Esto es extraño
Sarah
La habitación de Susan siempre me había parecido acogedora y luminosa. Las paredes eran de un color crema suave, decoradas con fotos de viajes, posters de conciertos y un montón de luces pequeñas que colgaban alrededor de la ventana.
En un rincón, su escritorio estaba lleno de libretas, lápices de colores y algunos frascos de perfumes que dejaban un aroma dulce en el aire.
Me dejé caer en la cama, apoyando la cabeza en la almohada mientras miraba alrededor. Siempre me había gustado pasar tiempo aquí.
—Oye, ¿todavía estás pensando en la playa de ayer? —preguntó.
Me reí suavemente.
—Sí… fue bastante divertido—. Pero en serio, ¿viste cómo John te miraba todo el rato? —me lanzó una mirada cómplice, inclinándose hacia mí—. No lo puedes negar.
—Yo… no sé de qué hablas —dije, tratando de sonar despreocupada—. Seguro que solo estaba mirando al mar o algo así.
Susan rió, divertida.
—Claro, claro… el mar. Yo solo digo que fue bastante obvio.
Negué con la cabeza, sonriendo sin poder evitarlo.
—Bueno… quizás fue un poco raro —admití finalmente.
—¿Raro cómo? —preguntó, inclinándose hacia mí.
Suspiré y rodé los ojos con una sonrisa nerviosa.
—Ya sabes… como si estuviera más callado de lo normal y… bueno, mirando demasiado a su alrededor. Pero no es nada serio. Solo somos amigos, Susan.
—Ajá… —dijo ella, arqueando una ceja con picardía—. “Solo amigos”, claro.
—Sí, de verdad —insistí, intentando sonar segura—. No hay nada más que eso. Solo… fue un poco extraño, pero no significa nada.
Susan me lanzó una sonrisa traviesa.
—Veremos quién tiene razón.