Las Sombras de Raven's Bay

Capítulo 49

La tormenta había empeorado durante la madrugada. La lluvia azotaba los ventanales del hospital con furia, como si intentara entrar. Carter permanecía sentado frente a la habitación de Clara, con la mirada fija en la puerta cerrada. Llevaba más de una hora dando vueltas a lo mismo: los informes, las fechas manipuladas, las omisiones deliberadas. Si quería una orden judicial, necesitaba pruebas sólidas. Y no iba a ser fácil conseguirlas.

Eric apareció en la puerta con dos cafés en la mano. Tenía ojeras profundas y el rostro marcado por el cansancio.

—Sigues sin dormir —murmuró, ofreciéndole uno.

Carter aceptó el vaso sin apartar la vista de la habitación.

—Helena nunca abortó —dijo de pronto.

Eric se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Hayes mintió en el informe. Estoy casi seguro.

Eric frunció el ceño y se sentó a su lado.

—Pero Helena le confesó a Emma que Marcus la obligó…

—Eso creyó ella. Hace poco hablé con Marjorie Blake. Helena también se lo contó a ella y le entregó varios informes. Marjorie se los pasó al periodista Edward Lane.

El rostro de Eric palideció.

—Entonces… ¿Seguía embarazada cuando murió?

Carter asintió lentamente. Decirlo en voz alta hizo que la revelación pesara aún más.

—Dios… —Susurró Eric—. Entonces, Marcus…

—Y Hayes ayudó a cubrirlo.

Eric se dejó caer contra el respaldo de la silla.

—¿Y Steven?

Carter no respondió de inmediato. Esa era la pregunta que más le aterrorizaba contestar.

El sonido de unos pasos firmes interrumpió el silencio. Steven apareció al fondo del pasillo, traje oscuro impecable, cabello húmedo por la lluvia. Caminaba con esa calma antinatural que empezaba a resultar perturbadora.

—¿Alguna novedad? —preguntó, deteniéndose frente a ellos.

—Clara sigue inconsciente.

Steven bajó la mirada unos segundos, fingiendo preocupación.

—Espero que despierte pronto.

Carter lo observaba con atención. Cada palabra de Steven parecía cuidadosamente medida, como si estuviera interpretando un papel que dominaba a la perfección.

—¿Dónde estuviste anoche después de irte del hospital? —preguntó Carter de repente.

Eric levantó la vista, sorprendido. Steven, en cambio, apenas reaccionó.

—En casa.

—¿Toda la noche?

—Sí.

—¿Solo?

Hubo una pausa brevísima.

—Sí.

Carter sostuvo su mirada. El pasillo pareció quedarse sin aire durante unos segundos.

—Empiezas a hacer demasiadas preguntas, Carter —dijo Steven finalmente, con voz baja.

—Y yo empiezo a cansarme de las mentiras.

La tensión entre ambos se volvió casi eléctrica. Eric los observaba nervioso, como si temiera que en cualquier momento saltara una chispa.

—Carter… —Intentó intervenir.

Pero Carter no apartó los ojos de Steven.

—Helena no abortó.

Por primera vez, Steven perdió ligeramente la compostura. Un leve endurecimiento en la mandíbula. Suficiente para que Carter lo notara… y para que Steven supiera que lo había notado.

—No sé de qué hablas —respondió con frialdad.

—Claro que sí.

La lluvia golpeó con más fuerza los ventanales. Steven dio un paso más cerca.

—Deberías dejar descansar el pasado.

—El pasado sigue matando gente.

Steven sonrió, pero esta vez la sonrisa no tenía ni una gota de calidez. Era fría, peligrosa.

—A veces desenterrar ciertas cosas solo empeora todo.

Carter se acercó también, reduciendo la distancia.

—¿Eso te lo enseñó tu tío Marcus?

El silencio que siguió fue denso y oscuro. Eric sintió un escalofrío. Por primera vez, Steven parecía realmente enfadado.

—Ten cuidado, Carter —murmuró, casi en un susurro—. Mucho cuidado.

Dicho esto, siguió caminando por el pasillo y desapareció en la penumbra.

Eric soltó el aire que había estado conteniendo.

—Joder…

Carter seguía mirando el lugar por donde Steven se había ido.

—Está asustado.

—¿Steven? —preguntó Eric, incrédulo.

—Sí.

Y eso era precisamente lo que lo hacía más peligroso.

Horas más tarde, Carter regresó al edificio forense bajo la tormenta. La oficina del doctor Hayes estaba vacía, pero la puerta del archivo permanecía entreabierta. Eso era extraño.

Avanzó lentamente entre las estanterías metálicas repletas de expedientes. Margaret Ellwood. Helena. Samantha. Años de secretos acumulados.

Entonces la vio: una caja abierta sobre una mesa del fondo. Dentro había fotografías antiguas, informes médicos… y una ecografía. Carter la cogió con manos temblorosas. La fecha correspondía a dos semanas antes de la desaparición de Helena. Abajo, escrito a mano con tinta azul:

“Embarazo viable.”

Carter sintió que la sangre se le helaba. Helena nunca había abortado. Había mentido… o la habían obligado a mentir.

Un ruido a su espalda lo hizo girarse bruscamente.

Hayes estaba en la puerta, pálido, respirando con agitación y con aspecto completamente derrotado.

—No deberías haber encontrado eso —murmuró el forense.

Carter levantó lentamente la ecografía.

—¿Cuánto tiempo llevas mintiendo para esa familia?

Hayes cerró los ojos. Cuando los abrió, había un miedo profundo en ellos. Un miedo que no era solo por él.

—No entiendes quién es realmente Steven.



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En el texto hay: #suspense, #asesinato, #crimen

Editado: 30.05.2026

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