Las Sombras de Raven's Bay

Capítulo 39

Eric no estaba seguro de por qué había aceptado.

Quizá por Samantha.

Quizá por la necesidad de saber la verdad.

O quizá porque, en el fondo, siempre había desconfiado de Clara… y nunca tuvo el valor de admitirlo.

La noche había caído sobre Raven’s Bay, cubriendo el puerto con una niebla espesa que lo envolvía todo en un silencio inquietante.

Eric observaba desde el interior de su coche, aparcado a unos metros de la casa de Clara.

Las luces estaban encendidas.

Miró el reloj.

21:47.

Nada.

Solo la luz cálida filtrándose por las cortinas.

Se pasó una mano por el rostro.

—Esto es una locura… —murmuró.

Pero entonces la puerta se abrió.

Clara salió.

Llevaba su abrigo claro y caminaba rápido, mirando a ambos lados de la calle antes de cerrar con llave.

Eric se incorporó en el asiento.

Algo no iba bien.

Encendió el motor con cuidado y la siguió a distancia.

Clara no fue hacia el centro del pueblo.

Tomó el camino del puerto.

El mismo.

El maldito mismo puerto.

Eric apretó el volante con fuerza.

Los recuerdos lo golpearon sin avisar.

Samantha riendo.

Samantha caminando delante de él.

Samantha… desapareciendo.

Sacudió la cabeza.

No era momento para eso.

Se mantuvo a distancia mientras Clara avanzaba por el paseo marítimo.

El viento soplaba fuerte, levantando mechones de su cabello.

No se detenía.

Sabía a dónde iba.

Eso fue lo que más inquietó a Eric.

No estaba dudando.

No estaba paseando.

Iba a un sitio concreto.

Clara se detuvo cerca de los antiguos almacenes.

Los mismos donde Carter la había visto.

Eric apagó el motor.

Observó desde la distancia.

Clara miró a su alrededor.

Nerviosa.

Inquieta.

Y entonces… alguien apareció.

Una figura saliendo de la oscuridad.

Alta. Oscura.

Eric sintió un escalofrío.

No podía ver bien su rostro, pero no hacía falta.

Sabía quién era.

Steven.

Eric entrecerró los ojos.

—¿Qué demonios…?

Se inclinó un poco hacia adelante, intentando escuchar algo.

Pero el viento se llevaba las palabras.

Solo veía gestos.

Clara hablaba rápido.

Steven la escuchaba… tranquilo.

Demasiado tranquilo.

En un momento, Clara dio un paso atrás.

Como si dudara.

Steven se acercó, le dijo algo.

Y entonces ocurrió.

Clara asintió lentamente.

Como si no tuviera otra opción.

El estómago de Eric se encogió.

Aquello no era una conversación casual.

Era… un acuerdo.

Eric salió del coche sin pensarlo.

Necesitaba oír algo, cualquier cosa.

Se movió entre las sombras, acercándose con cuidado.

El suelo crujía bajo sus pasos.

Demasiado ruido, demasiado cerca.

Se detuvo, apenas unos metros.

—…no puedo seguir haciendo esto —escuchó decir a Clara.

Su voz era baja, tensa.

—Ya es tarde para eso —respondió Steven.

El tono era suave.

Pero había algo frío en él.

Algo que hizo que Eric sintiera un nudo en la garganta.

—Carter está empezando a sospechar —añadió Clara.

Silencio, luego una risa breve.

—Déjalo —dijo Steven—. Ya se encarga Ethan de mantenerlo ocupado.

Eric sintió que el pulso se le disparaba.

Ethan.

¿Entonces…?

—¿Y si habla? —preguntó Clara.

Steven no respondió de inmediato.

Y cuando lo hizo, su voz fue apenas un susurro.

—No lo hará.

Eric dejó de respirar por un segundo.

No lo hará.

Las palabras resonaron en su cabeza como un disparo.

Un ruido seco, pequeño, pero suficiente.

Eric miró hacia abajo.

Había pisado una rama.

Maldita sea, alzó la vista. Demasiado tarde.

Steven ya lo estaba mirando.

Directamente.

Sus ojos se clavaron en los suyos en la oscuridad.

Y por un instante… sonrió.

Una sonrisa leve, tranquila.

Como si ya supiera que estaba allí.

—Corre —susurró Clara.

Eric no lo dudó.

Se giró y echó a correr.

El corazón le golpeaba con fuerza en el pecho.

Escuchó pasos detrás de él.

¿O era su imaginación?

No lo sabía, no quería saberlo, solo correr.

Llegó al coche, abrió la puerta de golpe y arrancó.

Las ruedas chirriaron al salir.

No miró atrás.

No quería ver si alguien lo seguía.

No se detuvo hasta llegar a casa.

Cerró la puerta de un portazo y apoyó la espalda contra ella, jadeando.

Las manos le temblaban.

—Dios… —susurró.

Clara, Steven, Ethan.

Todo encajaba de una forma horrible.

Sacó el teléfono con manos temblorosas.

Marcó el número de Carter.

—¿Eric? —respondió al segundo tono.

—Tenemos un problema —dijo, sin aliento—. No es Ethan.

Silencio.

—¿Qué has visto?

Eric tragó saliva.

—He visto a Clara… con Steven. Están juntos en esto.

Otro silencio más pesado.

—¿Estás seguro? —preguntó Carter.

—Los escuché —respondió Eric—. Están ocultando algo. Y creo que Ethan lo sabía.

Carter no respondió de inmediato.

—Quédate donde estás —dijo finalmente—. Voy para allá.

Eric asintió, aunque Carter no podía verlo.

Colgó y entonces lo notó: un sonido afuera en la calle, lento, metálico.

Como una puerta de coche cerrándose.

Eric se quedó inmóvil.

El corazón volvió a acelerarse.

Se acercó lentamente a la ventana.

Y apartó la cortina apenas unos centímetros.

Había un coche.

Aparcado frente a su casa.

Con las luces apagadas.

Y alguien dentro.

Observando.

Eric sintió que el corazón se le detenía por un segundo.
El teléfono vibró en su mano con un mensaje nuevo.
Número desconocido.
Solo tres palabras:
“Buenas noches, Eric.”



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En el texto hay: #suspense, #asesinato, #crimen

Editado: 08.04.2026

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