Eric se apartó de la ventana como si le hubieran quemado.
El mensaje seguía brillando en la pantalla:
“Buenas noches, Eric.”
No había remitente. Solo esas tres palabras y un número desconocido.
Se le revolvió el estómago. Miró de nuevo hacia la calle. El coche negro seguía allí, inmóvil, con la silueta apenas visible tras el volante. No se movía. Solo observaba.
El teléfono volvió a vibrar. Otro mensaje:
“Si llamas a la policía, Ethan no llegará a mañana.”
Eric sintió que le faltaba el aire. Ethan. El mismo nombre que había escuchado en el puerto.
El mismo que Steven y Clara querían usar como chivo expiatorio.
Recordó lo que Carter le había contado semanas atrás:
— Ethan había estado con Samantha la noche que desapareció, y Ethan fue la última persona que la vio con vida. Perfecto para culparlo. Demasiado perfecto.
Un golpe en la puerta lo hizo saltar.
—¡Eric! Soy yo, abre.
La voz de Carter. Eric corrió el cerrojo con manos temblorosas.
Carter entró rápidamente, cerró la puerta y echó la llave. Llevaba la chaqueta mojada por la niebla y los ojos inyectados en preocupación.
—¿Qué demonios ha pasado? Cuéntamelo todo, desde el principio.
Eric se pasó las manos por el pelo, aún agitado.
—Seguí a Clara hasta los almacenes del puerto viejo. Se reunió con Steven. Los escuché… Carter, creo que ellos mataron a Samantha. Los dos. Clara lo dijo casi abiertamente. Dijo que no podía seguir haciendo esto. Steven le contestó que ya era tarde para echarse atrás.
Carter se quedó muy quieto.
—¿Y Ethan?¿qué tiene que ver en todo esto?
—Quieren culparlo a él. Dijeron que “Ethan ya no es problema” y que tú estabas dando vueltas en círculos. Steven mencionó que se encargaría de que siguieras así. Y ahora…
Eric le mostró los mensajes—. Amenazan con matarlo si hablo con la policía. Ethan está en el hospital, ¿verdad? Atropellado.
Carter asintió lentamente, la mandíbula tensa.
—Lo atropellaron hace cinco días. Dicen que fue un accidente, pero el coche se dio a la fuga. Ethan estaba mejorando… hasta hace tres días, alguien intentó matarlo.
Eric soltó una risa amarga, sin humor.
—Claro que sí. —Ethan estuvo con ella esa noche…
—Lo sé. Por eso lo están usando.
Carter se acercó a la ventana y miró con cuidado entre las cortinas. El coche negro seguía allí.
—Nos están vigilando —murmuró—. A los dos.
Eric se dejó caer en el sofá, exhausto.
—¿Qué hacemos? No podemos ir a la policía todavía. Si lo hacemos, matan a Ethan. Y si no hacemos nada… seguirán tapando lo de Samantha.
Carter se quedó en silencio un largo rato, mirando la oscuridad de la calle. Cuando habló, su voz sonó fría, decidida.
—Mañana lo saco de aquí.
—¿Cómo?
—Déjamelo a mí.
Eric lo miró con incredulidad.
—¿Y Clara? ¿Vas a seguir confiando en ella como si nada?
Carter apretó los puños.
—No estamos seguros de que Clara participara directamente en la muerte de Samantha.
—Hasta que tengamos pruebas… no podemos arriesgarnos.
Se giró hacia Eric, con los ojos brillando de rabia contenida.
—Ellos creen que nos tienen controlados. Que tenemos miedo. Usemos eso. Que sigan confiados. Mientras tanto, buscamos la manera de demostrar que Steven y Clara estaban juntos esa noche… y que Samantha nunca llegó a casa porque ellos la detuvieron.
—Carter, ¿crees también que Steven tuvo algo que ver con la muerte de Helena y su tío Marcus?
—Todo es posible.
Eric asintió, aunque el miedo aún le apretaba el pecho.
—Está bien. Pero Carter… esa sonrisa de Steven cuando me vio. No era de sorpresa. Era como si ya supiera que yo estaba allí. Como si todo formara parte de un plan más grande.
Carter no respondió. Solo miró una vez más hacia el coche negro en la calle.
—Entonces tendremos que ser más listos que ellos.
Fuera, la niebla se espesaba. Dentro de la casa, el silencio se volvió pesado, cargado de secretos y de la promesa de una confrontación que ya no se podía evitar.
En el hospital, a varios kilómetros de allí, las máquinas que mantenían vivo a Ethan pitaban con ritmo lento y constante… ajenas al hecho de que alguien, en algún lugar, había decidido que nunca despertara.
Editado: 08.04.2026