Sarah
Abrí los ojos y casi me caigo de la cama. Otra vez el despertador no sonó.
Mire el reloj para comprobar y casi mi corazón da un vuelco entero. 7:42 a.m. y el insti empieza en menos de una hora.
Me levanté de un salto, tiré la manta al suelo y corrí hacia el armario sin pensar demasiado, intentando encontrar el uniforme antes de que el mundo explotara.
—Esto no puede estar pasando… otra vez —murmuré, mientras agarraba mi mochila y salía corriendo por la puerta.
Tropecé un par de veces por el camino, pero conseguí esquivar a los vecinos y cruzar la calle justo cuando el timbre sonaba.
Entré a clase jadeando por el maratón que hice para llegar hasta aquí.
Llegué justo a tiempo, eso es lo que importa.
Pude ver a lo lejos a John, Susan y Mark charlando animadamente en la clase.
Finalmente decidí acercarme hacia ellos. Respiré hondo intentando que no se notara lo agitada que estaba.
—¡Hola! —dije esbozando una gran sonrisa.
John levantó la mirada y me sonrió, mientras Susan y Mark me miraban con diversión.
—¡Por fin llegas! —dijo, con un tono de humor y sarcasmo—. Ya empezaba a pensar que te habías quedado dormida para siempre.
Susan y Mark se rieron, mientras yo soltaba un suspiro y sonreía, feliz de estar allí.
—Claro, John, porque levantarse a tiempo es claramente mi superpoder favorito.—dije.
John soltó una risa
—Siempre con tus comentarios y bromas —dijo Susan, divertida—. Al menos llegaste antes de que el timbre sonara, eso cuenta.
—Sí, un milagro —intervino Mark—. Ahora podemos empezar la mañana sin buscar a Sarah por todo el insti.
—Ja, ja, que risa.— Respondí de manera sarcástica mientras fruncía el ceño.—Siempre es divertido cuando yo estoy —respondí acomodándome la mochila.
John me miró con una sonrisa traviesa.
—Bueno… divertido no sé. Impredecible, seguro.
—¿Impredecible? —repetí, entrecerrando los ojos algo confusa.
—Sí —continuó él—. Nunca sabemos si vas a llegar tarde, si vas a tropezar en las escaleras o si vas a soltar uno de tus discursos dramáticos a primera hora.
Susan soltó una risa.
—Es verdad. Ayer casi nos das una charla motivacional porque se te cayó el café.
Me llevé la mano al pecho, fingiendo ofensa.
—Qué dramáticos son. Yo soy un rayo de sol.
—Un rayo de sol con sarcasmo incluido —corrigió Susan.
Todos empezaron a reír, y aunque intenté mantener mi expresión digna, terminé riéndome también.
Mark rompió la pausa, como siempre.
—Oigan, cambiando de tema… —dijo, metiendo las manos en los bolsillos—. ¿Quedamos esta tarde en la playa? Todavía hace calor y sería un crimen no aprovecharlo.
Susan abrió los ojos con entusiasmo.
—¡Sí! Hace días que no vamos.
Yo lo pensé un segundo. La idea de sentir la arena y desconectar después de clases sonaba perfecta.
—No suena mal —respondí—. Pero esta vez alguien más carga la sombrilla.
—Ey, eso fue una sola vez —protestó Mark—. Y estaba demasiado descansando.
—Claro, demasiado —murmuré con sarcasmo.
John soltó una risa baja.
—Yo me apunto. Después del entrenamiento me vendrá bien relajarme un rato.
Intenté que mi voz sonara casual.
—Entonces ya está, ¿no? Playa después de clases.
Susan asintió.
—A las cinco, como siempre.
—Perfecto —dijo John—. Y Sarah… intenta no llegar tarde también allí.
Le di un leve empujón.
—No prometo nada.