—Val, creo que mejor te llevo a casa, estás hecha un asco —ríe.
—Estoy perfecta ¿Tienes alcohol en tu casa? —pregunté, con la mirada perdida, evitando el comentario de Gabriel. Si quisiera ir a casa, ya se lo hubiese pedido.
—Mejor te llevo a casa.
—Te dije que no —grité enojada—. Si me dejas en casa, igual voy a salir a cualquier lado, lo que menos quiero en este momento es estar entre cuatro paredes.
—Bueno. Descansa un poco hasta que lleguemos.
¿Descansar? lo que menos quiero es descansar, al contrario, quiero hacer algo, quiero emoción, adrenalina. Quiero dejar de llorar y sentirme incompleta. Basta Valerie, no seas tonta, hay millones de hombres en el mundo, como te pones a llorar por uno solo cuando puedes tener a muchos a tus pies.
El trayecto es silencioso, me siento más tranquila, no tengo la sensación de querer romperme más, sobre todo cuando entré a su chat para enviarle un par de mensajes. Me di cuenta que me bloqueó, el gran cobarde me ha bloqueado de todas las redes sociales, pensé que era un error, pero cuando empecé a buscarlo de manera manual no lo encontré. Me ha eliminado de todos lados sin darme opción a decirle un par de cosas más y defenderme de todo lo que me dijo en el estacionamiento.
Quería mandarle un mensaje, quería restregarle en la cara que no lo necesito para seguir adelante, que mi vida sin él será increíble e inclusive mucho mejor de lo que fue con él. Quería ser yo quien tenga la última palabra en esta ruptura. Mi primer instinto después de saber que ya no existo para él, fue decirle a Gabriel que me lleve a su casa, gritarle desde el primer piso, pero estoy segura que solo haría el ridículo y le estaría dando la razón.
—Llegamos.
—Vives cerca —dije, mirando desde la ventana su casa. Pensé que se había mudado, pero sigue viviendo en el mismo lugar de siempre.
—Ventaja.
Bajé del auto, iba a darse la vuelta para abrirme la puerta pero me apresuré, no necesito un caballero de brillante armadura que me abra la puerta, o tan solo que haga algo que yo puedo hacer sola, no estamos aquí para esto. Subimos al segundo piso que es donde queda su departamento, nos sentamos en su sillón. ¿Ahora que? pensé.
—Puedes dormir en mi habitación, yo duermo en la de invitados.
—Gracias.
El ambiente de un momento a otro se sintió pesado, los dos sentados en diferentes sillones, mirándonos como si fuéramos extraños, o como si esperáramos que alguien dé el primer paso a algo.
—¿Quieres algo antes de ir a dormir? —preguntó, se rasca la barbilla y me mira otra vez.
—No —respondí seca.
Gabriel se levanta del sillón y se sienta a mi lado, sé y estoy preparada para lo que he venido a este lugar. Él acaricia mi pierna y me abraza de repente, mi primer impulso fue empujarlo de mi pero cedí ante el contacto, se aleja lentamente hasta que nuestros rostros se encuentran a centímetros. Veo en su mirada que quiere algún tipo permiso pero no hago caso, se aleja pero lo retengo, volteo su rostro para estar a centímetros otra vez.
—Bésame.
—¿Segura?
—Bésame.
Se acerca lentamente a mis labios hasta que los míos rosa con los suyos, su intención es ser delicado, tratarme como una flor delicada a punto de romperse, pero algo que no sabe es que no necesito eso.
Me besa con más intensidad, yo le doy permiso a su lengua a invadir el espacio.
Nada. No siento nada, pero sigo el juego.
Se que Gabriel siempre me ha deseado más allá de una simple amistad y le daré el gusto solo por hoy.
—Vamos a la habitación. —Cojo su mano y lo llevo. Al inicio se detiene, pero lo incito y me sigue.
—¿Estás segura Val?
—¿Y tú?
—Tu novio terminó contigo, sé que te ha dolido todo lo que ha pasado así que...
Lo callé con un beso, lo que menos quiero en este momento son sermones, para eso tengo a mis padres y a Mariana. La mirada desencajada de Gabriel es un poema, pero no me importa.
Me siento encima de él, le quito la camisa, el hace lo mismo conmigo, quita todo lo que llevo en la parte de arriba, mira mis senos con lujuria, tanto que se acerca a lamerlos.
Finjo el primer gemido.
Eso a él lo pone más agresivo, me tumba en la cama, yo simplemente cierro mis ojos, pero la primera imagen que se hace presente es la de Joan sonriendo, arrugo mi cara para evitar que las lágrimas invadan mi rostro.
Este no es el momento Valerie.
Gabriel desabrocha mis pantalones y me los saca torpemente, luego se coloca encima de mi, me besa, toca mis senos, yo sigo fingiendo un par de gemidos, después de todo, es fácil engañar a un hombre.
—Quítate el pantalón —digo impulsivamente.
Gabriel se levanta, se desabrocha el pantalón y se lo quita. Se queda desnudo igual que yo, me mira otra vez de pies a cabeza, yo intento que me salga una mirada seductora y parece que lo logro porque se acerca a mi con fiereza a besarme, aunque es un poco fastidioso porque su barba me raspa las mejillas. Joan siempre se preocupada por tener su barba pulida para evitar rasparme, pero Gabriel la tiene bien pronunciada.
—Ahh
Otro gemido.
—Eso es música para mis oídos.
Ya encima de mi... otra vez, me abre las piernas, mira mi centro con deseo, y se acerca a lamer, miro hacia el techo, vamos Valerie, quieres esto. Tu buscaste esto, tu empujaste a Gabriel a hacerlo y no puedes detenerte. Finge un poco más y todo estará bien.
Otro gemido.
Es la primera vez que tengo sexo sin compromiso, así como es la primera vez que no disfruto de él. Gabriel sube hasta mi boca, me besa otra vez, él está en lo mejor de la noche, en cambio lágrimas empiezan a inundar mi rostro, pero las limpio inmediatamente, no quiero que pare, no quiero que me vea débil.
Se acomoda, me abre las piernas y sentí su peso sobre mí, sus manos intentando encontrarme en un cuerpo del que yo misma me había desconectado hacía horas.
—Siempre me has gustado Val. Me encantas.