El salón del hotel estaba iluminado con luces doradas, candelabros brillando sobre mesas elegantemente vestidas. La ciudad de Nueva York se extendía detrás de los ventanales, sus luces reflejándose en los cristales como un océano de estrellas artificiales.
Brenda avanzaba por el salón con el director del laboratorio, tomando asiento entre los galardonados y asegurándose de que todos los documentos y notas estuvieran organizados. A pesar de los tacones y el vestido elegante, su mente estaba centrada en la ceremonia y, sobre todo, en no perder la calma frente a tanta atención.
—¿Lista para brillar? —preguntó el director, sonriendo—. Todo el mundo sabrá quién eres y lo que has logrado.
—Sí —respondió Brenda, tratando de controlar la emoción que la amenazaba—. Solo espero no parecer demasiado nerviosa.
Pero justo cuando trataba de recomponerse, una voz familiar resonó cerca de ella, juguetona y provocadora:
—Vaya, vaya… si no es Brenda Fraser. —Lucas apareció a su lado, con esa sonrisa ladeada que siempre parecía leer los pensamientos más íntimos de su hermano—. No sabía que estarías aquí.
Brenda arqueó una ceja, ligeramente irritada:
—Lucas… —dijo, frunciendo el ceño—. Qué sorpresa verte… otra vez.
—¿Sorpresa? —replicó él, dejando la broma suspendida en el aire—. Más bien coincidencia… y sí, estoy aquí para observar. Es decir… a mi hermano, por supuesto.
Brenda lo miró, molesta pero divertida, incapaz de no sonreír levemente ante la travesura de Lucas.
—¿A tui hermano? —preguntó—. ¿Por qué?
Lucas se encogió de hombros, con esa expresión que combinaba descaro y astucia:
—Digamos que es entretenido verlo con alguien que lo hace tartamudear sin proponérselo. —Y con un guiño, se alejó un par de pasos, dejando a Brenda con la mezcla de irritación y picazón en el pecho que solo Mason podía provocar.
Fue entonces cuando Mason apareció, impecable con su traje oscuro y mirada concentrada, aunque al notar a Brenda se tensó casi de inmediato. Sus ojos azules la buscaron, y al encontrarlos, algo dentro de él se agitó: había una mezcla de orgullo, sorpresa y… celos.
—Mason —susurró Brenda, sin poder evitar que su voz sonara más baja de lo habitual—. No esperaba verte aquí.
—Lo mismo digo —dijo él, con un leve tono seco que intentaba disimular la inquietud que la presencia de Brenda le causaba.
Y entonces, el director del laboratorio se acercó a la mesa donde Brenda estaba sentada:
—Brenda Fraser —anunció, con una sonrisa amplia—. Nos complace informarle que usted es una de las galardonadas de este año por su investigación sobre conservación y comportamiento de polinizadores.
Un aplauso se levantó en la sala. Los invitados se inclinaban, felicitándola, mientras Brenda apenas podía creerlo. Su corazón latía con fuerza, y sus manos temblaban ligeramente al recibir el reconocimiento que tanto había trabajado para lograr.
Mason la observaba desde un metro de distancia, sintiendo una mezcla de orgullo y… incomodidad. No por ella, sino por la forma en que Lucas estaba allí, con su sonrisa traviesa, como si estuviera disfrutando cada segundo de la tensión entre ellos.
—Vaya —murmuró Mason en voz apenas audible, más para sí que para los demás—. No imaginaba que fuera tan reconocida.
Brenda apareció deslumbrante. Lucía un elegante traje negro cuyo corte lateral dejaba ver sus piernas tonificadas. El maquillaje, impecable, realzaba la intensidad de su mirada y el rojo vibrante de sus labios. Nada que ver con la mujer discreta y de rostro lavado que Mason veía cada día. Aquella Brenda, segura y radiante, lo tenía completamente cautivado.
Mientras hablaba en público para agradecer el premio recibido, su porte firme y su voz serena lograron que a Mason casi se le saliera el corazón. Era una presencia arrolladora, de esas que llenan la sala sin necesidad de levantar la voz.Lucas apareció a su lado otra vez, susurrando apenas audible:
—Mason… creo que te está afectando más de lo que admites. Solo observa cómo la felicitan. Si no te lanzas hermano, creo que más de uno se te va a adelantar —Y se alejó, dejando a Mason con la boca ligeramente abierta y los ojos fijos en Brenda.
Brenda, consciente de la mirada intensa de Mason, trató de ignorarlo y sonreír ante los aplausos, pero no pudo evitar sentir un cosquilleo incómodo.
El juego estaba apenas comenzando: premios, reconocimientos y la inevitable cercanía de dos personas que no podían dejar de sentirse atraídas, mientras Lucas, con su papel de observador travieso, se encargaba de recordárselo a cada paso.