Latidos Ocultos

Cap 8

8

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Ilusiones falsas

Sarah

Al principio estaba riéndome por educación. El chico era simpático, hablaba mucho y parecía bastante seguro de sí mismo. Demasiado seguro.
Cuando puso la mano en mi cintura, sentí algo raro. No fueron mariposas. No fue emoción. Fue… incomodidad.
Intenté disimularlo con una sonrisa, moviéndome ligeramente para marcar distancia sin que se notara demasiado. Él seguía hablando, acercándose un poco más cada vez, pero mi mente ya no estaba allí.
Mi mente estaba buscando a alguien más.
Buscando a John.
Tenía miedo de que en cualquier momento me viera John estando con el chico y que mal pensara todo, haciendo que tuviera más ganas de salir de este momento incomodo.
El pecho me empezó a apretar de una forma extraña. Porque no quería que pensara que yo… que yo estaba interesada en alguien más.

¿Por qué me importaba tanto?
Tragué saliva y miré alrededor disimuladamente. No lo veía. No estaba cerca del grupo. No estaba en la pista. No estaba en la mesa de bebidas.
Y de repente la fiesta dejó de tener gracia.
—Oye, creo que voy a buscar a mis amigos —dije rápidamente, apartándome con suavidad.
El chico intentó decir algo más, pero ya no estaba prestando atención. Me abrí paso entre la multitud, el corazón latiendo un poco más rápido de lo normal.
La música sonaba fuerte, las luces parpadeaban, la gente reía… pero yo solo podía pensar en encontrarlo. Porque, aunque intentara negarlo, había algo claro en ese momento.
No quería estar hablando con nadie más.
Quería estar con John.
Y esa necesidad, tan repentina y tan intensa, me hizo darme cuenta de algo que había estado evitando admitir toda la noche.
Tal vez… no éramos solo amigos.
Mientras avanzaba entre la multitud, alguien me agarró suavemente del brazo.
—¡Sarah!
Me giré y vi a Susan con un vaso en la mano y una sonrisa curiosa.
—Oye, ¿todo bien? —preguntó, inclinándose un poco para que pudiera oírla por encima de la música—. Te he visto salir disparada de ahí.
Intenté sonar normal.

—Sí, sí… todo bien —dije rápido—. Eh… ¿has visto a John?
Susan frunció un poco el ceño, pensando.
—¿John? —miró alrededor—. Pues… ahora que lo dices… no.
—¿Seguro?
—Antes estaba con Mark cerca de las bebidas —dijo ella—, pero hace rato que no lo veo.
Miré otra vez hacia la multitud. Nada.
Susan entrecerró los ojos, observándome con esa mirada de amiga que parece verlo todo.
—¿Por qué? —preguntó con una pequeña sonrisa sospechosa—. ¿Lo estás buscando?
Sentí que me ponía un poco nerviosa.
—No… bueno… o sea… sí, pero… —suspiré—. Solo quería hablar con él.
Susan levantó una ceja, claramente divertida.
—Ajá.
—Susan…
Ella soltó una pequeña risa.
—Vale, vale, tranquila —dijo levantando las manos—. Pero de verdad que no lo he visto. Igual salió un momento al jardín o algo.
El jardín.
Era de los pocos sitios donde aún no había mirado.
Asentí rápidamente.
—Vale… voy a ver si está por ahí.
—Si lo encuentras dile que Mark lo estaba buscando antes —añadió Susan—. Y si no… pues vuelve, que la fiesta recién empieza.
Asentí otra vez, aunque ya estaba girándome para ir hacia la puerta que daba al jardín.
Salí de donde estaba Susan y empecé a caminar entre la multitud. La música seguía fuerte, las luces de colores iluminaban el jardín y la gente no dejaba de bailar y reír, pero yo ya no estaba prestando atención a nada de eso.
Miré a un lado.
Y entonces lo vi.
John estaba apoyado cerca de la pared, con un vaso en la mano. Por un segundo sentí alivio al encontrarlo por fin. Mi corazón incluso dio un pequeño salto.
Pero el alivio duró muy poco.
Porque no estaba solo.
Había una chica frente a él. No la reconocí muy bien, quizá era de otra clase o amiga de alguien. Estaban hablando bastante cerca, y ella se reía mientras decía algo.
John también sonrió.
Frente a él estaba Clara Watson, del insti. No podía negar que era atractiva: alta, delgada, con el cabello castaño brillante y los ojos grandes y expresivos. Tenía un estilo moderno, con una blusa ajustada y jeans que acentuaban su figura, y sus movimientos eran seguros, con esa confianza que siempre parecía intimidante.
Pero Clara no era precisamente buena persona. Siempre había sido parte de los chismes del insti, y todos sabían que podía ser manipuladora cuando quería algo. Ahora estaba coqueteando descaradamente con John, inclinándose hacia él y tocándole ligeramente el brazo mientras reía de algo que él había dicho.

Mi estómago se encogió.
—Claro… —murmuré bajito, apoyándome contra la pared para no llamar la atención.
Cada sonrisa de ellos, cada gesto cercano, me dolía como un golpe. Era lógico: John estaba aquí, y probablemente no estaba pensando en mí. Probablemente estaba disfrutando de la atención de Clara.
Mi corazón se rompía en pedazos, y por primera vez esa noche, no tuve ganas de acercarme. Solo quería desaparecer un momento y pensar en otra cosa.
in querer llamar la atención, me dirigí hacia la salida del jardín. Necesitaba alejarme de la fiesta, de la música, de la gente… y sobre todo de John y Clara. Cada paso que daba me hacía sentir un poco más ligera, aunque el corazón seguía doliendo.
Pero justo cuando estaba a punto de llegar a la puerta, alguien me agarró del brazo.
—¡Eh! —dijo Mark, con una sonrisa curiosa—. ¿A dónde vas?
Me giré y lo vi, con la ceja levantada, claramente notando que algo no estaba bien.
—Nada, solo… voy a buscar un poco de aire —dije rápido, tratando de sonar casual.
—¿Solo aire? —preguntó él, entre divertido y preocupado—. Vamos, ¿qué te pasa?
Me quedé callada por un segundo, sin saber qué decir. No podía contarle lo que acababa de ver, no ahora. John con Clara… y cómo me dolió verlo.




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