Las veces que repetí por tí

Capítulo III - Esto no es un sueño

Abro los ojos de golpe.

Mi corazón late con fuerza contra el pecho, todo mi cuerpo está adolorido, esa sensación de los vidrios atravesando mi cuerpo se siente real. Me quedo inmóvil, mirando el techo, buscando alguna grieta, alguna señal, algo que me diga que esto tiene sentido.

Pero no hay nada.

Solo mi habitación.
Otra vez.

Esto no es un sueño.

La voz de Mariana llega desde la puerta, lejana, distorsionada, como si viniera desde otro lugar. No logro entender lo que dice. No me importa. Mi mente está en otra parte, intentando armar piezas que no encajan.

Necesito una respuesta. !Ya!.

—¿Qué día es hoy? —pregunto, con la voz temblorosa.

—El día que te toca hacer el desay...

—No digas que tengo que hacerte el desayuno —la interrumpo, incorporándome de golpe—. Necesito saber qué día es hoy, Mariana.

—¿Cómo sabías que diría eso?

—Primero dime el día y la fecha —insisto—. Luego te explico todo.

Me observa unos segundos, evaluándome.

—Sábado 14 de septiembre.

—Maldita sea... —susurro, llevándome una mano a la frente mientras siento cómo el pulso se me acelera. Camino de un lado a otro.

No puede ser casualidad.

No puede.

—Me está pasando algo raro —digo, más para mí que para ella, llevando mis uñas a la boca.

—¿Te puedo ayudar? —pregunta, esta vez sin bromas.

Se acerca despacio, toma mis manos y me llevan con ella sentándonos en la cama. Ese gesto, tan simple, logra anclarme un poco a la realidad.

Trago saliva.

—Siento que estoy repitiendo este día... una y otra vez. Ya lo viví. Dos veces —hago una pausa—. Tú entras por esa puerta, dices "despierta, pequeña fea durmiente" —ríe, porque hago un intento de remedarla pero la ignoro—. Luego intentas engañarme diciéndome que Joan ha venido a visitarme para que baje a preparar el desayuno porque tienes examen de anatomía y no has tenido tiempo.

Mariana parpadea varias veces, procesando la información recibida en menos de cinco segundos.

—Habla más lento —dice—. Porque así no te entiendo nada.

Respiro hondo y vuelvo a empezar, esta vez con más calma.

—Mañana cumplo un año con Joan. Voy al centro comercial a comprarle su regalo... y luego él...

Mi voz se apaga.

Las imágenes regresan.
El auto.
Las palabras.
La ruptura.

—¿Luego qué? —insiste Mariana, con curiosidad—. Está buena la historia de ficción.

La miro.

—¿No me crees, verdad?

Una lágrima resbala por mi mejilla.

—Es que... —se encoge de hombros—. También la historia que te estás mandando... Suena a película.

—No tengo por qué mentirte, Mariana.

—Ya, pero supongamos que te creo —dice, cruzándose de brazos—. ¿Por qué te pasaría eso a ti? ¿Por qué no a mí? Yo soy más divertida.

La miro, incrédula.

—¿Hablas en serio?

Paso de la tristeza al enojo en un segundo.

Pero, en el fondo... su pregunta hace eco en mi mente.

¿Por qué yo?

—No lo sé —respondo, irritada—. No sé por qué me está pasando esto, si lo supiera no estaría así.

—Entonces, si estás en un "bucle temporal" —hace comillas con los dedos—. ¿Qué quieres que haga?

—¡Vete, Mariana!

Ella suspira.

—Tranquila, no te pongas loca... —dice, y luego sonríe apenas—. Pero oye, te quedaste a la mitad. ¿Qué pasó con Joan?

Cierro los ojos un segundo.

—Termina conmigo.

Silencio.

—¿Dos veces? —pregunta, más seria.

Asiento.

Y empiezo a llorar.

Mariana se queda quieta, incómoda. Nunca ha sabido qué hacer en estas situaciones. Después de unos segundos, me da unas torpes palmaditas en la espalda.

—Tal vez es una señal, ¿no? —dice con suavidad—. De que él no es para ti.

Levanto la mirada.

No responde a nada... pero duele igual.

Nos quedamos así un rato. Yo llorando. Ella, simplemente estando, y en medio de todo, algo se empieza a acomodar en mi cabeza y llego a la conclusión que esto no puede ser casualidad. Si estoy atrapada en este día debe ser por algo y tengo que descubrirlo.

—Oye —dice de pronto—, después de mi clase voy a salir con mis amigos. Iremos al cine y luego a comer KFC. ¿Quieres venir?

La miro, sorprendida.

—¿A qué hora?

—A las tres.

Dudo un segundo.

—Está bien. Limpiaré un poco la casa y luego voy.

—Genial.

Se levanta de la cama, pero antes de salir se detiene en la puerta y me lanza una última mirada. Una diferente. Más suave.

Sonrío apenas.

Mi hermana y yo no somos las personas más amorosas del mundo, cada una vive en su mundo, pero cada que cada una necesita de la otra, siempre estamos para apoyarnos y escucharnos, nuestra relación
no es la más perfecta, pero si la más sincera. Y eso basta para las dos.

Antes de ponerme a limpiar, tomo el celular y le escribo a Joan.

Nada.

Como en los otros días, algo que realmente no me sorprende.

Antes de ponerme a ordenar, me quedo sentada en la cama, con el celular en la mano, pensando un poco, últimamente lo que hago es pensar y sobre pensar, no soy de las personas que lo hace, vivo el momento, el día a día, pero con los últimos acontecimientos es imposible no hacerlo.

¿En qué momento pasó todo esto?
¿En qué momento lo que yo creía perfecto dejó de serlo?
¿En qué momento dejamos de ser felices... sin darme cuenta?

Desbloqueo el celular y empiezo a buscar, abro el chat de mi novio, me voy hasta el inicio de todo, desde que recibí ese primer mensaje de él preguntándome por un libro que había compartido con él cuando nos conocimos en una cafetería.

17 de julio del 2020
20:00 Joan: Hola. Buenas noches, soy el joven de la cafetería. Losiento si interrumpo, pero tuve curiosidad por el libro del que me hablaste pero no me diste el nombre del libro ni del autor. Si no es mucha molestia me gustaría que me lo des.

En un principio no pude revisar su mensaje, me había quedado dormida, pero quince minutos después recibí otro mensaje de él.




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