Steven se alejó unos pasos por el pasillo del hospital, fingiendo buscar un poco de aire. La luz blanca de los fluorescentes le confería un aspecto casi etéreo. Desde su posición podía observar sin ser observado del todo: Carter seguía clavado frente a las puertas del quirófano; Eric no paraba de moverse, nervioso.
—Que sigan así —pensó. —El miedo los hace predecibles.
Todo había empezado a descontrolarse cuando Carter decidió remover otra vez la muerte de Samantha por esa carta que recibió. Antes, los secretos de Raven’s Bay permanecían enterrados bajo capas de niebla y silencio. Pero ahora las piezas caían una tras otra.
El sonido de tacones rápidos lo sacó de sus pensamientos. Emma irrumpió en la sala de espera con el rostro desencajado y una maleta pequeña aún en la mano.
—¿Dónde está Clara? —preguntó casi sin aliento—. Me enteré de lo de Ethan anoche… y al llegar al pueblo me contaron lo de Clara. ¿Es verdad?
Eric fue el primero en acercarse y abrazarla brevemente.
—Emma… llegaste rápido.
—Conduje toda la noche. Cuando paré a echar gasolina, la mujer de la estación me dijo que habían atropellado a Clara delante de su casa. ¿Cómo está?
Carter respondió con voz grave:
—Acaba de salir del quirófano; está estable, pero crítica.
Emma se llevó una mano a la boca.
—Dios mío… Primero Samantha, luego Markus, Ethan… y ahora Clara. Todo esto empezó cuando tú volviste a investigar la muerte de Samantha, Carter. ¿No lo ves? Es demasiado sospechoso. Cada vez que se remueve el pasado, alguien termina muerto o luchando por su vida.
Eric intervino, la voz temblorosa:
—Emma tiene razón. Ethan sabía algo sobre la noche del acantilado. Clara estaba a punto de hablar. ¿Quién queda ahora? ¿Nosotros?
Emma miró a Eric, los ojos llenos de miedo.
—Exacto. Todos los que sabíamos algo del romance entre Markus y Helena estamos en peligro. Samantha lo descubrió. Ethan lo oyó. Clara estaba metida hasta el cuello. Yo hablé con Helena semanas antes de que desapareciera. Y ahora… Eric y yo nos sentimos como los siguientes en la lista.
Steven decidió que era su momento. Se acercó con paso calmado, el rostro compuesto en una máscara perfecta de preocupación.
—Emma… cuánto tiempo. Siento mucho que tengas que volver en estas circunstancias tan horribles.
Emma lo miró con evidente desconfianza.
—Steven.
Él levantó las manos en un gesto pacífico.
—Solo quiero ayudar. Todos estamos nerviosos. Primero Ethan, ahora Clara… es normal que empecéis a ver amenazas en todas partes.
Carter lo fulminó con la mirada.
—¿Amenazas en todas partes? Alguien intentó matar a Clara delante de mí. Y tú apareciste aquí demasiado rápido.
Steven suspiró, como si la acusación le doliera.
—Porque me preocupa, Carter. Igual que a vosotros. Pero acusarnos entre nosotros solo empeorará las cosas. Si realmente hay alguien borrando testigos, deberíamos unirnos, no señalar con el dedo.
Emma cruzó los brazos, temblando.
—Unirnos… Mientras los que conocíamos el affaire de tu tío Markus y Helena seguimos cayendo uno tras otro.
Eric asintió, pálido.
—Yo también tengo miedo. No quiero terminar como Ethan. Ni como Clara. Siento que nos observan todo el tiempo.
Steven los miró a los tres, uno por uno. Su expresión era de comprensión, pero por dentro saboreaba el pánico que emanaba de ellos.
—Entonces hagamos algo útil —propuso con voz suave—. Esperemos noticias del médico. Y mañana, quizás deberíamos hablar todos juntos. Sin acusaciones, solo hechos.
Carter no respondió. Solo lo miró fijamente, como si intentara leerle el alma.
Steven sostuvo esa mirada unos segundos más. Luego se giró y se alejó por el pasillo.
En cuanto dobló la esquina, sacó el teléfono y escribió un mensaje breve:
—Emma ya está aquí. Sabe lo de Markus y Helena. Mantén la presión. La próxima vez no fallaré.
Guardó el móvil. Una sonrisa fría, casi imperceptible, asomó a sus labios.
Raven’s Bay estaba podrido de secretos.
Y él se encargaría personalmente de que siguieran enterrados… aunque tuviera que añadir unos cuantos cuerpos más a la lista.
Editado: 30.04.2026