Las Voces Que Solo Él Escucha

Capítulo 14: Lo que está a punto de romperse

El sonido que salió de la grieta no desapareció.

Se quedó ahí.

Vibrando en el aire como un eco atrapado entre dos mundos, como si algo hubiera intentado hablar… y se hubiera quedado a medio camino. Adrián no se movió. Su cuerpo estaba rígido, sus ojos fijos en la pared agrietada, y su respiración apenas se sentía. No era solo miedo lo que lo mantenía quieto. Era la certeza de que algo estaba cambiando, algo que ya no seguía las mismas reglas que antes.

—Eso… no es una voz —murmuró.

Elena tampoco apartaba la mirada.

—No —respondió en voz baja—. Es otra cosa.

El silencio volvió a caer, pero esta vez no fue pesado.

Fue tenso.

Como si el espacio mismo estuviera esperando el siguiente movimiento.

Adrián sintió la marca en su brazo pulsar de nuevo.

Más lento.

Más profundo.

—Está… diferente… —dijo, mirando su piel.

La oscuridad bajo su brazo ya no se movía de forma errática. Ahora parecía más… estable. Como si hubiera encontrado una forma de asentarse.

—Se está adaptando —dijo Elena.

Adrián levantó la mirada.

—¿A mí?

Elena asintió.

—A ti… y a cómo resistes.

El silencio volvió.

Y esta vez, la idea lo golpeó más fuerte que cualquier susurro.

Aprende de mí…

Adrián tragó saliva.

—Entonces cada vez que intento detenerlo…

—También aprende cómo hacerlo mejor —completó Elena.

Adrián soltó una risa débil.

—Perfecto… entonces haga lo que haga, pierde o gana.

Elena lo miró fijamente.

—No.

Adrián frunció el ceño.

—¿No?

Elena dio un paso más cerca.

—No gana si sigues siendo tú.

El silencio cambió.

Adrián sintió cómo esas palabras se quedaban dentro de él, pero no lograban asentarse del todo.

—No sé cuánto tiempo pueda hacer eso… —admitió.

Elena no respondió de inmediato.

Solo lo miró.

Y en su mirada había algo distinto.

Algo que Adrián no había visto antes.

Preocupación.

Pero no solo por la situación.

Por él.

—No tienes que hacerlo solo —dijo finalmente.

Adrián desvió la mirada por un segundo.

—Pero es dentro de mí… —murmuró—. Nadie más puede entrar ahí.

Elena no se movió.

—No necesito entrar para quedarme.

Adrián levantó la vista.

El silencio entre ellos cambió de nuevo.

Más cercano.

Más real.

Pero duró poco.

Porque la grieta volvió a vibrar.

Más fuerte que antes.

Un sonido seco.

Como un golpe desde el otro lado.

Ambos reaccionaron de inmediato.

—Eso fue diferente —dijo Adrián, retrocediendo un paso.

Elena lo observó con atención.

—Sí.

El aire se volvió más denso.

Más pesado.

Y por primera vez…

la grieta no solo se expandió.

Se abrió.

Un poco más.

Lo suficiente.

Para dejar ver algo.

Oscuro.

En movimiento.

Adrián sintió cómo su pecho se contraía.

—No… no puede ser…

La forma dentro de la grieta ya no era difusa.

Ya no era solo sombra.

Era… estructura.

Algo que comenzaba a tomar forma real.

—Está cruzando —susurró.

Elena negó ligeramente.

—No completamente.

Pero su voz ya no sonaba segura.

Adrián no apartaba la mirada.

—Lo está intentando…

No…

La voz volvió.

Pero no desde la grieta.

Desde dentro.

Ya estoy aquí…

Adrián se tensó de inmediato.

—No…

Se llevó la mano al pecho.

—Está… más fuerte…

Elena lo sostuvo.

—No lo escuches.

—No puedo ignorarlo…

La presión aumentó.

La habitación pareció encogerse.

El aire se volvió más difícil de respirar.

Déjame…

—¡No!

Adrián retrocedió bruscamente.

Elena casi pierde el equilibrio al sostenerlo.

—Adrián, cálmate.

—No quiere salir… —dijo él, con la voz quebrada—. Quiere… quedarse.

Elena lo miró fijamente.

—Lo sé.

El silencio se volvió insoportable.

Adrián sintió algo que no había sentido antes.

No solo miedo.

No solo presión.

Sino… pérdida.

Como si una parte de él ya no respondiera igual.

Como si algo dentro de él…

ya no fuera completamente suyo.

—Elena… —murmuró—. ¿Y si ya empezó?

Ella no respondió de inmediato.

Y ese silencio…

lo dijo todo.

Adrián sintió cómo el miedo se transformaba en otra cosa.

Algo más profundo.

Más oscuro.

—No quiero desaparecer… —dijo, casi en un susurro.

Elena dio un paso más cerca.

Y sin pensarlo demasiado…

lo abrazó.

Adrián se quedó inmóvil.

Sorprendido.

Pero no la apartó.

—No vas a desaparecer —dijo ella cerca de él—. No mientras sigas aquí.

Adrián cerró los ojos.

Por un instante…

todo se detuvo.

La presión.

La voz.

El miedo.

Todo.

Y en ese pequeño espacio…

solo existía eso.

Calma.

Pero la grieta no se detuvo.

Un sonido más fuerte.

Más violento.

Los hizo separarse.

La pared se abrió un poco más.

Y esta vez…

algo salió.

No completamente.

No del todo.

Pero lo suficiente.

Una forma.

Oscura.

Alta.

Inestable.

Pero presente.

Adrián retrocedió de inmediato.

—Eso… ya no es una sombra…

Elena lo miró con tensión.

—No.

El aire se volvió helado.

La figura no tenía rostro.

Pero estaba ahí.

Frente a ellos.

Observando.

Esperando.

Y Adrián lo entendió en ese instante.

Esto ya no era solo una lucha interna.

Ya no era solo una voz.

Ni una marca.

Ahora…

también estaba afuera.

Y si eso lograba estabilizarse…

no habría forma de contenerlo.

Porque entonces…

no solo viviría en él.

También existiría sin él.



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En el texto hay: susoenso y amor, suspence

Editado: 30.03.2026

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