfono vibró.

Era Clara.

—John… tenemos que hablar.

—¿Sobre qué?

—Sobre Ethan.

—¿Qué pasa con él?

—No creo que esté diciendo la verdad.

Carter frunció el ceño.

—Está medio muerto en un hospital.

—Precisamente. —Clara bajó la voz—. Si alguien intentó matarlo, tal vez es porque tiene miedo de que confiese.

—¿Confesar qué?

—Que él mató a Samantha.

Carter la miró en silencio.

—¿Por qué estás tan segura?

Clara dudó.

—Porque siempre estuvo obsesionado con ella.

—Eso ya me lo dijiste.

—Y porque… —Clara se detuvo—. El día que Samantha murió, Ethan discutió con ella.

Carter sintió que algo no encajaba.

—¿Por qué no lo dijiste antes?

—No quería meterme en problemas.

Esa noche Carter regresó al hostal agotado.

Encendió la lámpara de la habitación y abrió su libreta.

Escribió varios nombres.

Ethan.

Clara.

Emma.

Eric.

Y debajo de todos ellos, otro nombre.

Steven.

Lo miró unos segundos.

Steven había aparecido justo cuando el caso empezaba a moverse.

Siempre tenía una explicación.

Siempre estaba dispuesto a ayudar.

Demasiado dispuesto.

Carter cerró la libreta.

Tal vez estaba viendo fantasmas donde no los había.

O tal vez…

Estaba empezando a mirar en la dirección correcta.

A la mañana siguiente, la policía llegó a casa de Ethan con una orden de registro.

Un agente salió minutos después sosteniendo una pequeña bolsa de pruebas.

Dentro había un pasador dorado.

Carter lo reconoció al instante.

Era de Samantha.

—¿Dónde estaba? —preguntó.

—En el cajón de su escritorio.

El inspector Reeves suspiró.

—Creo que ya tenemos a nuestro asesino.

Pero Carter no respondió.

Algo no encajaba.

Demasiadas pistas apareciendo de repente.

Primero la bufanda.

Ahora el pasador.

Era como si alguien estuviera construyendo cuidadosamente la culpabilidad de Ethan.

—No —murmuró Carter.

—¿Qué dices? —preguntó Reeves.

Carter levantó la mirada.

—Digo que esto es demasiado perfecto.

Aquella noche, mientras caminaba hacia su coche, Carter escuchó el rugido de un motor.

Giró la cabeza.

Un coche apareció de repente en la calle, acelerando hacia él.

Durante una fracción de segundo pensó que iban a atropellarlo.

Pero el coche pasó de largo.

Demasiado rápido.

Demasiado cerca.

Carter se quedó inmóvil en la acera.

Mirando las luces rojas desaparecer en la oscuridad.

No había sido un accidente.

Era una advertencia.



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En el texto hay: #suspense, #asesinato, #crimen

Editado: 18.03.2026

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