Las Sombras de Raven's Bay

Capítulo 38

Carter encontró a Eric en el muelle, en el mismo lugar donde solía sentarse con Samantha.

—Necesito tu ayuda —dijo sin rodeos.

Eric lo miró sorprendido.

—¿En qué?

Carter dudó un instante, pero luego fue directo.

—Quiero que vigiles a Clara.

El rostro de Eric se tensó.

—¿Clara? ¿Por qué?

—Porque me está ocultando algo.

Eric bajó la mirada, pensativo.

—Siempre pensé que había algo raro en ella.

Carter alzó la vista.

—¿Desde cuándo?

—Desde antes de que Samantha muriera. —Eric apretó los labios—. Nunca me gustó cómo la miraba a veces… como si quisiera ocupar su lugar. Pero Samantha confiaba en ella, y no quise meterme.

Carter sintió que algo encajaba aún más.

—Os he visto muy unidos últimamente.

—Carter, ella me buscaba, le hablaba por su amistad por Samantha, pero sabía desde hace años lo que ella sentía por mí y lo celosa que estaba de Samantha.

Carter, dudó un momento... pero necesitaba ayuda.

— Necesito que lo hagas, que vigiles a Clara.

Eric asintió lentamente.

—¿Qué quieres que busque?

—Todo. A dónde va, con quién habla… especialmente si vuelve a ver a Steven.

Eric lo miró fijamente.

—Si descubro algo… ¿Quieres que te lo diga a ti o a la policía?

Carter no dudó.

—A mí.

Eric se pasó una mano por la nuca, como si el peso de lo que acababa de aceptar le cayera de golpe encima.

—No soy detective, Carter. Ni siquiera sé si soy bueno mintiendo. Si Clara me ve siguiéndola…

—No tienes que seguirla como en las películas. —Carter habló más bajo, aunque no había nadie más en el muelle a esa hora—. Solo… estate atento. Ella trabaja en la galería del centro los martes y jueves hasta tarde. Los viernes suele ir al café de la calle Harbor después. Y los fines de semana… no sé.

Eric lo miró con una mezcla de incredulidad y preocupación.

—¿Cuánto tiempo llevas notando esto?

—Unas semanas. Tal vez más. —Carter apartó la vista hacia el agua negra que golpeaba suavemente los pilares—. Últimamente, la he notado muy rara, evasiva con todas las preguntas que le he hecho, niega una amistad con Steven. Pero luego vi el mensaje en su teléfono. No quise leerlo, solo… estaba ahí. Steven. Solo su nombre y una hora. “Nos vemos donde siempre”.

Eric soltó el aire despacio.

—Steven. El mismo Steven que Samantha mencionó un par de veces antes de… —Se detuvo, como si pronunciar la palabra todavía le doliera—. ¿Crees que Clara y él…?

—No lo sé. —Carter apretó los puños dentro de los bolsillos de la chaqueta—. Pero si están viéndose, si ella sabe algo sobre lo que le pasó a Samantha y no me lo está diciendo… necesito saberlo antes de que sea demasiado tarde.

Hubo un silencio largo. Solo se oía el crujir de la madera vieja y el lejano sonido de una boya metálica.

Eric finalmente habló, con voz más baja.

—Está bien. Lo haré. Pero con una condición.

Carter giró la cabeza hacia él.

—¿Cuál?

—Que si encuentro algo serio… algo que pueda ponerte en peligro o que signifique que Clara está metida en algo más grande… no vas a ir tú solo a confrontarla. Me lo dices a mí primero. Y decidimos juntos qué hacer.

Carter dudó solo un segundo.

—Trato hecho.

Eric se levantó del banco de madera gastada. Se ajustó la capucha de la sudadera contra el viento frío que empezaba a levantarse del mar.

—Mañana es jueves. Estaré en la galería alrededor de las siete, fingiendo que miro las pinturas nuevas. Si sale con alguien, te aviso. Si no… también.

Carter asintió. Se puso de pie también, pero no se movió.

—Gracias, Eric. Sé que no es fácil pedírtelo.

—No lo es. —Eric lo miró directamente a los ojos—. Pero si alguien le hizo daño a Sam… y si Clara tiene algo que ver… quiero saberlo tanto como tú.

—Ten cuidado, no te vaya a pasar lo mismo que a Ethan.

— Tranquilo, procuraré que no me descubran.

Se dieron un apretón breve de manos. Luego Eric se alejó por el muelle, su silueta recortándose contra las luces lejanas del puerto.

Carter se quedó solo un rato más, mirando el agua oscura. Sentía el mismo frío que cuando encontró el cuerpo de Samantha, años atrás. Pero esta vez había algo nuevo debajo: una certeza afilada, como el filo de un cuchillo que aún no sabes quién empuña.

Mañana empezaría la vigilancia. Y algo le decía que lo que encontraran no iba a ser fácil de olvidar.



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Editado: 08.04.2026

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