Las Voces Que Solo Él Escucha

Capítulo 9: Lo que te habita

El silencio después de la voz no fue alivio.

Fue peor.

Adrián permaneció inmóvil en medio de la habitación, sintiendo cómo el aire seguía pesado, como si algo aún estuviera presente, observando, esperando. Su respiración era irregular, y el dolor en su brazo no desaparecía. Al contrario… parecía latir, como si la marca tuviera vida propia.

—No… no se fue… —murmuró, mirando a su alrededor.

Elena no respondió de inmediato. Sus ojos recorrían la oscuridad con atención, como si supiera que algo seguía ahí, incluso si ya no podía verse.

—No —dijo finalmente—. Ya no funciona así.

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Elena lo miró.

Y esta vez no suavizó la verdad.

—Significa que ya no necesita mostrarse todo el tiempo.

El silencio cayó como un golpe seco.

Adrián sintió cómo su pecho se contraía.

—¿Por qué…? —preguntó, aunque temía la respuesta.

Elena dio un paso más cerca.

—Porque ya encontró dónde quedarse.

Adrián bajó la mirada lentamente hacia su brazo.

La marca.

Oscura.

Extendida.

Moviéndose bajo su piel como una sombra atrapada.

—No… —susurró—. No puede ser…

Intentó tocarla, pero en cuanto sus dedos rozaron la piel, un dolor punzante lo hizo apartarse.

—¡Ah!

Elena lo sostuvo.

—No la toques —dijo—. Solo empeora.

Adrián respiró agitado.

—Está… dentro de mí…

La frase se sintió más real al decirla.

Más pesada.

Más imposible de ignorar.

Elena no lo negó.

—Está conectado contigo —corrigió—. Aún no es lo mismo.

Adrián levantó la mirada, desesperado.

—¿Y qué pasa cuando lo sea?

Elena dudó.

Y ese silencio fue suficiente.

—Elena…

—Pierdes el control —respondió finalmente—. Y ya no puedes volver.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Adrián sintió un vacío en el estómago.

—Entonces ya perdí… —murmuró.

—No —dijo Elena con firmeza—. Si fuera así, no estarías aquí.

Adrián la miró.

—¿A qué te refieres?

Elena se acercó un poco más.

—Aún dudas —explicó—. Aún luchas. Y eso significa que no ha terminado.

El silencio cambió ligeramente.

No desapareció el miedo.

Pero apareció algo más.

Una pequeña resistencia.

Adrián respiró hondo, intentando calmarse.

—Entonces dime qué hago —dijo—. Porque no puedo seguir así.

Elena miró alrededor de la habitación.

—Primero tenemos que entender qué quiere.

Adrián soltó una risa nerviosa.

—¿No es obvio? Quiere… esto.

Señaló su brazo.

Elena negó.

—Eso es el medio. No el fin.

Adrián frunció el ceño.

—¿Entonces qué?

Elena dudó un momento.

—Quiere permanecer.

El aire se volvió más frío.

—¿Permanecer dónde? —preguntó Adrián.

Elena lo miró directamente.

—En ti.

El silencio fue inmediato.

Adrián apretó los puños.

—No lo voy a dejar.

Pero su voz tembló.

Y él lo notó.

No estás seguro…

La voz apareció de nuevo.

Suave.

Casi como un pensamiento.

Adrián se tensó.

—¿Lo escuchaste? —preguntó rápidamente.

Elena negó.

—¿Qué cosa?

Adrián tragó saliva.

—Está hablando otra vez…

Elena frunció el ceño.

—¿Qué dijo?

Adrián dudó.

—Nada… —respondió finalmente—. Solo…

Pero no terminó la frase.

Porque la voz volvió.

Más clara.

Más cercana.

No puedes sacarme…

Adrián cerró los ojos con fuerza.

—¡Cállate!

Elena lo sostuvo.

—¿Qué está diciendo?

Adrián respiró agitado.

—Que… no puedo detenerlo.

Elena negó de inmediato.

—Eso no es cierto.

Pero Adrián ya no estaba tan seguro.

—Lo siente… —murmuró—. Sabe lo que pienso…

Elena lo miró con seriedad.

—Porque está conectado a ti.

Adrián abrió los ojos lentamente.

—Entonces… ¿todo lo que siento…?

Elena asintió.

—Puede usarlo.

El miedo volvió a crecer dentro de él.

—Eso significa que…

Dudó.

—Que mientras más miedo tenga…

—Más fuerte se vuelve —completó Elena.

El silencio fue pesado.

Adrián bajó la mirada.

—Entonces ya ganó… —murmuró.

Pero Elena dio un paso al frente.

—No.

Adrián levantó la vista.

—¿Por qué no?

Elena sostuvo su mirada con firmeza.

—Porque no solo puede usar el miedo.

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué más?

Elena dudó un instante.

—También puede usar lo que te mantiene aquí.

El silencio cambió.

Adrián no entendió de inmediato.

—¿Qué quieres decir?

Elena no respondió enseguida.

Solo lo miró.

Y en ese momento…

Adrián lo sintió.

Esa conexión.

Esa calma extraña que solo aparecía cuando estaba cerca de ella.

—Tú… —murmuró.

Elena desvió ligeramente la mirada.

—No es tan simple.

Pero Adrián ya lo entendía.

—Por eso… no me dejó solo —dijo—. Por eso sigo aquí.

Elena lo miró nuevamente.

—Tal vez.

El silencio entre ellos ya no era el mismo.

Había algo más.

Más profundo.

Más peligroso.

Porque si aquello también podía usar eso…

entonces nada estaba a salvo.

Un sonido interrumpió el momento.

Un leve susurro.

Detrás de ellos.

Adrián se giró de inmediato.

La oscuridad de la habitación parecía moverse otra vez.

Pero esta vez…

no tomó forma.

Solo se extendió.

Como una sombra que crece sin límite.

—Está cambiando… —susurró.

Elena lo tomó del brazo.

—No —dijo—. Está aprendiendo.

El aire se volvió más denso.

Más difícil de respirar.

Y la voz…

volvió una vez más.

Pero esta vez…

no sonó como una amenaza.

Sonó como una promesa.

No voy a irme…

Adrián sintió cómo su pecho se tensaba.



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En el texto hay: susoenso y amor, suspence

Editado: 30.03.2026

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