¿Crees que de verdad somos aterradoras? ¿Como en los cuentos de los hermanos Grimm? Sí, hablo de las brujas. Todo el mundo ha oído hablar de nosotras, y seamos sinceros, ¡no es precisamente por nuestras buenas obras! Dicen que nos portamos fatal: que si echamos mal de ojo, que si lanzamos maldiciones o que, de repente, te robamos al marido. ¡Sí, al tuyo! A ese, el de la barriga cervecera y adicto al mando de la tele. Como si no hubiera más hombres en el mundo, ¡mira qué suerte tener semejante joya en el piso de al lado!
Pero hablando en plata: ¡vaya fantasía tienen ustedes, señoras y señores!
Una bruja de verdad será como a ella le dé la gana ser. A mí me gusta tener los ojos verdes, aunque en realidad son amarillos, como los de una cabra. Y mi carácter es igual: ¡menuda joyita estoy hecha! Ahora mismo voy caminando y no sé dónde meter toda la rabia que llevo dentro.
¿Qué suelen hacer mis hermanas brujas si el marido se va de picos pardos? Entierran un cartílago de cerdo bajo un árbol con un conjuro y ¡listo!, a él solo le queda unirse al coro de la iglesia. Pero a mí esa venganza no me terminaba de convencer. ¡Yo quería que sintiera en su propia piel lo que se siente cuando te dan la patada!