toc, toc
Mi corazón me dio un vuelco y un escalofrío recorrió mi espalda al instante, el sonido del timbre resonó en mis oídos.
Sé de quien se trata.
—Yo abro —grito desde mi habitación.
Cojo un clínex para secar mis manos sudadas. Me acerco al espejo del baño para darme un último vistazo, acomodo los mechones rebeldes que caen por mi rostro. Cojo un peine y lo paso por mi cabello para evitar los pelitos parados. Sacudo mi ropa por si tengo algún vestigio de talco, o base. Retoco mi maquillaje y cuando creo que ya estoy lista. Me dedico una última sonrisa en el espejo.
—Estoy perfecta. Soy hermosa. Soy todo lo que está bien y Joan lo tiene que ver.
Salgo de mi habitación corriendo y voy directo a la puerta para abrirle a mi novio.
—Hola hermosa —dice, con una sonrisa. —Esto es para ti.
Tomo el ramo entre mis brazos, lo primero que golpeó fue el aroma: una mezcla de su perfume y orquídeas. Me quedé sin palabras, es un arreglo colorido, lleno de vida. Mis dedos acarician suavemente los pétalos. La emoción me invadió de inmediato, una primera lágrima cae por mi rostro. Cerré mis ojos unos segundos para inhalar profundamente el perfume de él.
—Son hermosas. Gracias mi amor.
Me acerco, le doy un beso rápido y le doy paso.
—Siéntate, las acomodaré en el jarrón de la mesa de la cocina.
Camino hacia el comedor, saco las flores secas del florero, sonrío por instinto, como una tonta ilusionada. Llevo el jarrón a la cocina para echarle agua y luego regreso para colocar las orquídeas.
—¿Qué tal te fue en tu la campaña de hoy?
—Bien, día muy productivo.
Ese ramo no solo alegra la sala, sino también mi corazón. Termino de acomodar mis flores y las coloco al centro de la mesa para luego sentarme a lado de Joan. Me encanta que con el largo del tiempo no olvide cuales son mis flores favoritas.
—¿Cómo has estado tú mi amor? No he tenido noticias tuyas durante el día. Te he extrañado mucho.
La esperanza se hace presente, una sonrisa se forma en mi rostro. Él me extrañó todo el día, pensó en mi, en los mensajes que no le envié, esto ya es un gran avance.
—Porque te tengo una sorpresa —dije, guiñándole mi ojo derecho.
—¿Y eso?
—Mañana cumplimos tres años —dije, arrugando mi entrecejo.
—Cierto, con tanto trabajo que tengo, hasta se me olvidan las cosas.
—¿Cómo se te puede olvidar nuestro aniversario Joan?. —Alcé la voz.
—¿Ya vas a empezar?
Esa frase hizo eco en mi mente.
¿Ya vas a empezar?
No empieces Valerie. No digas o hagas algo para ocasionar pelea.
Cállate.
—No mi amor, entiendo que el trabajo te tiene estresado. Te haré unos masajitos.
Acaricio su rostro, hago un movimiento rápido y me siento encima de sus piernas para tener un mejor ángulo y masajear su cabello. Me mira sorprendido y le doy un besito para que se deje llevar y funciona. Sigo acariciando su cabello, sus hombros, su cuello, cuando veo que está cien por ciento relajado, lo beso, primero un beso pasivo pero luego busco intensidad, Joan me corresponde, una sonrisa se me forma en el rostro. Meto mis manos dentro de su camisa pero automáticamente reacciona y la quita.
—No, Val. Espera.
Toma suavemente mi cintura y me sienta a su derecha.
—¿Qué pasa? —pregunté confundida.
—Eso quiero saber yo.
—¿Sobre qué?
—Nada Val, olvídalo. ¿Comemos?
Cruzo mis brazos pero el se acerca a darme un beso rápido en los labios, se levanta del sillón para para contestar una llamada de su socia. Yo me quedo sentada, Joan acaba de rechazarme para tener sexo, desde que estamos juntos jamás lo había hecho. En este momento tengo un diablito a mi izquierda y un angelito a mi derecha, mi lado bueno me dice que me tranquilice, que no quiero ser el motivo de una pelea, pero el lado malo dice que le increpe el por qué no quiere acostarse conmigo.
Medito unos momentos. Joan cuelga con su socia y el silencio en la sala es inherente. La noche es larga así me propongo a poner mi mejor cara para que todo salga perfecto.
—Comamos, siéntate, voy a servir —dije, mostrando la sonrisa más hipócrita del mundo.
—Gracias mi amor.
Me levanto del sillón, mis puños apretados quieren liberar la presión y cuando por fin logro salir del campo de visión de Joan, golpeo la mesa de granito de la cocina. Sacos dos platos, dos copas y cubiertos de los estantes.
Sirvo en el medio del plato la pasta, queso rallado por encima y luego la carne, en un plato aparte coloco las papitas coctel con chimichurri y listo. Primero llevaré los platos y luego regreso por lo demás. Llegando al comedor, veo a Joan concentrado en su celular y la mesa echa desordenada.
—¿Ni siquiera puedes ayudarme en colocar la mesa? —pregunté, indignada.
—No me dijiste nada —respondió, con desinterés en su tono.
Cálmate Valerie.
Coloca el celular en la mesa, se levanta para acomodar el desorden pero lo detengo.
—Siéntate. Después de todo tengo es mi sorpresa. Quiero atender a mi novio —digo, con cariño.
Dejo los platos aun costado de la mesa, busco los individuales en la cocina, los portavasos, las servilletas para acomodarlos en la mesa, una vez listo todo, acomodo los platos. Voy corriendo a la mini cava de la cocina y saco el mejor vino que tengo, y junto llevo las copas y cubiertos.
—Listo, ven amor.
Joan me sonríe, se acerca y me da un beso en la frente. Se sienta y yo hago lo mismo, esa sonrisa que tiene empieza a borrar las dudas y me hace tener esperanza.
—¿Cómo te fue con el cliente del banco? —pregunté, mientras sirvo el vino.
—Bien, cerramos el acuerdo. —da el primer bocado a la carne.
—Me alegra mucho.
Joan levanta la mirada.
—¿Cómo sabías de ese cliente? —pregunta, frunciendo levemente el ceño.
Mi cuerpo se tensa.
Mierda.
—Hace días me contaste.
—No
—No te acuerdas.