Las veces que repetí por tí

Capítulo VI - Dime que me amas

Abro los ojos, siento un peso invisible pero real en el pecho que me quita la energía, miro al techo, mi hermana está en el marco de la puerta diciendo la misma frase de todos los días.

—Quiero estar sola —dije, con la voz entrecortada.

Cierro los ojos.

—¿Qué pasa?

—Solo quiero estar sola.

—¿Peleaste con Joan?

—No es eso.

—¿Entonces?

Siento los pasos de mi hermana cada vez más cerca, aprieto mis ojos, sé lo que pasará. Se sienta en mi cama y luego se acuesta a mi lado, toma mi mano y se acurruca conmigo. El llanto no se hace esperar, siento un nudo en mi garganta que no me deja respirar, intenté pronunciar palabra pero no me sale nada, a estas alturas no se distinguir entre mis lágrimas o el sudor. Toco mi pecho, siento un vacío indescriptible. Mariana me abraza.

—Estoy aquí —espeta, con cierto dolor en su voz.

Rodeo su cuerpo, sintiendo que ella es mi refugio para todo esto, esta vez decido no contarle sobre el bucle.

—Joan terminó conmigo —dije, cuando había logrado tranquilizarme.

—Lo siento.

—Quiero recuperarlo.

—Val, date un tiempo, al inicio siempre es doloroso, luego irás sanando de a pocos.

—Lo amo.

—Lo sé, pero trata de darle su espacio —dice, acariciándome el hombro.

—Siento que mientras más dejo pasar el tiempo, puede olvidarse de mi.

—Si te ama no será así.

—No puedo darle lapso para que me olvide.

—Valerie...

—Ayúdame.

Mi hermana suspira en modo de rendición.

—¿Por qué terminó contigo?

—No sé, él dice que las peleas lo aburren y que ya no tiene paz conmigo.

—Uhmmm...

Me suelta de su agarre para colocarse boca arriba.

—¿Si le das un tiempo?

—No puedo.

—¿Qué piensas hacer?

—No sé...

—¿Te puedo decir algo?

Dudo un momento, temo que me diga que estoy loca, que buscar resolver nuestra situación solo alarga lo inevitable, pero estoy cien por ciento segura que la única manera de romper todo es hacer que me vuelva a amar, es la única solución posible.

—Si.

—Se que nunca me he enamorado... no sé como funciona el amor, pero creo que cuando alguien pide espacio... uno debe dárselo. No insistas. No le hagas sorpresas. No lo llames. No le ruegues. Solo agradece por el tiempo y hazte un lado.

—Lo amo, y sé que él a mi, si yo supiera que no me ama me hubiese hecho a un lado hace mucho tiempo.

—Bueno, pero no olvides algo... —Toca mi pecho—. Eres fuerte, eres una mujer que ha salido adelante aún cuando las oportunidades han sido limitadas. Te admiro. —una lágrima le recorrió su mejilla—. Eres una mujer, hermana e hija increíble, nunca olvides tu valor como persona, nunca olvides que te amo y que estaré contigo siempre que me necesites. —Sonríe, me da un abrazo. —Sé la Valerie que se quedó hasta la madrugada con la excusa de tener mucho trabajo aún cuando no tenía nada solo por acompañarme, sé la Valerie que un día me dijo: Mientras tengamos a nuestra familia y nos tengamos a nosotras, no hay nada que nos pueda romper.

Sentí como el aire me faltaba... otra vez, no por tristeza, sino por las abrumadoras palaras de mi hermana. Cada frase parece sanar algo que ella no rompió en mi corazón. Intenté tragar saliva, pero mi garganta está cerrada. No puedo hablar, así que solo le devolví el abrazo con más fuerza, siento como mis labios tiemblan al intentar contener un sollozo. Mis hombros se relajaron, mis lágrimas se convirtieron en un desahogo reprimido, ella es mi lugar seguro.

—Gracias.

—No te acostumbres. —Se levantó de la cama, me dio una última palmadita. —Tengo que estudiar, pase lo que pase con Joan, no olvides lo que te he dicho.

Asentí

—Sé que él me dará una oportunidad.

Sonrió negando con la cabeza, me lanzó una última mirada y se fue.

Me quedo un momento más en mi cama, mi primer instinto es levantarme, ir al centro comercial y ver a mis amigas antes de armar la cita para hoy pero no tengo cabeza para lidiar con el entusiasmo de Emily o las miradas inquisitivas de Macarena.

Las únicas personas en las que confío aparte de mis padres y mi hermana, son Emily y Macarena. A Macarena la conozco desde que tengo doce años, era la alumna nueva en primero de secundaria y todo el mundo le hacía bullyng, en ese tiempo ella era gordita, los niños eran muy crueles y Maca en ese tiempo era muy tímida, así que, salí en su defensa, desde ese momento fuimos mejores amigas. A diferencia de mi Emi, ella entró en el último año, hicimos clic en un segundo. Las extraño pero creo que es mejor esperar, trataré primero de inclinar la balanza hacía mi lado con Joan.

Son las diez de la mañana, me sorprende lo rápido que pasa el tiempo. Cuando estoy en la vida real, las horas pasan lento, pero dentro del bucle es como si el tiempo se redujera, me levanto de la cama, pero antes de poner mi celular a cargar, le envío un mensaje a Joan.

_Valerie: Hola mi amor, hoy necesito que canceles todas tus reuniones de la tarde y que vengas lo más pronto posible a mi casa, tengo una sorpresa para ti. Te amo.

Abro el primer cajón de mi escritorio para sacar mi cargador y lo primero que veo es una fotografía donde estoy junto a Joan, la levanto y el olor de su perfume me golpea mis fosas nasales, una explosión de frescura, bergamota de Calabria y pimienta, una combinación que es una obsesión para mi.

Mi garganta empieza a secarse, las lágrimas amenazan con salir, arrugo mi rostro para evitarlo, recuerdos inundan mi mente, recuerdo perfectamente ese día, fue en mi cumpleaños número veinticinco, mis padres habían viajado, mi hermana tenía un examen hasta las once de la noche, él en su desesperación para no dejarme sola, pidió permiso en su trabajo para pasar todo el día conmigo, me llevó a un acuario, a una galería de arte, al museo, y esta foto en especial nos la tomó un fotógrafo del museo que se enteró que era mi cumpleaños, Joan decidió que debía quedarme con la foto, así que cuando llegué a casa la guardé y al día siguiente la enmarqué.




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