Volví a la realidad de golpe y sé que este día se ha vuelto a reiniciar, ya escucho los pasos de Mariana llegando a mi cuarto. Me levanto de la cama como rayo que lleva el viento, ignorando completamente a mi hermana.
—Despierta...
—Voy a salir, si quieres comer, hazlo tú —dije, tomando mi toalla.
—Pero...
Cerré la puerta del baño y le puse cerrojo, antes de darme un baño, agarro mi celular y le envío un mensaje a Joan.
Valerie: Buenos días mi amor, ven a mi casa a las 8:00pm, te tengo una sorpresa de adelanto de aniversario. Te amo
Una sonrisa se me forma en el rostro, acomodo mi toalla, una camiseta para secar mi cabello, me saqué la ropa que llevo puesta y me metí a la ducha, hacer mi rutina facial y de cabello no es una opción, son las ocho de la mañana, tengo diez horas para ir al centro comercial, buscar los regalos de Joan, comprar los ingredientes para la cena, volver a casa, ordenar mi habitación, cocinar y alistarme.
Salgo de la ducha, con la toalla envuelta en mi cuerpo y secándome el cabello, me coloco lo primero que ven mis ojos al abrir mi closet, tomé un bolso, coloqué mi billetera y salí corriendo.
—¿Dónde vas? —pregunta Mariana, interponiéndose en mi camino.
—Al centro comercial. —Quise pasar por su lado pero interrumpe mi paso.
—¿Estás bien?
—Si.
—¿Segura?
—Estoy perfecta, hazte a un lado.
Mariana duda, me mira de pies a cabeza, impide mi paso una vez más.
—¿Por qué estás así vestida?
—Me estás haciendo perder el tiempo.
—¿Tus zapatillas están sucias? —preguntó, sorprendida
—Déjame pasar —vociferé. Siento como mis sienes palpitan.
Mi hermana se quedó paralizada, dio un paso leve a un costado.
—Nunca me has gritado así ¿Segura que estás bien?
—Te dije que sí, hazte a un lado —la empujé leve.
Se apartó, pero sentía su mirada en mi, no hice caso y caminé rápido, lo que menos quiero en este momento son preguntas y juicios. Encendí mi auto, con rumbo al centro comercial, ya he aprendido de las veces anteriores, nada de sorpresas en su oficina, nada de cuestionamientos, nada de enojos, tengo que actuar como siempre me ha pedido que actúe: que entienda sus horarios laborales, que no le reclame cuando me deja de hablar por horas, que no sea intensa y que sea empática con sus sentimientos.
Cuarenta minutos de trayecto y ya me encuentro en el estacionamiento, bajé de mi auto, saqué mi bolso y entré a pasos acelerados. Tengo que comprar carne, papas, champiñones, verduras y algunos otros más ingredientes para la cena de esta noche. Con sus regalos estoy en duda, inicialmente solo iba a regalarle ropa y un perfume, pero quiero comprar más cosas, algún accesorio, alguna joya, ahora que recuerdo el siempre ha querido un reloj de lujo. Necesita una billetera, quizá le compre las dos cosas, no sé, tengo que pensar rápido porque la hora pasa volando.
—¿Valerie?. —Una voz me detuvo en seco.
No voltees.
No pierdas tiempo.
Al final volteo, sé de quién se trata.
—¿Maca? ¿Em? —pregunto sorprendida al ver a Macarena también.
Me acerqué a las dos mujeres frente a mí, a las que no veía hace ya unos meses, a mis dos mejores amigas. Nos dimos un abrazo. Uno que necesitaba, solo que recién lo sabía.
—¿Estás con Joan? —preguntó Macarena, con una mueca casi imperceptible de desagrado.
—Estoy sola —digo, rascando mi brazo.
—¿Estás ocupada? —preguntó Emily.
—!Si! —grité por impulso—. No.
—¿Si o No? —replicó Em, levantando una ceja.
—No.
—Entonces vamos a desayunar algo —dijo Emily, emocionada, colocando sus brazo alrededor de mi cuello.
Quería rechazar la invitación, soltarme del agarre de Emily e irme corriendo sin dar explicaciones, pero sé que estas dos me buscarán por mar, cielo y tierra si lo hago, así que suspiré para mí y las acompañé, mentalmente empecé a calcular el tiempo que va a demorar esta pequeña parada; en servir y atendernos unos veinte minutos, media hora comiendo y conversando y mientras nos despedimos diez minutos más.
Maldita sea. Voy a perder una hora de este día.
Nos sentamos en la primera mesa que vimos, nos acomodamos y empezaron las preguntas.
—¿Qué ha sido de tu vida Val? —preguntó Emily. Macarena solo me observa, con cuidado, temiendo a decir algo.
Una mesera se acerca a dejarnos la carta, pero las tres ya tenemos claro que es lo que pediremos, siempre que veníamos pedíamos lo mismo y esta vez no será la excepción.
—Para mí un pan con pollo y un jugo surtido —responde Emily.
—Un pan deluxe y... un jugo de naranja por favor —añade Macarena.
—Para mi un pan con chicharrón y una chicha morada —finalicé, la joven mesera anotó en su comanda, nos sonrío, tomó la carta y se fue.
—Cuéntanos Val, ¿Cómo te ha ido? —Emily se devolvió hacía a mí, interesada en lo que podía decir, mientras Macarena juega con el servilletero.
—Disculpen...
La mesera otra vez interrumpió nuestra conversación, trae los cubiertos.
—Bien, ¿A ustedes como les ha ido? Hace tiempo no hablamos, ni nos vemos —respondí, mientras le doy un vistazo a mi reloj de mano. Macarena lanza un bufido sarcástico que preferí ignorar, tengo ya muchos problemas como para prestarle atención a sus niñerías.
—Nos alegra mucho Val, yo estoy bien, la otra semana viajo a Estados Unidos —Macarena se tensó ante ese comentario—. A hacer mi maestría.
—¿Cuánto tiempo te vas?
—Un año y medio depen... ¿Buscas a alguien?
—No, ¿Por qué?
—Estás mirando desesperada a tu alrededor como si buscaras a alguien —ríe.
—Solo observo a mi alrededor.
—Desde que nos sentamos, tu pierna derecha no deja de moverse —dice, acercándose para detener el movimiento involuntario—. ¿Qué pasa Val?
—Nada... Solo ando nerviosa por mañana, es todo.
—¿Mañana?
—Mi aniversario con Joan.
Se miran entre ellas, me voltean a mirar. Emily toma mi mano.