“latidos tras la tormenta”: Los Hermanos Miller #2

Capítulo 11 Un instante robado

La ceremonia había terminado. Los invitados empezaban a retirarse entre risas y saludos, mientras las luces del hotel se suavizaban y el murmullo del vestíbulo se convertía en un zumbido distante. Brenda se escabulló del grupo del laboratorio, deseando un momento de silencio, un instante para respirar y asimilar la emoción de haber recibido el premio.

No había esperado encontrarse con Mason en ningún momento de la noche, pero allí estaba, apoyado contra una columna, con la chaqueta perfectamente ajustada, los ojos azules fijos en la multitud… y luego en ella.

Brenda se detuvo por un segundo, y Mason lo hizo también. Fue un choque silencioso, casi eléctrico, que los dejó solos en medio del bullicio de fondo.

—No esperaba verte aquí… sola —dijo Mason, la voz baja, casi un susurro que apenas llegaba más allá de sus labios.

—Tampoco yo esperaba verte… —respondió Brenda, con el corazón latiendo más rápido de lo que le parecía racional.

El silencio se extendió entre ellos, denso y cargado de lo no dicho. Mason dio un paso hacia ella, y ella no retrocedió. Cada movimiento era deliberado, cada respiración compartida un recordatorio de la tensión que los había acompañado desde el castillo.

—Felicidades, Brenda —dijo él, finalmente—. Realmente lo mereces.

—Gracias —murmuró ella, y por un momento sus ojos se encontraron, brillando con emociones contenidas—. Ha sido… increíble.

Mason se inclinó un poco más, el aire caliente de su respiración rozando el de ella. Sus manos temblaban apenas, conteniendo un impulso que ambos conocían demasiado bien.

—No puedo creer que alguien tan… brillante, esté tan cerca de mí —susurró Mason, un hilo de voz cargado de sinceridad y deseo—.

Brenda tragó saliva, sintiendo cómo la distancia entre ellos se hacía insuficiente. El mundo parecía haberse reducido a ese instante robado.

Y entonces sus labios estuvieron a centímetros. Solo un segundo más… y el pasado, los secretos, los castillos, las dudas, todo habría quedado atrás.

Pero justo en ese momento, el sonido de un tacón golpeando el suelo interrumpió el momento. Ambos giraron la cabeza y vieron a Lucas pasar cerca, con una sonrisa que decía “los pillé”, aunque fingiera mirar otra cosa.

—Maldita sea —murmuró Mason, con un suspiro que mezclaba frustración y diversión contenida.

Brenda soltó una risa baja, nerviosa y excitada al mismo tiempo, y retrocedió un paso, recuperando la compostura.

—Parece que nunca podemos estar a solas —dijo, intentando sonar firme, pero con el corazón todavía acelerado.

—Nunca —repitió Mason, dejándola ir con los ojos fijos en ella, conscientes de lo cerca que habían estado—. Pero esta vez… —su voz bajó—. Esta vez no lo olvidaré.

Brenda asintió ligeramente, con una mezcla de desafío y emoción. Sabía que aquella noche había marcado un antes y un después, y que aunque el mundo siguiera girando, algo entre ellos había cambiado para siempre.

El hotel seguía lleno de ruido a su alrededor, pero para Mason y Brenda, el tiempo se había detenido por un instante, dejando solo la promesa silenciosa de lo que estaba por venir.




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