“latidos tras la tormenta”: Los Hermanos Miller #2

Capítulo 2 El hombre que no debía gustarle

Brenda discutía con un alumno de la universidad, dándole indicaciones precisas sobre cómo debía actuar frente a las abejas. Su voz era firme, segura, cargada de la paciencia de quien ama lo que hace, pero no tolera errores cuando se trata de proteger la vida.

—Más despacio —insistió—. Si te mueves con nerviosismo, ellas lo sentirán.

Desde cierta distancia, Mason la observaba con atención. Había algo hipnótico en la manera en que se movía entre las colmenas, en cómo el zumbido parecía obedecerla, como si aquel pequeño universo girara alrededor de ella sin resistencia.

Brenda se quitó los guantes con brusquedad.

—No —dijo en voz alta, avanzando unos pasos—. Eso no se hace así.

Entonces lo vio.

Se giró.

Y el mundo hizo algo extraño.

No se detuvo, no se rompió… pero se tensó, como una cuerda a punto de vibrar.

Era alto, rubio, con el cabello revuelto por el viento marino y unos ojos azules tan claros que parecían reflejar el océano que rugía a sus espaldas. No era la belleza pulida y agresiva de los modelos de revista.

Era peor.

Era la belleza peligrosa de alguien que no sabía lo atractivo que resultaba.

Brenda sintió una traición inmediata, íntima, casi ofensiva.

No debía gustarle.

Y, sin embargo, ya era demasiado tarde.

No. No, no, no.

Ese hombre no tenía derecho a ser guapo.

—Perdón —dijo él, con una voz grave que le recorrió la espalda como un roce inesperado—. No pretendía asustarla…

Su acento era limpio, neoyorquino, pero había algo más. Una cadencia distinta, como si pensara en otro idioma antes de hablar.

—Por si no lo sabe, aléjese de la colmena —interrumpió ella, con más dureza de la necesaria—. Las abejas no atacan por gusto, pero tampoco toleran torpeza.

Él alzó ambas manos, divertido.

—Mensaje recibido.

Brenda se agachó frente a la colmena con movimientos seguros. Las abejas la reconocieron al instante. El zumbido se suavizó.

—Ellas sienten el estrés —explicó sin mirarlo—. Y usted está muy tenso.

—¿Así de evidente es?

Ella se incorporó despacio. Y entonces, demasiado cerca.

Demasiado.

Brenda tuvo que hacer un esfuerzo consciente por no dar un paso atrás. Olía a jabón caro y a algo más profundo… cansancio, quizá. O miedo bien disimulado.

—Lo es para quien sabe observar —dijo, cruzándose de brazos—. Y ahora, ¿le importaría decirme qué hace aquí?

Él sostuvo su mirada. No apartó los ojos, pero tampoco invadió.

—Compré el castillo.

Las palabras le cayeron como una losa.

Claro que lo sabía. Claro que estaba preparada.

Pero saberlo no evitó el nudo en el pecho.

—Entonces usted es… —tragó saliva— el hombre que viene a echarnos.

Una sombra cruzó los ojos azules.

—No he dicho eso.

—Aún —replicó ella—. El testamento fue claro. El castillo debía venderse. Nosotros solo estamos… ocupando tiempo prestado.

Había dicho nosotros sin pensar. Y en ese instante entendió lo vulnerable que se había mostrado.

Él la observó con atención renovada.

—Usted vive aquí.

—He vivido aquí —corrigió—. Este lugar es mi hogar.

Durante un segundo, él no respondió. El viento levantó su cabello. Brenda notó un leve temblor en su mano derecha, casi imperceptible.

—Yo no buscaba un hogar —dijo al fin—. Buscaba silencio.

Brenda soltó una risa breve, amarga.

—Entonces ha venido al sitio equivocado.

Se produjo una pausa. Densa. Cargada.

Ella debería odiarlo. Debería verlo como al enemigo.

Pero en lugar de eso, se descubrió preguntándose qué había roto a un hombre así como para traerlo hasta allí.

—Soy Brenda —dijo, sin saber por qué—. Brenda Fraser.

Él pareció relajarse apenas.

—Mason Miller.

El nombre se acomodó en su mente con una facilidad inquietante.

—Bueno, señor Miller —dijo ella, retomando su coraza—. Bienvenido al castillo que quizá decida destruir.

Una sonrisa ladeada apareció en sus labios.

—O salvar.

Sus miradas chocaron.

Brenda sintió una certeza incómoda, casi eléctrica:

Ese hombre era peligroso.

No solo porque podía quitarle todo.

Sino porque, contra toda lógica,
ya le había gustado.

Y eso… eso sí que no estaba en sus planes.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.