Las Sombras de Raven's Bay

Capítulo 54

La oscuridad de la casa era casi absoluta, solo rota por los relámpagos que iluminaban intermitentemente los rostros. Steven seguía sonriendo, con el arma medio oculta a un lado, disfrutando del control.
Eric, que había permanecido en silencio hasta ese momento, dio un paso adelante. Su rostro estaba deformado por la rabia y el dolor acumulado.
—Tú mataste a Samantha —dijo con voz temblorosa pero cargada de furia—. Fuiste tú. ¡Era la mujer que amaba y tú la tiraste al acantilado como si fuera basura!
Steven ladeó la cabeza, casi divertido.
—Samantha se volvió peligrosa, Eric. Descubrió cosas que no debía. Iba a destruirlo todo. Tuve que elegir: ella o yo.
—¡Hijo de puta! —gritó Eric, lanzándose contra Steven con los puños cerrados.
El forcejeo fue breve y violento. Steven lo esquivó con facilidad y le golpeó en el estómago con la culata del arma. Eric cayó de rodillas, jadeando.
—Patético —murmuró Steven—. Igual que Samantha. Siempre pensando que podíais vencerme.
En ese instante, el sonido de sirenas lejanas rompió la tormenta. Luces azules y rojas parpadearon a través de las ventanas.
—La policía —susurró Emma.
Steven sonrió entre dientes. Miró a Carter con odio puro.
—Esto no termina aquí.
Se movió con rapidez hacia la puerta trasera de la casa, desapareciendo en la oscuridad del jardín trasero antes de que nadie pudiera reaccionar. Carter corrió tras él, pero la lluvia y la vegetación lo hicieron imposible. Steven se había esfumado.
Minutos después, la policía irrumpió en la casa. Carter levantó las manos, mostrando su identificación.
—Steven Ellwood es el asesino —dijo con urgencia—. Intentó matarnos. Tiene que haber huido hacia el bosque o la carretera del acantilado.
Mientras los agentes comenzaban a registrar la casa y a tomar declaraciones, Carter recibió una llamada del hospital. Su sangre se heló al escuchar las palabras:
—Alguien ha intentado entrar en la habitación de Clara. Neutralizamos a un intruso, pero huyó. Llevaba ropa oscura y guantes.
—Steven —murmuró Carter.
Sin pensarlo dos veces, corrió hacia su coche bajo la tormenta.
—¡Carter! —gritó Eric desde la puerta.
—¡Quédate con Emma y habla con la policía! ¡Yo voy al hospital!
Condujo como un loco por la carretera mojada, derrapando en varias curvas. La lluvia apenas le permitía ver, pero su mente solo repetía una cosa: llegar a tiempo.
Cuando llegó al hospital, corrió por los pasillos ignorando las protestas de las enfermeras. Al doblar la esquina hacia la habitación de Clara, vio una figura oscura junto a la cama.

La habitación de Clara estaba en penumbras, solo iluminada por los monitores y los relámpagos ocasionales. Carter irrumpió justo a tiempo: Steven estaba inclinado sobre la cama, con una jeringuilla en la mano, listo para inyectar su contenido.
—¡Aléjate de ella! —gritó Carter.
Steven se giró con rapidez sobrenatural. En un movimiento fluido, sacó un cuchillo que llevaba oculto y se lanzó contra Carter. Los dos chocaron con violencia. La jeringuilla cayó al suelo. Un monitor se estrelló, llenando la habitación de chispas y pitidos de alarma.
Forcejearon contra la ventana. La lluvia azotaba el cristal con furia. Steven era más fuerte de lo que Carter esperaba. Lo empujó con brutalidad y logró abrir la ventana. El viento huracanado entró como un animal salvaje.
—Nunca debiste seguir investigando —gruñó Steven, con el cuchillo presionando el cuello de Carter—. Todo habría terminado limpio.
Carter le golpeó el rostro con el codo y consiguió girar la posición. Ahora era él quien tenía a Steven contra el marco de la ventana.
—¡Dime la verdad! —rugió Carter—. ¿Por qué empezaste a matar? ¿Por qué, Helena? ¿Por qué, Samantha? ¡Dímelo antes de que acabe esto!
Steven soltó una risa rota, sangrando por la boca. Sus ojos brillaban con una mezcla de locura y alivio extraño, como si finalmente se hubiera quitado un peso de encima.
—Porque nunca fui suficiente —confesó, con la voz entrecortada por el viento—. Marcus siempre fue el centro. El hombre importante. El que tenía la mujer enferma, la posición, el respeto. Yo solo era el sobrino. El que limpiaba sus errores. Cuando Helena se quedó embarazada… Supe que Marcus no quería ese niño. Así que le ayudé a ocultar su cuerpo y me gustó. Por primera vez sentí que yo controlaba algo.
Steven escupió sangre y continuó, casi con desesperación:
— La muerte de mi tía Margaret fue el primer asesinato de mi tío Marcus; iba a morir de todas formas, pero Marcus quería acelerar las cosas.

—Después de que lo que paso con Helena comprendí algo. Nadie controla nada... salvo quien está dispuesto a hacer lo necesario.
—Samantha iba a destruirnos.
—Ethan me vio.
—Markus quería sacrificarme para salvarse.
—Todos me obligaron a elegir.
Carter lo miró con horror y asco.
—Eres un monstruo.
Steven sonrió por última vez, una sonrisa torcida y rota.
—Tal vez. Pero al menos yo elegí mi destino. Tú solo has estado persiguiendo sombras.

Luego se acercó a Carter y le susurró al oído

—No vas a encerrarme, Carter.
Con un movimiento brusco y repentino, Steven se dejo caer voluntariamente, arrastrando a Carter con él. Ambos cayeron por la ventana del segundo piso.
El grito de Clara se escuchó dentro de la habitación.
Abajo, en el asfalto mojado del estacionamiento del hospital.
Carter abrió los ojos con dificultad. Sentía un dolor intenso en el brazo y las costillas, pero estaba vivo. Steven yacía debajo de él, en un charco de sangre que se mezclaba con la lluvia. Había caído de cabeza. Sus ojos aún estaban abiertos, mirando al cielo tormentoso.
Carter se quitó de encima de él.
Steven tosió sangre. Su voz era apenas un susurro agonizante.
—Diles… que nunca fui el monstruo. Solo… el que hizo lo necesario… para que nadie me quitara lo que era mío.
Sus ojos se quedaron fijos. El pecho dejó de moverse.
Steven estaba muerto.
Carter se dejó caer de espaldas sobre el asfalto frío, respirando con dificultad mientras la lluvia le lavaba la cara. Las sirenas se acercaban. Voces gritaban su nombre.
Eric y Emma que acababan de llegar fueron corriendo seguidos por guardias de seguridad y médicos. Clara, en la cama de la habitación del segundo piso, lloraba de alivio.
Todo había terminado.
Los secretos de Raven’s Bay —el embarazo de Helena, los asesinatos en cadena, la oscura ambición de Steven— finalmente salían a la luz bajo la tormenta.
Carter cerró los ojos, exhausto.
Samantha, Helena, Ethan, Margaret, Davenport… Al fin podían descansar.



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Editado: 30.05.2026

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