Las Sombras de Raven's Bay

Capítulo 48

La lluvia golpeaba los ventanales del hospital con una cadencia lenta y monótona, como dedos impacientes tamborileando sobre un ataúd. Carter llevaba más de una hora de pie frente a la habitación de Clara, observando cómo el monitor marcaba un ritmo débil pero constante. Eric dormitaba en una silla cercana, exhausto. Steven se había marchado hacía rato con la excusa de ir a cambiarse de ropa.

Pero Carter no podía quedarse quieto. Había algo que llevaba demasiado tiempo delante de sus narices. Un hilo común que unía todas las muertes.

Margaret.

Helena.

Samantha.

Ethan.

Todas tenían un mismo nombre al pie de los informes: el forense.

Una hora más tarde, Carter atravesaba el aparcamiento del hospital bajo la lluvia torrencial, camino al edificio forense de Raven’s Bay. El lugar estaba casi desierto a esas horas de la madrugada. Solo una luz permanecía encendida en el segundo piso: la oficina del doctor Leonard Hayes.

Carter empujó la puerta sin llamar.

Hayes levantó la vista, sobresaltado. El forense rondaba los sesenta años, con profundas ojeras y una expresión permanentemente agotada. Esa noche, sin embargo, su rostro mostraba algo más: miedo.

—Carter… —Intentó recomponerse—. No esperaba verte a estas horas.

—Necesito ver unos informes —dijo Carter, cerrando la puerta tras de sí. El sonido seco hizo que el forense tragara saliva.

—¿Ahora?

—Ahora.

Hayes se quitó las gafas con manos ligeramente temblorosas.

—¿Qué informes?

—Los de Margaret Ellwood, la mujer de Marcus. Los de Helena. Los del doctor Davenport. Los de Samantha… y los de Ethan Moore.

El silencio que siguió fue denso, casi tangible. Hayes parpadeó lentamente, demasiado lentamente.

—Son archivos antiguos… algunos ya están en el depósito central.

—Quiero verlos igual.

El forense se levantó con lentitud, como si cada movimiento le costara un esfuerzo enorme. Sobre su escritorio había varias carpetas abiertas y, parcialmente escondida debajo de una de ellas, una fotografía. Carter alcanzó a ver el rostro de Helena, más joven, sonriendo a la cámara.

Hayes reaccionó con rapidez y guardó la foto en un cajón.

—Conocías bien a Helena —afirmó Carter.

—Es un pueblo pequeño —respondió Hayes, evitando su mirada—. Todos nos conocemos.

—¿Y también conocías bien a Margaret?

El forense tensó la mandíbula.

—¿A qué quieres llegar exactamente, Carter?

Este apoyó ambas manos sobre el escritorio, inclinándose hacia delante.

—A que todas las personas relacionadas con Markus Ellwood están muertas o han sido atacadas. Y casualmente tú firmaste todos los informes.

El color abandonó el rostro de Hayes.

—Eso no significa nada.

—Quizá no —admitió Carter—. Pero Helena estaba embarazada cuando murió. Tu informe hablaba de un posible aborto, aunque no había pruebas concluyentes.

—Eso no es… —Hayes se detuvo, respirando con dificultad—. No es cierto.

—Entonces enséñame los análisis completos. Los originales.

La lluvia golpeaba con más fuerza los cristales. Hayes se pasó una mano temblorosa por la frente.

—Carter… estás obsesionándote con esto.

—Y tú estás nervioso.

El forense apartó la mirada.

—Margaret no murió por su enfermedad, ¿verdad? —presionó Carter.

Hayes cerró los ojos un instante.

—No deberías remover ciertas cosas.

—Eso sonó más a advertencia que a consejo.

Hayes lo miró entonces. Y por primera vez, su miedo no parecía dirigido a Carter, sino a alguien más poderoso.

—No entiendes en qué te estás metiendo —murmuró.

—Entonces explícamelo.

El forense negó con la cabeza.

—Ya es demasiado tarde.

Carter sintió un escalofrío.

—¿Steven sabe que estoy aquí?

El rostro de Hayes cambió apenas un segundo, pero fue suficiente. Carter lo captó.

El teléfono del forense vibró sobre la mesa. Ambos bajaron la vista al mismo tiempo.

La pantalla se iluminó con un mensaje:

“¿Está solo?”

El nombre del contacto era claramente visible antes de que Hayes cogiera el móvil con torpeza: Steven.

El silencio que siguió fue pesado, asfixiante. Hayes palideció. Carter retrocedió un paso, asimilando la realidad.

—Dime una cosa, doctor —murmuró Carter con voz fría y controlada—. ¿Cuántas autopsias falsas has firmado para esa familia?

Hayes no respondió. Sus manos temblaban visiblemente sobre el escritorio. A veces el silencio confesaba mucho más que las palabras.

Carter dio un paso atrás, sin apartar la mirada del forense.

—Esto no ha terminado, Hayes. Voy a encontrar los informes originales. Y cuando lo haga, todo esto se derrumbará. Incluyendo a Steven.

El forense lo miró con una mezcla de terror y resignación.

—Vete —susurró—. Mientras todavía puedas.

Carter salió de la oficina bajo la lluvia, con el corazón latiéndole con fuerza. Ya no eran solo sospechas. Era real.

Steven no solo estaba involucrado.

Tenía al forense en el bolsillo.

Y Carter acababa de ponerle un objetivo en la espalda.



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En el texto hay: #suspense, #asesinato, #crimen

Editado: 18.05.2026

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