Escribir "Las voces que el viento olvidó" ha sido, más que un ejercicio literario, un viaje hacia las profundidades de la condición humana y el valor del silencio. En un mundo que a menudo corre demasiado rápido y grita demasiado fuerte, la figura de Mateo nos recuerda que el acto de escuchar es, en sí mismo, un acto de resistencia y de amor hacia el prójimo.
Esta historia nació de la inquietud por aquellos que habitan en las sombras de la burocracia, por los nombres que se convierten en números y por las verdades que quedan atrapadas bajo el peso del concreto. A través de Mateo, quise dar voz a quienes fueron silenciados por el miedo o la injusticia, y demostrar que no hay archivo lo suficientemente profundo ni fuego lo suficientemente intenso que pueda borrar para siempre la esencia de lo que somos.
A ti, lector, te agradezco por acompañarme a caminar por las calles neblinosas de Porto Gris. Espero que, al cerrar estas páginas, te lleves contigo la certeza de que tu voz importa, de que tu historia merece ser contada y de que, a veces, prestar atención a un susurro puede ser el inicio de una gran transformación.
Nunca subestimes el poder de un cuaderno, una pluma y un corazón dispuesto a no olvidar. Porque, al final del día, somos lo que recordamos.
Con todo mi cariño y respeto,
Kevin Campo
Enero, 2026