“latidos tras la tormenta”: Los Hermanos Miller #2

Capítulo 7 Susurros y verdades

El viento golpeaba las torres del castillo con fuerza esa noche, pero adentro, en la biblioteca, todo estaba en silencio salvo por el crepitar de la chimenea. Mason estaba allí, mirando un viejo mapa del castillo sin realmente verlo. Cada pensamiento volvía a Brenda. Su risa, su manera de inclinarse hacia Stefi, cómo sus manos se movían con seguridad entre las abejas y los papeles… imposible de ignorar.

Brenda apareció por la puerta sin hacer ruido, como si el castillo mismo le hubiera susurrado que era el momento. Llevaba un suéter grande que caía sobre sus hombros y sus ojos miel brillaban con la luz del fuego. Mason sintió cómo todo a su alrededor se detenía.

—¿Sigues aquí? —preguntó ella, intentando sonar casual, pero la voz le temblaba un poco.

—Sí —dijo él, sin mirarla de inmediato—. No podía dormir.

Ella se acercó unos pasos, y Mason finalmente levantó la mirada. Sus ojos azules la encontraron, y de pronto el mundo se redujo a esa distancia mínima entre ellos.

Se acercó más, y ella no retrocedió. El fuego iluminaba sus rostros, las sombras bailaban en las paredes. Mason levantó una mano, como queriendo rozar su mejilla, pero sus dedos se detuvieron a centímetros de su piel.

—Brenda… —susurró, con voz temblorosa y grave—. No sé cómo… explicarlo.

Ella respiró hondo, acercándose aún más, y Mason sintió el impulso de cerrar la distancia, de dejar que sus labios hablaran por él.

Casi, casi lo hizo.

Y entonces, un golpe seco en la puerta los interrumpió:

—¡Mason! —gritó Mark desde afuera—. ¿Tienes un segundo?

Ambos se separaron de inmediato, el corazón latiendo demasiado rápido.

Mason respiró hondo, intentando recomponerse mientras Mark entraba, moviéndose con la calma de siempre, pero con ese tono que no dejaba lugar a dudas sobre la importancia de lo que venía a decir.

—Sí, claro —dijo Mason, recuperando el control con esfuerzo—. ¿Qué pasa?

—Mañana necesito que revises la caballeriza —explicó Mark, señalando la pared sur del castillo—. Hay algunos registros que podrían indicarnos si hay algo de dinero que se pueda recuperar. No quiero que nadie más se meta en esto todavía.

—Entendido —respondió Mason, intentando que su voz sonara firme, aunque la mente todavía le latía por el encuentro con Brenda—. Lo haré a primera hora.

Mark lo observó un segundo más, evaluando su reacción.

—Bien. Y Mason… gracias por involucrarte. No es solo la caballeriza, es toda la propiedad. Necesito estar seguro de que alguien confiable lo revise.

—No se preocupe, Mark —dijo Mason, con un destello de orgullo en la mirada—. Me encargaré.

Mark asintió, satisfecho, y salió del salón, dejándolo solo otra vez.

Brenda, que hasta ese momento había permanecido de pie a unos pasos, respiró hondo y se apartó de la chimenea. Su corazón aún palpitaba a un ritmo imposible, y sus mejillas ardían de una manera que no quería admitir.

—Buenas noches, Mason —dijo, con la voz ligeramente temblorosa, intentando recuperar la compostura—. Buenas noches.

—Buenas noches —murmuró él, apenas levantando la mano en un gesto inconexo—.

Ella dio media vuelta, evitando mirar sus ojos azules una vez más, y se dirigió a su habitación. Cada paso por el pasillo del castillo se sentía como un recordatorio de lo cerca que habían estado de cruzar la línea que ambos se esforzaban por ignorar.

Una vez dentro, se dejó caer en la silla junto a la ventana, mirando la luna reflejada sobre los jardines. Sus manos temblaban ligeramente, recordando la sensación de los dedos de Mason tan cerca de su mejilla.

Maldita sea, pensó. No puedo dejar que esto pase otra vez…

Se recostó, aturdida, con la mente inundada de recuerdos del casi-beso y de la vulnerabilidad que Mason había mostrado al acercarse a ella. Por un instante, todo lo demás —la rutina, la investigación, el castillo, incluso la caballeriza— quedó en segundo plano frente a la intensidad de ese momento.

Y mientras la noche avanzaba, Brenda sabía algo con certeza: el castillo no solo estaba lleno de secretos antiguos y decisiones pendientes. También estaba lleno de emociones que ambos estaban empezando a descubrir… y que ninguno de los dos estaba listo para admitir todavía.




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