Las Sombras de Raven's Bay

Capítulo 43

La casa de Ethan estaba envuelta en un silencio opresivo.

Carter se detuvo unos segundos frente a la puerta, observando el precinto policial roto y colgando de un lado.

—¿La policía ya ha pasado por aquí? —preguntó Eric en voz baja.

—Sí… pero esto no lo han hecho ellos.

Empujó la puerta. El crujido de la madera resonó como un aviso.

El interior olía a cerrado y a algo más: a prisa, a miedo, a alguien que había estado revolviendo recientemente.

A simple vista todo parecía en orden, pero los detalles traicionaban la verdad: un cajón mal cerrado, una silla ligeramente desplazada, un libro tirado en el suelo.

—Alguien ha estado aquí —murmuró Carter—. Y no hace mucho.

—No me gusta esto —dijo Eric.

—A mí tampoco.

Fueron directamente a la habitación. La cama estaba deshecha, ropa tirada por todas partes y papeles esparcidos sobre la mesilla.

Carter empezó a revisar con rapidez: cajones, estanterías, armario. Nada. Hasta que lo vio.

Un cuaderno negro asomaba parcialmente bajo la cama.

Se agachó y lo sacó.

—¿Qué es eso? —preguntó Eric.

Carter lo abrió. Las primeras páginas eran normales: pensamientos sueltos, fechas, anotaciones sin importancia. Pero la letra cambiaba de repente. Se volvía nerviosa, irregular, casi desesperada.

Pasó las páginas hasta detenerse en una entrada clave. Leyó en voz baja:

—No debería haber contestado esa llamada. Samantha me llamó muy nerviosa. Me dijo que fuera con ella al acantilado, que quería saber la verdad sobre Helena.

Eric se acercó más.

—Helena…

Carter siguió leyendo:

—Samantha recibió una llamada, pero no quiso decirme de quién era. Estaba nerviosa, distante. Intenté detenerla, le dije que no fuera sola, pero no me escuchó.

Pasó la página. El papel estaba arrugado, como si lo hubiera escrito con prisa.

—Fui con ella. Cuando llegamos no había nadie. Me alejé un momento al coche y, al regresar, escuché voces. No estaba sola.»

Carter sintió un nudo en el estómago. Siguió leyendo:

—Había alguien con ella. No pude ver bien su cara, todo estaba oscuro, pero escuché su voz. Entonces oí gritar a Samantha. Corrí hacia ella… y ya no estaba. Solo vi una figura saliendo corriendo entre las sombras.»

La frase terminaba bruscamente. La página siguiente había sido arrancada. Varias hojas más también faltaban.

—Joder… —Susurró Eric—. Alguien ya estuvo aquí y sabía exactamente qué buscar.

Carter siguió pasando las páginas que quedaban. La última entrada estaba escrita con tinta corrida, la letra temblorosa:

—Tuve que mentir a la policía. Tenía miedo de que me culparan. Durante años intenté olvidar esa voz… hasta que hace unos meses la volví a escuchar. El asesino de Samantha había vuelto. Está más cerca de lo que pensamos. Si algo me pasa… no confíes en nadie y menos…

La página terminaba cortada de nuevo. El resto había desaparecido.

El silencio en la habitación se volvió asfixiante.

Eric dio un paso atrás.

—¿Quién crees que es?

Carter cerró el cuaderno con fuerza.

—Ethan no dijo toda la verdad aquella noche. Escuchó al asesino… pero alguien se encargó de que nunca pudiera contarlo completo.

Un ruido seco sonó en el piso de abajo.

Ambos se quedaron congelados.

—¿Has oído eso? —susurró Eric.

Carter asintió. Otro ruido: una puerta abriéndose lentamente.

Hizo un gesto para que Eric guardara silencio. Sacó el móvil y bajó el primer escalón, luego otro, con el corazón latiéndole con fuerza.

Llegó al salón. Estaba vacío. La puerta principal se balanceaba suavemente, movida por el viento… o por alguien que acababa de salir.

Carter corrió hacia fuera. La niebla era tan densa que apenas se veía a unos metros.

A lo lejos, una figura oscura se alejaba caminando con calma, sin prisa.

—¡Eh! —gritó Carter.

La silueta no se detuvo. Simplemente se fundió entre la niebla y desapareció.

Carter se quedó inmóvil, respirando con dificultad. No había sido un ladrón cualquiera. Habían llegado tarde… otra vez.

Volvió dentro y cerró la puerta con fuerza.

Miró el cuaderno que aún tenía en las manos.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Eric.

Carter levantó la vista, fría y decidida.

—Ir al acantilado.

Eric lo miró en silencio.

—Ahí empezó todo —añadió Carter—. Y quizá ahí termine.

Fuera, la niebla envolvía Raven’s Bay como un sudario.

Y en algún lugar, oculto entre las sombras, alguien sonreía.



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En el texto hay: #suspense, #asesinato, #crimen

Editado: 08.04.2026

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